| HABLA
CAPO DEL CARTEL DE TIJUANA DESDE EL PENAL CASTRO CASTRO |
EXCLUSIVO
• Miguel Ángel Morales “Malamud” afirma que no ordenó
asesinar al vocal Hernán Saturno Vergara • Asegura que por el
contrario lo ha perjudicado • Sin embargo, fiscal Pablo Livia y División
Antinarcóticos lo sindican como cabecilla de la organización
criminal. En lo que representó una victoria para el narcotráfico, hace un año un juez penal le concedió el beneficio del arresto domiciliario a Morales, señalado por la policía antidrogas como uno de los cabecillas del cartel de Tijuana en el Perú. Hubo tanto escándalo y presión que después de un mes un tribunal devolvió al mexicano al penal de Canto Grande. Morales tenía suficientes razones para estar molesto con la justicia peruana. De los 23 presos por su relación con el cargamento de una tonelada con 700 kilos que detectó la policía en 2002, el mexicano Morales era el único que había saboreado por unos días la libertad, a pesar de afrontar un pedido de 35 años de prisión. ¿Quién otro más sino Morales deseaba venganza? “Yo no mandé matar al vocal Hernán Saturno”, dijo Miguel Ángel Morales. La República lo entrevistó ayer en el patio del Pabellón 1-A del penal de Canto Grande: “Su muerte no me beneficiaba en absoluto. Por el contrario, me ha perjudicado. Ya se había esclarecido mi situación en el proceso y me sentía optimista porque estaba por demostrar mi inocencia. Y lo digo porque hay procesados que han confirmado mi versión. Yo soy un simple mecánico”. Morales
sostiene que quien lo reclutó para venir al Perú fue el
colombiano Libardo Montealegre, a quien conoció en la frontera
de México con Guatemala. Morales compraba vehículos de
segunda mano, los arreglaba y los revendía. Uno de sus frecuentes
clientes era Montealegre, quien se llevaba los automóviles a
Guatemala, donde residía. En abril de 2002, Montealegre sabía
que Morales también arreglaba embarcaciones. En abril del 2002
Montealegre le propuso componer una “lancha deportiva” que un amigo
tenía en Perú. Morales aceptó. Una vez en Lima,
se desplazó hasta Trujillo para encontrarse con Libardo Montealegre.
De allí se trasladaron a Chimbote, donde supuestamente estaba
la embarcación. El día que llegaron al puerto, el 7 de
junio de 2002, la policía antidrogas los capturó a los
pocos minutos de bajar del bus. Los agentes antinarcóticos ofrecieron una historia muy diferente. Señalaron que Miguel Ángel Morales no es un personaje cualquiera que cayó de casualidad en una redada policial. “Es un hombre de extrema confianza del cartel de Tijuana que operaba entre México y Guatemala, con estrecha relación con los narcotraficantes colombianos encargados de acopiar y transportar el cargamento de cocaína. Los cabecillas no iban a poner en riesgo semejante envío de droga contratando a un desconocido mecánico”, dijeron a este diario fuentes de la Dirección Antidrogas (Dirandro). La acusación del fiscal Pablo Livia coincide con la policía. Precisa que “Miguel Ángel Morales Morales, en su calidad de cabecilla o dirigente de la organización delictiva internacional, es autor del delito contra la salud pública en la modalidad de tráfico ilícito de drogas en agravio del Estado”, según el documento del fiscal al que se tuvo acceso. “La prensa me presenta como un monstruo. Ya me ha acusado y me ha sentenciado. Me ha puesto como el ‘capo’ del cartel de Tijuana cuando en todo el proceso no se ha señalado que yo sea parte de esa organización”, explicó Miguel Ángel Morales: “Si yo fuera un monstruo como me pintan, ya hubiera tomado represalias contra los jueces que ilegalmente ordenaron que regresara a Canto Grande eliminando el arresto domiciliario que se me había concedido. No hay nada, ni una prueba que me vincule con el cartel de Tijuana. Historias desencajadas Durante la manifestación fiscal se registró un incidente entre el mexicano Miguel Ángel Morales y Libardo Montealegre. El mexicano aseguró que conoció al colombiano en la frontera entre México y Guatemala, pero Montealegre lo desmintió: aseguró que se encontraron por primera vez en Trujillo, Perú. Y no antes. “(Morales)
desconoce por qué Libardo Montealegre sostiene haberlo conocido
recién en Perú, ya que ambos se conocieron de forma casual
en la ciudad de Hidalgo, frontera de México con Guatemala, en
un local de compra y venta de vehículos usados”, señala
el fiscal Livia en su acusación. “Me dijeron que tenía que esperar que llegaran de México los repuestos para reparar el motor de la embarcación”, dijo Morales a La República, con lo que confirmaría que la nave que esperaban los traficantes era de bandera mexicana. Es más, la tripulación, compuesta de marinos de nacionalidad mexicana, vino a Perú y se afincó en Chimbote, pero ninguno llegó a ser capturado. Para la fiscalía y la policía antidrogas, la droga definitivamente iba a ser embarcada a México. El verdadero capo Son diez los que han sido considerado “cabecillas” por el fiscal Pablo Livia Robles, entre otros el mexicano Miguel Ángel Morales. pero éste y otros acusados afirman que el verdadero jefe de la organización es otro mexicano, Miguel Ángel Medina. El fiscal Livia lo denunció, pero no es habido. Se encuentra en calidad de prófugo. ¿De dónde saca Morales que su compatriota es el líder de la banda y no él ni sus compañeros de prisión? “Yo he sido confundido con otro compatriota, Miguel Ángel Medina. Medina y el colombiano Libardo Montealegre eran los que organizaban todo. Y lo digo porque la policía me acusó de haber ingresado al Perú por primera vez en febrero de 2002, pero yo demostré que llegué en mayo. Ese ingreso de febrero más bien le corresponde a Medina, de acuerdo con los registros migratorios. La policía creía que yo era Medina”, dijo Morales. ¿Y cómo sabe que Medina es el cabecilla?, le preguntamos. “Lo han dicho otros procesados durante las audiencias. Yo no lo conocí. Quien lo conocía era Libardo Montealegre”, afirmó el mexicano Morales. La policía antidrogas y la fiscalía han establecido que el colombiano Libardo Montealegre se encargaba de supervisar la producción de la cocaína en el valle del Apurímac, así como del transporte de la droga hasta Chimbote y su posterior embarque hacia México. A Libardo Montealegre precisamente lo capturaron cuando llegó a Chimbote para verificar el cargamento ilícito. Y junto a él estaba Miguel Ángel Morales, quien dice que no sabía que Montealegre estaba metido en el narcotráfico. Brazo derecho Hay un testigo clave que revela que Libardo Montealegre viajó de Trujillo a Chimbote exclusivamente para constatar que la tonelada y 700 kilos de cocaína estaba lista para ser enviada a México. Es el colombiano Marco Cano Gonzales, el “cajero” de la organización. Trabajaba para Libardo Montealegre, quien le indicaba cómo distribuir el dinero. Miguel Ángel Morales acompañaba a Montealegre. “Yo fui a Chimbote a arreglar la lancha porque yo soy mecánico”, explicó: “Yo no sabía nada de la droga. Nunca vi la cocaína. Y el día que me capturaron, iba a arreglar la lancha”, respondió Morales. Pero la embarcación no estaba en Chimbote. Se encontraba anclada mar adentro a la altura de Guadalupito, una caleta entre Trujillo y Chimbote. La policía no pudo capturar el navío. Para la policía antidrogas la situación es clara: “Miguel Ángel Morales junto a Libardo Montealegre (...) llegaron a Chimbote con la finalidad de recibir la droga y luego proceder a su exportación”, de acuerdo con lo que consigna el fiscal Pablo Livia en su acusación. “No hay pruebas”, insistió: “Se han ensañado conmigo”. Evidencias contundentes El Ministerio Público, sin embargo, considera que las evidencias son contundentes. Y para los agentes antidrogas, “Malamud” debería acogerse a la confesión sincera. “Si aporta información, los jueces lo van a saber valorar”, dijeron. El
abogado del mexicano, Enrique Morales, le ha recomendado presentar otro
hábeas corpus para conseguir la detención domiciliaria.
Pero no lo va a hacer. “La última vez que lo conseguí,
me regresaron a rastras a Canto Grande”, dijo. Según la justicia,
de esa prisión sólo debe salir después de cumplir
35 años de pena. Es decir, en el 2037. Para entonces, tendrá
70 años de edad. Como lo han demostrado las investigaciones de la Dirandro, “Los Norteños” eran proveedores de cocaína de los carteles mexicanos, entre ellos el de Tijuana. De hecho, Jorge López Paredes, desde 1995, cuando se descubrió en Piura el cargamento de droga que les pertenecía, se escondió en México y finalmente lo capturaron en la Ciudad de México, en el año 2000. “Malamud” reconoció que es novio de Paula López Fasabi, hija del narcotraficante Tito López Paredes, y sabía quién era este capo en la historia policial del Perú. “Cuando llegué a Canto Grande conocí al señor Tito que tenía un kiosco en el pabellón donde me encuentro y me hice amigo de él”, relató Morales. “Sus hijas los visitaban todos los sábados y departían con él. Es así que conozco a Paula y nos enamoramos. De allí surgió la relación”. Las suspicacias de la relación amorosa entre el mexicano a quien se atribuye ser uno de los jefes del cartel de Tijuana en Perú y la hija de uno de los cabecillas de “Los Norteños”, llegaron hasta la Primera Sala Penal de Reos en Cárcel. “El tribunal me preguntó sobre mi relación y les aclaré que comenzó en el penal de Canto Grande y no antes”, refirió: “Yo soy un ser humano como cualquiera y me puedo enamorar, con mayor razón en lugar donde no conozco a nadie”. ¿Y cómo Paula López Fasabi se enamoró de un recluso? “Hay que notar que ella en la calle también es mal vista por ser la hija de alguien acusado de narcotráfico, y seguramente no tuvo la oportunidad de encontrar un hombre a quien no le molestara eso. Obviamente, yo comprendía esa situación Hasta hoy seguimos con la relación”, dijo el yerno del narcotraficante Tito López Paredes.
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30/07/06
FUENTE: LA REPUBLICA PG: POLICIAL |