UN SISTEMA CARCELARIO AGOTADO

La situación de nuestro sistema carcelario no da para más. Tenemos 34.000 presos hacinados y un 90% de los penales del país está en mal estado.
Por si fuera poco, corrupción e ineficiencia imperan por igual en el sistema y, así, al tiempo que el Instituto Nacional Penitenciario gasta millones en equipos de registro que no sabe utilizar, los sobornos de los presos pueden conseguir desde el ingreso de alimentos prohibidos, hasta la vista gorda de la autoridad frente a los delitos que se siguen cometiendo desde la prisión.
Es inútil seguir buscando salidas cosméticas a esta situación. El sistema nacional penitenciario necesita cuidados intensivos, urgentes y eficaces. La necesidad de una nueva política carcelaria implica volver a foja cero y reconstruir todo desde ahí. Lo demás -- como seguir aumentando el número de trabajadores del INPE o rotar la custodia de las cárceles para que sea asumida por el personal del instituto penitenciario o la PNP--, es simplemente postergar la solución de una crisis que amenaza con desbordarse.
Por ello nuevamente debemos insistir en la urgencia de ir a un cambio estructural y pensar seriamente en que empresas privadas administren el sistema penitenciario. A diferencia de las entidades públicas, como el INPE, donde las sanciones y los delitos de las cabezas no se castigan, el sector privado sí dispone de mecanismos de sanción efectiva. Es más, si no ofrece un buen servicio, los contratos pueden ser rescindidos y convocar a una nueva licitación pública supervisada bajo parámetros internacionales.
Lo que no podemos permitir es que los penales sean antros del delito y un peligro para los de adentro y los de afuera. Tampoco entidades corruptas sumidas en el escándalo y, obviamente, incapaces de hacer de las cárceles centros de readaptación y reinserción social.

10/07/06 FUENTE: EL COMERCIO PG: EDITORIAL