NO PEGARÁS

Agobiados por las secuelas propias y ajenas que soportan quienes reaccionan con agresividad en el hogar, un grupo de hombres se animó a intentar ser diferente gracias al programa ‘Hombres que dominan su violencia’ de la universidad Cayetano Heredia. Aquí sus experiencias.

Por Marco Sánchez.
Hace dos años, un grupo de hombres empezó a reunirse para escuchar y entender por qué la violencia era su marca de origen. Ahora forman una logia que cada día busca dominar ese afán por maltratar a la esposa, la novia o a cualquier hijo de vecino que osara contradecirlos.
Pero ojo, los ‘Hombres que dominan su violencia’ no reciben charlas ni explicaciones sesudas de un psicólogo. Solo escuchan y buscan en su memoria: historias de niños criados en medio de violencia verbal o física, machismo y frases cavernarias. Historias de ellos mismos.
"Yo aprendí que golpear era la única forma de corregir. Y mi padre siempre me decía ¡No llores, porque solo lloran las niñas!". Después de mucho escuchar, Marco Sullón Sandoval llegó a una grave conclusión: su violencia había derruido su matrimonio. En 39 años, 18 de ellos casado, nunca se le ocurrió que él era el problema.
"Vengo de un hogar violento, donde me enseñaron que, por ser varón, siempre tenía la razón –recuerda–. Y si alguien me hacía algo, tenía que responder con golpe. Le pegaba duro a mi esposa por celos tontos, por sus reclamos justos. Tenía ideas equivocadas de hacer justicia".

Desde que era niña, su hija aprendió la metodología del miedo para hacer las tareas escolares: Marco ponía una regla en la mesa, y si la pequeña no respondía, el reglazo en la mesa la obligaba a aprender al susto. En el trabajo era igual. Como jefe de personal, maltrataba verbalmente a sus subordinados, y sus actitudes machistas eran cosa común dentro y fuera de la oficina.
Hasta que su matrimonio se quebró. Una separación de un año y una hija adolescente que ya no reconocía su autoridad lo empujaron a buscar ayuda. Y se enteró de que una vez por semana, un grupo de hombres se reunía para decir basta.
Romper la soga
Para empezar, los hombres que dominan su violencia son una especie de club de Tobi: aquí no entran mujeres. Orlando Pardo, uno de sus iniciadores y ahora facilitador, explica el motivo: ninguno se atrevería a hablar en presencia femenina.
Como sea, a las 7 pm, en Jesús María, siete hombres están con el sociólogo y monitor Miguel Ramos. Primero, un ejercicio. Uno de ellos sale del salón y los demás entrelazan las manos formando un nudo. El violento entra y debe desatarlo. La mayoría apela a la fuerza y solo se logra tensión y jaloneos. "Cuando uno violenta, los demás también lo hacen", explica Ramos.
La sesión continúa con otro ejercicio. Un hombre violento debe aprender a conocer su cuerpo y a identificar las señales previas a sus momentos de violencia.
Entonces, los hombres se ponen frente a frente. Y uno simula ser la pareja que reprocha con frases como "Nunca tienes tiempo para mí", "No me entiendes", "Eres idiota y nunca vas a cambiar", "Por qué no me haces caso", "¿De nuevo tarde?" y otras.
Después de escuchar repetidas veces estas frases, el violento explica qué sintió. Angel Mío Barreta, policía de 42 años, confiesa que tuvo sentimientos culpables, cólera, ganas de explotar y gritar. También acidez en la garganta y sudor. A su compañero Juan Manuel se le aceleró la respiración, tuvo rabia y nerviosismo.
"Los hombres no nos observamos. Pero si lo hacemos, podemos identificar nuestras señales mentales y corporales previas a la violencia y aprender a controlarla", explica el sociólogo. Estos ejercicios son progresivos, pero quizá lo más importante es aprender a escuchar.
"Yo noté el cambio con los niños –asegura Orlando, de 38 años–. Cuando caminaba por mi barrio, mi sobrino les advertía a sus amigos: "Mi tío es un renegón, no te acerques". Eso cambió. Como hombre, no puedes perder una discusión, o dejar que tu esposa te contradiga, pero esas son verdades a medias. Lo mejor es conciliar y escuchar, antes de ceder a la bronca".
Pero quizás el momento más fuerte de estas reuniones sea el de la revelación. Se cierran los ojos para pensar en el hecho de violencia que más lo marcó en la semana y cómo terminó. Luego se revela el hecho ante los demás y se hace un compromiso: cada vez que me violenten, me controlaré. Los hermanos responden: yo te apoyo.
Heridas terribles
El programa auspiciado por la Universidad Cayetano Heredia el 2004 para combatir la violencia conyugal tiene ya cien egresados. Su coordinador, Miguel Ramos, explica que el objetivo no solo es para la violencia cotidiana, sino llegar a la igualdad de géneros.

Los hombres golpean a sus parejas "para aplicar autoridad", explica. Pero también hay quienes aplican "violencia preventiva", es decir, para asegurarse que se les va a temer.
Pero si la violencia física es terrible, lo es también la emocional. Aquellos hombres que acosan a sus parejas y las llaman, por ejemplo, a cada rato al celular y les cortan las relaciones sociales. Según Ramos, los más peligrosos son los violentos asolapados.
"El 80% de violentos fuera de sus hogares son tranquilos, buena gente, caballeros. Solo aplican violencia en su casa, con quienes pueden someter", explica.
Era el caso de Juan Manuel, Ángel, Orlando, Marco y otros. "Mi esposa ya no quería tener más hijos conmigo. Estaba harta". Ahora tiene un niño de tres años, al que acaricia y consuela cuando llora. A él su papá lo agarraba a cachetadas.
Ejercicios para violentos
Si usted se sabe violento, practique lo siguiente para aprender a controlarse:
• Ejercicio de riesgo fatal: Escribir en un papel las frases más molestosas que nos dice la pareja. Ella debe leerlas, mientras uno se pone la mano al pecho y repite: Ese soy yo, respeto lo que dices y haces.
• Técnica del retiro: En una discusión o momento tenso, el violento debe retirarse de la discusión, no para evadir sino para tranquilizarse. Ello de acuerdo con la pareja, sin desairarla.
• El dibujo: Pensar en un hecho violento de la semana, y dibujar en un papel cómo me siento. Luego voltear la hoja y dibujar algo positivo. Eso ayudará a darle la vuelta a una situación conflictiva.

18/06/06 FUENTE: LA REPUBLICA – DOMINGO