FALTA COORDINACIÓN Y VOLUNTAD POLÍTICA PARA ENFRENTAR INSEGURIDAD CIUDADANA

Policía no sabe quiénes y cuántos son los delincuentes que salen de prisión. Reforma en Poder Judicial, INPE y PNP son urgentes para encarar secuestros

En una investigación policial el poder también lo ostenta quien maneja más información. La advertencia de un nuevo secuestro, las andanzas de un delincuente liberado a pesar de su amplio prontuario criminal, el testimonio de un confidente, una anónima comunicación que desliza algún indicio y el acceso a documentación privilegiada --cuentas bancarias, propiedades inmobiliarias, registro de llamadas telefónicas-- pueden ir delatando las pistas para armar el rompecabezas.
En un secuestro, por ejemplo, mientras más piezas haya, con mayor rapidez y eficiencia se resolverá el caso: liberar a la víctima, evitar el pago del rescate y capturar a sus raptores. Pero el hallazgo de estas piezas --en un secuestro o para enfrentar cualquier otro problema de inseguridad ciudadana-- no es gratis. Se requiere apoyo logístico, un trabajo de coordinación interinstitucional y varias dosis de voluntad política para encarar con decisión el tema. El problema es que nuestra policía no cuenta con recursos ni apoyo logístico, la coordinación interinstitucional (Poder Judicial, Ministerio de Justicia y Ministerio del Interior) es difusa y la voluntad se ahoga en un mar de corrupción y desidia. En estas condiciones, la balanza se inclina, obviamente, al lado de la criminalidad.
El fin de semana un nuevo secuestro sorprendió a la ciudad. Esta vez fue el empresario Wilfredo Padilla. Era la víctima número 16. Sus raptores burlaron el "intenso labor de patrullaje" del que habló el ministro del Interior, Rómulo Pizarro, días antes, como una de las soluciones para detener el número de secuestros. La respuesta del Gobierno a la creciente inseguridad, expuesta ahora por el incremento de los secuestros típicos, los secuestros al paso y el uso de armas en los asaltos, contemplaba, además, "el fortalecimiento de las labores de inteligencia", cuando estas funciones son innatas a toda institución policial. ¿Qué medidas, entonces, son las que necesitan para enfrentar esta ola de inseguridad?
El equipo de seguridad ciudadana del Instituto de Defensa Legal insiste desde hace tiempo en una fórmula básica: trabajo intensivo entre todos los sectores involucrados con la seguridad. "Si quieres obtener resultados inmediatos, se necesita combinar una táctica y estrategia que rompan con la monotonía", dice Gabriel Prado, representante de este equipo. El patrullaje es importante, pero lo es aun más la prevención a través de las labores de inteligencia y seguimiento. Ahí podría estar el 'quid' del asunto. Desde hace un tiempo la policía desconoce el listado de los delincuentes más avezados que salen de prisión por cumplimiento de pena, beneficios carcelarios o exceso de carcelería. "El Instituto Nacional Penitenciario (INPE) debería informar a la policía --o esta solicitárselo-- los nombres de estos liberados", insiste Prado.
"Los secuestradores ingresan al penal y luego, cuando salen... ¿a qué se van a dedicar?... siguen secuestrando gente, es lo único que saben hacer", comenta un policía de la División de Secuestros de la Dirincri. A pesar de que reconocen que los autores de estos raptos siempre son los mismos, en algunas ocasiones, les pierden las pistas producto de la descoordinación con el INPE. "Se han dado casos en los que capturamos a un delincuente que nosotros lo dábamos por preso. Nadie sabía que había sido liberado".
Un alto oficial en retiro que estuvo vinculando a la lucha antisecuestros cree que sin esta información básica es poco probable frenar la delincuencia organizada. "Si a ello sumamos un personal desmoralizado por las condiciones de trabajo (usan sus propios autos para los trabajos de inteligencia) y jefes no comprometidos con su personal, la lucha será en vano", dijo. El mismo oficial recordó cómo el secuestro de Mariano Querol, en 1996, fue resuelto en 17 días. La familia no pagó el rescate. El psiquiatra salió ileso. Se detuvo a todos los delincuentes. En ese caso, los gastos logísticos corrieron por parte de la familia de la víctima.
Fueron ellos quienes proporcionaron los autos particulares con los que se hizo el seguimiento, el combustible y una alimentación adecuada para el personal. "Compraban pollo a la brasa para todos, el personal trabajaba las 24 horas", recuerda uno. ¿Qué pasa cuando la víctima carece de recursos? Ahora, fuentes de la Divise han comentado que hay malestar en el personal subalterno. No solo por la falta de recursos, sino por la forma en la que se viene distribuyendo los pocos recursos que llegan.
En esta batería de recomendaciones esbozadas por especialistas y ex policías, el Poder Judicial tiene una responsabilidad capital. "Se suele pedir endurecimiento de penas, pero las sanciones establecidas en el código penal son duras, solo que los jueces no siempre imponen las penas máximas", dice Gabriel Prado, tras precisar la necesidad de contar con jueces probos que valoren los antecedentes del detenido. "Para ellos no debería haber ningún tipo de beneficio carcelario".
Por eso, coinciden en la respuesta a la inseguridad tiene un carácter integral. De poco servirá que la policía capture a un secuestrado, que el Ministerio Público lo denuncie, que el Poder Judicial lo mande a la cárcel y cuando este llegue, soborne a un funcionario para acceder a un teléfono celular, a través del cual continúe organizando los secuestros. Se ha dicho hasta el hartazgo la necesidad de una reforma en las instituciones vinculadas al tema, pero hasta ahora los avances son imperceptibles. Sin un verdadero interés político por estas reformas, las páginas de los diarios continuarán hablando de secuestros 'al paso', raptos y asesinatos.

 

 

07/05/06 FUENTE: EL COMERCIO PG: LIMA