| UNA
VISITA AL PENAL DE MÁXIMA SEGURIDAD • Número de enfermos
crece cada día debido al hacinamiento y los malos hábitos
de reclusos.
• Doce tienen TBC y VIH y luchan por su vida.
• Y en un intento por frenar esta plaga, autoridades abrirán
clínica en este penal.
Luis Velásquez C.
La mascarilla verde que cubre la nariz y la boca de Juan Pedro Vargas
tiene un doble fin: evita la transmisión de los bacilos que lo
están consumiendo y protege el amor propio que todavía
le queda. Al menos eso es lo que Juan quiere creer. Se pone de pie como
para demostrar que aún tiene fuerzas, pero éstas lo traicionan
a los pocos pasos. Tiene que sentarse.
No quiere que veamos su escualidez ni sus cicatrices de modo que cierra
su descolorida camisa a cuadros. Lo que sí no esconde es su desesperación.
Ha pedido ser indultado varias veces señalando que, en su caso,
sería un acto de caridad, pero le han negado esta gracia. “Yo
contraje mis enfermedades aquí. Antes de caer era una persona
de buena salud”, dice, insistente, como queriendo convencernos de que
la cárcel ha sido su perdición.
La tuberculosis le gana la batalla, aunque él ofrece resistencia.
Más dura es su pelea contra el VIH que no le da tregua. “Son
como hermanas. Atacan juntas”, dice.
Juan Pedro o César Augusto, como también es conocido por
este asunto de la doble o triple identidad que se les atribuye a las
personas requisitoriadas que caen con documentos falsos, es parte de
la comunidad de internos del penal Lurigancho que vive con la tuberculosis
(TBC).
En una barraca
Fue encarcelado hace 35 meses, acusado de robo agravado. “Me han dado
siete años y no creo que pueda soportar. Hay veces en que no
puedo ni quiero levantarme (….) Escupo sangre, pierdo el conocimiento
y cada día estoy más flaco”, dice este hombre de 46 años.
Pasa los días en una barraca de 20 metros cuadrados que está
ubicada en un antiguo jardín, entre la posta médica del
penal y el pabellón 11. Y duerme en un camarote mullido y oxidado,
con cerca de otros 23 internos tan enfermos y tan solitarios como él.
Como Julio Ballón Rojas, de 38 años, quien también
tiene tuberculosis, aunque en su caso la situación no es tan
grave. “Yo he seguido al pie de la letra el tratamiento y ya no tengo
las crisis de tos que antes me atacaba. Tampoco he vuelto a escupir
sangre”.
Julio no ve las horas de mudarse junto a Juan Pedro y los otros a la
nueva clínica que se está construyendo en el antiguo pabellón
7 para seguir su tratamiento.
Pero ni Juan Pedro ni Julio hubieran podido ingresar oportunamente al
programa de control de TBC que lleva a cabo el INPE si no fuera por
el trabajo de un grupo de internos que un día decidió
dedicar sus días de encierro a servir a los demás.
Promotores de salud
Se trata de 35 hombres de distintos pabellones y presos por distintos
delitos, que aceptaron el reto de convertirse en promotores de salud.
Vicente Ruiz Sánchez (51) es uno de ellos. En su caso no fue
difícil ingresar al grupo de promotores porque dice tener vocación.
“Tenía una razón: contraje la TBC después de ingresar
y por eso comprendo lo duro que es este mal”.
El trabajo de los promotores de salud del penal Lurigancho consiste
en identificar a los internos que presenten los síntomas clásicos
de la TBC. “Luego viene lo difícil. Tenemos que buscar a los
delegados de los pabellones y convencerlos de que nos dejen ingresar
a hablar con los internos. Después tenemos que convencerlos a
ellos de tratarse”, explica Vicente.
Sabe de lo que habla. El año pasado murieron tres de sus amigos
que no siguieron el tratamiento. Y aun así su trabajo tiene muchas
trabas. Las ponen los propios internos que por vergüenza o desinterés
ocultan su mal. “Nadie sabe realmente cuántas personas tienen
tuberculosis o VIH en el penal”, anota con pesar.
Clínica para enfermos de TBC y VIH-sida
Tan pronto pasen las elecciones generales, el INPE inaugurará
dentro del penal más poblado de la región y del país,
Lurigancho, una clínica general y un centro de aislamiento de
pacientes con tuberculosis, VIH-sida y paciente con TBC-VIH. Este recinto
se halla prácticamente listo y fue construido a un costo de un
millón 820 mil soles. Tiene 1470 metros cuadrados y fue levantado
sobre lo que fue el pabellón 7 (antiguo pabellón para
tuberculosos).
El propósito que persigue este centro que albergará a
143 pacientes hospitalizados en dos niveles especialmente acondicionados
con camas y equipos modernos es disminuir los casos de TBC entre la
población del penal, detectar a los pacientes con TBC y VIH-sida
y tratarlos oportunamente con antirretrovirales con el apoyo del Ministerio
de Salud. En el primer nivel habrá habitaciones para 6 internos,
y en el segundo los ambientes serán unipersonales (para internos
con VIH-sida).
Cifras
8529 internos tiene el penal Lurigancho. De ellos 7,220 se hallan sin
sentencia.
117 internos de Lurigancho tienen VIH-sida. Y doce tienen TBC y VIH-sida.
160 internos tienen TBC, de los cuales al menos 23 son multidrogorresistentes
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