ESPACIOS PÚBLICOS AHORCADOS

Las ciudades han cambiado. Los espacios públicos a los que la población tiene acceso para reunirse o para el esparcimiento se han ido reduciendo, invadidos, descuidados o privatizados

Un buen día el hombre se hizo sedentario. Abandonó los caminos perdidos y construyó su casa. Otros hombres lo acompañaron. De pronto, fueron muchos. Tantos. Las casas se levantaron una al lado de otra, hasta que, tal vez asfixiados, decidieron distribuir mejor los espacios libres que iban quedando. Aparecieron, entonces, las plazas, luego los parques, después las alamedas. Los sociólogos aseguran que en estos espacios públicos se intensificó el proceso de socialización: la vecindad reunida en el parque. Decía con razón el escritor Guillermo Cabrera Infante que el hombre no inventó la ciudad, sino que fue esta la que creó al hombre y sus costumbres.
"Los espacios públicos son importantes, porque permiten la socialización, la integración y la inclusión de los ciudadanos", dice el sociólogo Max Meneses. En los parques y plazas la gente se reúne, conversa, discute, chismea o simplemente se entretiene. Es el punto de encuentro de las poblaciones. El lugar común, donde se ejerce la ciudadanía, diría el filósofo alemán Jürgen Habermas. Todas las ciudades modernas fueron diseñadas con estos conceptos hasta que algo cambió: la población se multiplicó y el déficit de viviendas se incrementó.
LIMA, LA CIUDAD
Los espacios públicos en las ciudades del Perú --más aun en Lima-- son y han sido la sede de manifestaciones políticas importantes, pero también de nuestras expresiones populares más arraigadas. Ahí están los pasacalles andinos, los cortamontes, los campeonatos deportivos barriales o las dominicales 'pichanguitas', las fiestas patronales con sus procesiones, los domingos de playa o las tardes de bicicleta en el parque. Algunas expresiones han cambiado, los usos de los espacios también.
Antes, por ejemplo, la Plaza Italia de Barrios Altos reunía todos los domingos a músicos y cantantes. Hoy, la inseguridad de los alrededores la ha condenado a ser un lugar de paso, de paso rápido, antes de que algún delincuente le quite algo, cualquier cosa.
A la inseguridad, se suma la falta de inversión en infraestructura por parte de los gobiernos locales, lo que ha terminado estrangulando los escasos espacios públicos de la capital. La ciudad crece y los edificios multifamiliares nos invaden, las viejas casonas se han subdividido tantas veces que el término tugurización queda corto. En los distritos de la periferia los parques mueren de sed. El centro respira contaminación y se atraganta de cemento. La demanda de terrenos libres se dispara.
ESPACIOS VENDIDOS
"La globalización ha generado la apropiación del espacio público a manos privadas", dice Max Meneses. El ejemplo más cruel lo representan las obras en las playas de Barranco. Las construcciones han dejado menos de cuatro metros de playa a los veraneantes. "La gente ya no viene a tomar sol, se va a otras playas", cuenta aburrido un salvavidas que desde que empezaron las obras no ha tenido mayor trabajo. Pensar que el Concejo de Barranco ha sentenciado a todas las playas de su distrito a cambiar toneladas de arena por toneladas de fierro y cemento privado.
Las ciudades actuales necesitan espacios para la producción económica y el esparcimiento. Pero, la cantidad de lugares libres no abastece esta demanda ni la del explosivo crecimiento demográfico y migratorio. Ley del mercado: poca oferta y mayor demanda, los precios suben. El espacio y el tiempo se convierte en dinero.
El poder adquisitivo de la gente marca el acceso a lugares de entretenimiento más sofisticados, desde centros de diversiones hasta parques zonales. Mientras tanto, los espacios públicos, los que son de uso común, los parques, las plazas y las alamedas se van reduciendo ante la ineficiencia de las autoridades municipales. "La ciudad se va diferenciando. Está el casco urbano, donde se concentran las obras del Estado, y la periferia, donde hay deficiencia de estas. Sin parques ni plazas, con solo algunas losas", explica Meneses. ¿Además de las playas, qué otros espacios públicos están dispuestos a subastar las autoridades?
ESPACIOS INSEGUROS
En los reducidos espacios públicos que quedan, la inseguridad ciudadana se ha encargado de ahuyentar a quienes podrían aprovecharlas. Ya nadie pasea por la alameda del Paseo Colón, son pocos los que se atreven a hacerlo en Los Descalzos, en el Rímac. El concejo distrital, presionado por los vecinos, decidió enrejar esta última. Se da la paradoja de haber parques y losas deportivas enrejados, restringidos a todos.
"El crecimiento desorganizado de la ciudad genera estos problemas", insiste Meneses. El arquitecto Juan Tokeshi, del Programa Urbano de Desco, sostiene que el Estado se ha preocupado por los proyectos de vivienda pero no por el de ciudad. "No se invierte en la recuperación de espacios públicos. Es importante la participación de los vecinos. Con ellos hemos podido recuperar áreas verdes en Villa El Salvador", dice. En la segunda etapa de la urbanización Pachacámac, los vecinos se han encargado de dar seguridad y mantenimiento a las áreas verdes. "Sin espacios públicos, la población no tiene cómo distraerse. Asistimos así a ver cómo las pandillas toman y se disputan las calles", sostiene Meneses.
El descuido hacia estos espacios públicos no solo ha deteriorado la condición de estos como punto de encuentro, sino que, además, los ha convertido en zonas vulnerables de invasiones de vivienda y de negocios informales. Ese es el caso del mercado Ceres, en Ate Vitarte, y Caquetá, en San Martín de Porres, donde los comerciantes han lotizado espacios destinados al uso público.
"Las autoridades municipales tienen una deficiente fiscalización. Creo que debería fomentarse políticas coherentes para la recuperación de estos terrenos de uso público", comenta el arquitecto Augusto Ortiz de Zevallos.
ESPACIO VIRTUAL
El espacio público no es solo físico. El avance de las nuevas tecnologías han convertido la Internet en el nuevo espacio público. "Por eso dicen que la ciudad pierde su función, porque la gente prescinde de esta. Ahora se puede quedar en su casa frente a su computadora, comprando, vendiendo, trabajando", aclara Meneses. "Comunicado con todo el mundo, pero solo", diría el escritor José Saramago.
Pero quien ha vaticinado de forma más apocalíptica esta situación citadina ha sido el sociólogo Manuel Castells. "Se reducen las relaciones físicas", ha dicho. Considera que asistimos a una transformación estructural de la sociedad, "porque la nuestra es ya una sociedad totalmente distinta a la industrial". Y añade: "el verdadero impacto de las telecomunicaciones es su capacidad de descentralizar dentro de una misma concentración urbana".
¿El ciberespacio en lugar de un espacio físico de uso público? Max Meneses cree que no: "Las plazas y los parques siempre serán lugares de encuentro para la población".
Las ciudades se están transformando como resultado de una serie de fenómenos sociales, culturales y tecnológicos. Los especialistas coinciden en que las autoridades deben apostar por la recuperación de los espacios de uso público, con el fin de garantizar la integración de la ciudadanía.
El origen de la ciudades
? La aparición de las ciudades (5.000 a.C, Mesopotamia asiática) está muy ligada al descubrimiento de la agricultura y la domesticación de los animales.
?Cuando el hombre aprendió a cultivar sus alimentos y a criar animales, ya no necesitó cambiar permanentemente de lugar. Pasó de ser nómade a ser sedentario.
?La ciudad de Uruk, en Sumeria ( año 3.200 a.C.), fue un importante centro urbano. Muchos estudiosos la consideran la primera ciudad.
Nelly Luna Amancio

26/03/06 FUENTE: EL COMERCIO PG: LIMA