UN GRUPO DE PROMOTORES DE LA SALUD DEL PENAL CHALACO TRATA DE LIBERAR A SUS COMPAÑEROS DE LA TEMIBLE TBC

La TBC es una condena adicional para algunos presos. Sin embargo, el voluntariado de promotores de salud y la nueva clínica del penal Sarita Colonia del Callao tratan de cambiar, poco a poco, esta pesadilla
“Mejor pónganse las mascarillas si no quieren terminar contagiados”, aconseja el encargado del programa de salud del penal Sarita Colonia del Callao, Hernán Chávarry, mientras esperamos en la nueva clínica de este centro reclusorio la llegada de un grupo de internos que mostraron síntomas de tuberculosis (TBC) en los últimos días. El cuaderno de médico indica que de los 25 pacientes registrados los tres que están por llegar son los únicos que faltan pasar por la prueba de esputo que permitirá conocer finalmente su actual estado de salud.

El personal del área de TBC se limita a dos personas: el médico Chávarry y una enfermera. Hace unos minutos, Richard y Dante, dos miembros del equipo de promotores de salud, se internaron en los pabellones del penal para buscar a los internos.
Con media cara cubierta con la mascarilla, el galeno comenta que por desidia muchos presos se resisten a ser examinados; sin embargo, refiere que “aunque se enrosquen en los barrotes de sus celdas” –como suele suceder– “igual deben ser trasladados”.
Dejar que un pequeño grupo no sea diagnosticado, ocasionaría que la tuberculosis se propague entre reclusos y desencadene una verdadera crisis. Él lo sabe y los internos también, pero quizá por ese afán de ir contra el sistema que tienen estos últimos se niegan a ser atendidos.

Hacinamiento
Los tres reos ingresan lentamente junto a los dos promotores de salud por la puerta de acero que separa la clínica de los cinco pabellones que dividen al penal Sarita Colonia.
La capacidad de este centro reclusorio chalaco es de 560 reos comunes. Sin embargo, la proliferación de la delincuencia en el primer puerto del país se refleja en que la cantidad se ha triplicado. Hoy muchas celdas son compartidas por cinco o seis reos. En otros ambientes se llega al extremo que hasta 12 presos se disputan unos pocos centímetros de comodidad. Esto sucede, por ejemplo, en el espacio que comparten los tres presos trasladados hasta la clínica: Segovia, Anaya y Castañeda. Ellos cumplen condena por robo agravado. “Siempre hay presos que se resisten a pasar la prueba de descarte, pero igual tenemos que traerlos. No los podemos dejar porque la enfermedad puede propagarse”, insiste el promotor de salud Richard Flores, mientras manipula las salivas de los internos.

Espíritu de ayuda
Richard Flores, Mario Benítez, Miguel Villegas y Dante Burga cumplen condenas por narcotráfico, robo agravado y secuestro. Pero tras los fríos muros del penal y la constatación de una realidad que golpea, se han unido en una causa humanitaria: combatir la TBC. Ellos, además de dos compañeros que trabajan en los pabellones tratando de captar entre los internos cualquier síntoma que desnude un nuevo caso, son los miembros del equipo de promotores de salud de Sarita Colonia y la única ayuda con la que el médico y la enfermera cuentan para tratar internamente a los reos enfermos.

Nunca antes estudiaron nada relacionado con el tema, mas “portarse bien” y tener buena relación con sus compañeros de pabellón hizo que obtengan estos cargos de confianza y sirvan de valioso nexo entre presos y autoridades sanitarias, desde que asoma el sol hasta que se guarda.
A diferencia de los talleres que se dictan en el penal, como costura o carpintería, que favorecen a los procesados por narcotráfico, permitiéndoles acceder al beneficio penitenciario de cinco meses de trabajo por uno de libertad, o el “dos por uno”, en caso de otras penas, la labor de promotor de salud es puramente altruista.
Un representante del Instituto Nacional Penitenciario (Inpe) explica que en los próximos meses esta función, creada como parte de un programa de mejoramiento asistencial de salud en penales de esta institución, los beneficiará tal como esperan.
Por eso, en todo momento y en coro, aclaran que su labor es “más que todo un acto humanitario”, tal vez el único gesto con el que pueden sentir que borran las malas acciones cometidas, por las que ahora se encuentran encerrados y lejos de sus familias.
Mario y Dante cuentan las horas para ver la calle. En algunos meses Richard Flores saldrá en libertad. No volverá a ingerir cápsulas con cocaína para sacarlas del país, asegura. Su meta es viajar a Buenos Aires, Argentina, a reencontrarse con su familia. Miguel Villegas, en cambio, debe esperar veinte años por haber secuestrado a una empresaria aduanera.

Talleres preventivos
Los tres reos que pasaron la prueba regresaron a sus celdas y el espacio de clínica asignado para los tratamientos recobra el silencio. Sólo se escucha el jadeo de Chávarry, sofocado por el calor y la mascarilla que retira con dificultad. “Es sorprendente la labor que realizan los promotores. Lo hacen sin recibir beneficio alguno, de puro corazón y con gente que apenas conoces”, dice finalmente. El trabajo que realizan no pasa desapercibido, y por ello, cada cierto tiempo, reciben capacitación en prevención de tuberculosis y VIH/sida. Hace casi 24 meses iniciaron esta labor junto a medio centenar de sus compañeros, pero la mayoría abandonó el voluntariado por distintos motivos, sobre todo por la falta de beneficios penitenciarios y espíritu de ayuda.
Esta preparación posibilita que los cuatro promotores dicten semanalmente charlas y proyecten videos a las decenas de reos nuevos que son trasladados cada noche hasta el penal Sarita Colonia, para explicarles la importancia de prevenir estas temibles enfermedades y, a la vez, reducir los casos concretos que existen dentro de esta prisión.

Sin dudarlo, el panorama es sombrío y extremadamente duro, empero, el instinto jovial que aflora hasta en las circunstancias más aciagas, deja espacio para las sonrisas y para anhelar un pequeño lujo. Es martes nos dicen el único día que dan presa y comprendemos el barullo que se arma previo al “rancho”. La carne siempre es motivo de lujurias, aunque ésta emerja del estómago.
Antonio Álvarez Ferrando.

24/03/06 FUENTE: EL PERUANO PG: SOCIEDAD