GLOBAL
DE LAS NACIONES Actores sin libreto de un drama al que muchos pretenden
darle la espalda, los niños trabajadores están por todos
lados. Mario tiene 10 años y hace esfuerzos sobrehumanos para
terminar de moldear los cien ladrillos con los que completa su jornada.
Marcos busca entre la basura cartón para reciclaje. María
lava, plancha y limpia a cambio de un techo bajo el cual dormir.
Son historias verdaderas, recopiladas en el video “Esas manitas nuestras”,
que muestran la cruda realidad que les toca vivir a millones de niños
en el país. Y es que al desbordar la pobreza los linderos de
un cuartito de esteras, ninguna política de Estado parece resultar
eficaz.
La cinta producida por la ONG Protección y Desarrollo y presentada
en un ventilado salón del hotel Country Club de San Isidro es
el punto de partida de la Cruzada por la Inversión Social en
la Niñez, como herramienta para combatir el trabajo infantil
y lograr el desarrollo económico.
Herencia
pesada
Las estadísticas revelan que en el Perú miles de niños
y niñas son absorbidos por el ciclo vicioso de la pobreza, extendida
de generación en generación igual que una herencia no
deseada.
Esto se traduce en una abrumadora cantidad de pequeños que cambian
el salón de clases por una esquina con semáforo en medio
de la ciudad. Allí, venderán golosinas o, simplemente,
ejercerán la mendicidad, con el consiguiente riesgo para su integridad
física y moral. De cada mil alumnos, 173 se retiran de las escuelas
antes del sexto grado de primaria, y 328 se ven obligados a abandonarlas
poco antes de culminar la secundaria.
No hay que escarbar gran cosa en los textos de sociología de
la pobreza para entender que cuando los ingresos del padre no alcanzan
a cubrir las necesidades del hogar, los hijos deben salir a buscarse
la vida. Junto a esto, conspiran para incrementar la deserción
escolar la debilidad del sistema educativo y la percepción social
positiva del trabajo infantil en ciertos sectores, entre otros factores.
Cruzada
para todos
Aunque el panorama luzca poco alentador, Protección y Desarrollo
organiza actividades para estimular la toma de conciencia sobre el problema
que representa el ingreso precoz de niños y niñas al trabajo,
y los peligros que esto implica para el progreso de la comunidad. En
la lista de convocados para participar en estas iniciativas, nunca faltan
autoridades de gobiernos locales, comunicadores sociales, líderes
con presencia regional y representantes de redes sociales especializadas
en educación, derechos humanos y progreso.
¿Cómo se apoya a esta cruzada? Simple: participando en
talleres de difusión de los fenómenos que atacan a la
infancia, invirtiendo en programas de marketing social y reestructurando
o reevaluando los ya existentes. A los planes de trabajo institucional
se pueden incorporar también líneas de acción específica
con infancia y educación, exigiendo políticas que sitúen
al niño como sujeto de derechos. En verdad, el trabajo dignifica
al hombre. Pero en el caso de los niños, por lo general constituye
pasto para la explotación y el maltrato. Mario, Marcos y María
–desde el silencio de los sueños truncos– podrían dar
fe de ello.
Juan Sánchez Ortega
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