Por
Adán Ríos
Todos los candidatos presidenciales son muy genéricos al mencionar
estos temas en sus planes de gobierno.
El narcotráfico, el terrorismo y la situación de los campesinos
que cultivan la hoja de coca son temas que no se pueden separar por
más que algunos analistas planteen la necesidad de establecer
una estrategia para cada uno. La muestra más palpable de esta
situación se produce en el valle del río Apurímac
(VRAE) y en el Alto Huallaga, zonas consideradas por la Policía
como las mayores productoras de hoja de coca del país y de donde
sale la mayor cantidad de PBC y de clorhidrato de cocaína.
En ambos lugares existe, en estos momentos, una alianza entre los remanentes
de Sendero Luminoso y los traficantes de drogas, encuentro que incluso
alcanzaría a algunos campesinos que, ya sea por necesidad o conveniencia,
se ven inmersos también en la producción de PBC con la
instalación de sus propios laboratorios o pozas de maceración.
En ese sentido, el año pasado, la Policía Antidrogas tuvo
que enfrentarse con algunos agricultores de El Monzón para destruir
algunos laboratorios.
BOMBA DE TIEMPO. Es decir, hambre y necesidad se han encontrado en la
selva peruana. Por un lado, los remanentes de Sendero, el liderado por
'Alipio', en el VRAE, y el de 'Artemio', en el Alto Huallaga -ambos
por separado-, buscan tener presencia a pesar de que toda su cúpula
está derrotada y presa en la cárcel. Incluso han llegado
a declararse defensores de la hoja de coca. Por el otro, los traficantes
de droga que necesitan la protección de los subversivos para
sacar su producción a los puertos. En el medio, los campesinos,
que encuentran en la hoja de coca el cultivo con mayor rentabilidad
en comparación con otros productos y que están dispuestos
a defenderlo usando el argumento de que es ancestral y sagrado, sin
importarles la deforestación que esa actividad provoca.
En suma, un hervidero de intereses que, lamentablemente, según
los analistas consultados, no encuentra una solución clara en
ningún plane de gobierno de los aspirantes a la Presidencia de
la República.
Peor aun, uno de los candidatos se comprometió a suspender la
erradicación y sembró una planta de hoja de coca en medio
del VRAE, es decir, la zona de mayor interés para el narcotráfico.
Se calcula que son 110 mil toneladas de hoja de coca las que produce
el Perú, siendo aproximadamente el 10% destinado al uso tradicional
o terapéutico. Es decir, existe una gran cantidad de hojas que
se va al narcotráfico y, por lo tanto, su control es necesario;
de lo contrario, como señalan algunos analistas, nos convertiremos
en un narcoestado.
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