PRÓXIMO GOBIERNO DEBERÁ AFRONTAR CRISIS EN PENALES

POR ZADIA ZAMUDIO
Hacinamiento, insalubridad, desnutrición y corrupción predominan en las cárceles.
Pocos candidatos presidenciales tienen propuestas para solucionar este problema.
El sistema penitenciario en el país estuvo, está y probablemente seguirá en crisis. Como ejemplo solo basta mencionar las circunstancias en que funciona el penal de Lurigancho. Con una población de más de ocho mil internos, una infraestructura colapsada y varios cientos de enfermos de TBC y sida, es, sin duda alguna, la mejor muestra de la magnitud del problema penitenciario.
Pese a la necesidad urgente de aplicar cambios drásticos en este tema, pocos son los candidatos presidenciales que han planteado propuestas importantes para controlar la difícil situación en la que se encuentran los penales, la cual podría empezar a resolverse, según Wilfredo Pedraza, ex jefe del Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), con la creación de dos cárceles más.
Según cifras del Inpe, en el país hay 33,641 reos, aunque la capacidad de los penales es solo es para 20,497. De esta población penal 8,478 se encuentran en Lurigancho, que ha superado en tres veces su capacidad real, por lo que es considerada la cárcel más poblada de Latinoamérica.
La alimentación de los reos es otro problema. Cada interno tiene designados para su alimentación 2.70 a 3.00 soles diarios. Y en lo que a salud se refiere, los penales solo cuentan, en todo el país, con 58 médicos, 23 dentistas, 23 obstetras, 18 enfermeros, cinco nutricionistas, dos tecnólogos médicos, seis biólogos y dos químicos farmacéuticos.
SIN SOLUCIÓN. Estos problemas, sumados a la falta de sistemas de seguridad para el control de visitas -es casi imposible detectar los objetos prohibidos (armas y celulares) que introducen los familiares a las cárceles-,hacen que la población de las prisiones del país viva en una de las peores situaciones carcelarias del mundo, donde se termina por fomentar la criminalidad en lugar de eliminarla.
En este último tema, Pedraza indica que los primeros pasos se han dado en su administración con la implementación del Sistema Nacional de Registro Penitenciario. "En tres o cuatro meses el Inpe debería tener una red privada de comunicación e interconexión de transmisión de datos entre 18 principales penales del país", explica.
La principal necesidad -según el ex jefe penitenciario- es la construcción de dos penales en Lima, destinados a reos primarios, lo que evitaría que "el que delinque por primera vez asuma la cultura de la cárcel y se vuelva reincidente. El trabajo debería encaminarse a clausurar Lurigancho".
De acuerdo con Pedraza, el Inpe aún no está capacitado para asumir el control de las 84 cárceles del país, lo cual -explica- es un proceso que debe hacerse paulatinamente, conforme se vaya incrementado el número de agentes penitenciarios, y para eso se requiere más recursos. Calcula que se necesitaría unos 1,500 trabajadores más.

SOBREPENALIZACIÓN
13/03/06 FUENTE: LA REPUBLICA PG: EDITORIAL

El Poder Legislativo, seguramente animado por buenas intenciones, ha vuelto a caer en una tendencia que fue manifiesta a lo largo del fujimorismo y que se creía por fin agotada, en estos tiempos de cárceles tugurizadas y récords (negativos) de población penitenciaria, que supera los 28.000 reclusos en el país y mantiene intacto ese campo de concentración que es el penal de Lurigancho.
Los especialistas la denominan ‘sobrepenalización’ y consiste en creer que la implantación de severísimas sanciones para determinados delitos que resultan especialmente repulsivos ante la opinión pública –terrorismo, violaciones, secuestros– constituye un elemento que contribuye a atenuar la ola de criminalidad. Esta situación no es nueva, la vivió el país a partir de 1992, con un crescendo que concluyó en el retorno de la pena de muerte o la cadena perpetua.
Pero ocurre que estudios llevados a cabo a lo largo de decenios han demostrado hasta la saciedad que hay un tipo de criminalidad –aquella de origen ideológico o patológico– que no disminuye ni se arredra por la severidad de las sanciones, que carecen de efecto disuasivo sobre sus actores. Así, a un terrorista le tiene sin cuidado que se le sentencie a la pena de muerte o cadena perpetua.
El mismo razonamiento es válido frente a secuestradores y delincuentes avezados –en este caso desprovistos de móviles políticos–, ya que se trata de elementos que saben a lo que se arriesgan. Y con mayor razón ocurre con las violaciones de menores de 10 años, obra por lo general de seres que actúan impulsados por móviles patológicos que en otros países son sometidos a tratamiento.
Creer, entonces, que porque se establece la pena de muerte o la reclusión a cadena perpetua sin incentivos carcelarios se va a disuadir a estos delincuentes solo puede ser fruto de la ingenuidad o de la buena conciencia. Esto no quiere decir que la sociedad deba tolerar el permanecer en estado de indefensión frente a crímenes horrendos, pero las legislaciones modernas intentan combatirlos valiéndose de otros métodos, y no simplemente del talionaje.
Primero, distinguiendo aquellos casos en los cuales hay posibilidades de redención social de aquellos que obedecen a patologías. Segundo, variando completamente la concepción que se tiene de las prisiones, que han abandonado su propósito inicial de rehabilitación de los internos y se han convertido en ‘universidades del delito’, logrando que los delincuentes primerizos que ingresan en ellas se conviertan en avezados.
Nuestros legisladores acaban de aprobar la cadena perpetua sin beneficios para los violadores de menores de 10 años. También existe para los cabecillas terroristas y para los secuestradores, y habría que preguntarse si con ello se han rendido los remanentes de SL o han disminuido los secuestros. Lo reiteramos: es necesario frenar la criminalidad, pero hay que dejar de pensar que sanciones más drásticas son solución. De lo contrario acabaremos como en Roma, donde la muerte era poco para ciertos delitos, razón por la cual se dejaba a los criminales insepultos y hasta se esparcía sal en sus casas demolidas.


 

13/03/06 FUENTE: PERU 21 PG: CIUDAD