| El
Comercio estuvo tres semanas en Urubamba. Visitó 11 comunidades
nativas.Canon energético de 300 millones de soles no se invierte
en desarrollo de la zona. Estado no cumple con su rol fiscalizador y
está ausente en las comunidades
Equilibrio
en peligro
El Comercio comprobó la ausencia de peces en los ríos.
Se teme que los índices de desnutrición aumenten.
Un
equipo periodístico de este Diario se internó en las comunidades
machiguengas del Alto y Bajo Urubamba (Cusco) para conocer el impacto
que ha tenido la instalación del ducto de gas procedente de Camisea
y descubrió que son más de once mil los nativos vulnerables
al impacto ambiental, además de social, por la ejecución
del proyecto.
Los jefes de las comunidades han denunciado la aparición de enfermedades
como la sífilis. Algunas de las empresas encargadas del proyecto
no están asumiendo sus compromisos ambientales, lo cual acarrea
perniciosas consecuencias. Entre otras cosas, abandonan la basura cerca
de los ductos, no retiran los paños absorbentes de hidrocarburos
y tampoco desarman los puentes instalados para trasladar los materiales.
En los siguientes días, El Comercio entregará una serie
de reportajes en los que se detalla la situación de estas comunidades,
en qué se utiliza el dinero del canon energético --que
suma unos S/.300 millones-- y cómo el Estado, a pesar de ser
Camisea un proyecto importante para el país, no tiene presencia
alguna en la zona.
AUSENCIAS
QUE GOLPEAN
02/03/06 FUENTE: EL COMERCIO PG TEMA DEL DIA
"Kobeni,
Kobeni, Narotari, obambaroataka, narotari, niavagitacharina, okasanka,
gitetapakira kobeni" (Qué sería de nosotros si no
existiera la naturaleza, moriríamos, no existiríamos)
Canto machiguenga
Hay instantes que guardas en la memoria, como detenidos en el tiempo.
Se quedan ahí, insistentes, resumiendo un largo viaje. El instante
que guardo del viaje que hicimos por 11 comunidades machiguengas del
Urubamba, en la selva del Cusco, para conocer el impacto del proyecto
Camisea, me traslada a Camaná. Una mañana de fresca calma
luego de una noche lluviosa. El olor de la tierra húmeda. Una
asamblea comunal al costado de una cancha de fútbol. Cushmas
tradicionales, confundidas entre jeans y polos sintéticos. Casiano
Jeremías muestra dos pequeñas latas de atún entomatado,
un poco de arroz y cebolla. No habla castellano, no es necesario. Su
angustia traduce la queja por los peces ausentes luego del último
derrame. "Esto es lo que nos entregan por contaminar el ambiente",
dice.
El nativo de 45 años nos señala con el dedo. "¿Cuándo
el machiguenga ha comido cebolla? ¿Cuándo ajos? Ustedes,
los blancos, no nos entienden, a nosotros nos gusta pescar. Solo queremos
que los peces vuelvan al río", insiste. Sus palabras esconden
resentimiento. Salvo excepciones, la penetración de la cultura
occidental en las comunidades machiguengas ha sido brusca, violenta.
Primero los caucheros y su codicia por el látex, luego los hacendados
y su voraz apetito por los bosques para convertirlos en tierras de cultivo.
Y siempre la agresión. Los nativos fueron explotados como peones,
cambiados por gallinas y vendidos al mejor postor, hasta que, a mediados
del siglo XX, se instalaron las misiones dominicas. Son ellas las que
cumplieron un rol fundamental en los cambios sociales que experimentaron
los machiguengas. Los organizaron en comunidades y les brindaron educación
y salud.
Solo después, durante la década de los 80, cuando la empresa
Shell descubrió los yacimientos de gas, el Estado llegó
para decirles: la explotación de estas reservas no dañarán
el ambiente. "Dijeron que el proyecto no nos perjudicaría,
que por el contrario, mejoraría nuestra calidad de vida",
recuerda Job Korinti, jefe de la comunidad de Kirigueti.
Pero la Shell no se quedó, pues nunca llegó a un acuerdo
con el Gobierno. Recién a comienzos de esta década se
les otorgó la concesión de la explotación y transporte
de gas en la zona amazónica a dos empresas operadoras: Pluspetrol
y Transportadora de Gas del Perú (TGP).
Los machiguengas recibieron con buenos ojos la inversión a pesar
de que la mayoría no entendía en qué consistía
los detalles del proyecto. Era el 22 de noviembre del 2004 cuando una
noticia perturbó la calma a la que esta sociedad está
acostumbrada. La tubería se quebró. La tranquilidad todavía
no volvía cuando hace cuatro meses el ducto se quebró
por cuarta vez: dos mil barriles de líquidos de gas contaminaron
el río. (Las dos veces anteriores el derrame se registró
en la sierra).
VUELOS
QUE PERTURBAN
La
última semana de febrero partimos hacia el Cusco, y de ahí,
por una carretera más teórica que real, luego de 24 horas
de viaje, llegamos a Ivochote, la zona del río Urubamba desde
donde parten todas las embarcaciones hacia las comunidades machiguengas.
En el puerto nos esperaba Marcial Shiviturori, el experimentado motorista
que cruza sin aspavientos los remolinos del pongo de Mainique en esta
temporada de recia lluvia. Sería a él a quien, desde ese
día en adelante, nos encomendaríamos cada vez que las
feroces aguas del Urubamba intentaban hacernos una mala pasada.
Eran las ocho de la mañana en Poyentimari, la primera comunidad
que visitamos. Durante la noche, el sordo ruido de los insectos acompañó
nuestro sueño, pero luego lo que nos acompañó fue
un ruido más persistente, el de un helicóptero surcando
el cielo de la Amazonía y el motor de un bote en el río.
Con el traqueteo, los primeros en ahuyentarse fueron los pájaros.
Bautista Goshi, nativo de esta comunidad, nos dirá luego que
los animales del monte también han escapado. Antes, para cazar
un sajino tenía que caminar tres horas, ahora anda dos días.
Lo mismo ocurre en las otras comunidades. La fauna se ha escondido.
En todo el viaje solo logramos ver un pez. Esta huida condena a los
machiguengas a la desnutrición, pues el 75% de sus proteínas
proviene del río.
"NOS ESTAMOS MURIENDO"
La asistencia médica que las comunidades afectadas recibieron,
luego del derrame fue insuficiente. Los nativos aseguran que a ninguno
se le entregó un diagnóstico médico. "No sabemos
si estamos muriendo... Creo que estamos falleciendo de a pocos",
dice Juanito Pérez, nativo de la comunidad de Mayapo. "La
gente no sabe si está enferma o sana. ¿Por qué
no vienen los médicos?".
'Ovegaga tanaka' significaba hasta un par de años en lengua machiguenga
"todo está malogrado". Después del derrame esta
frase adquirió una definición más precisa: "el
ambiente está contaminado".
El último 25 de noviembre los nativos de Camaná, Puerto
Huallana y Mayapo pescaron en abundancia. Comieron doncellas y zúngaros
con desmesura. Solo varias horas después TGP les comunicó
el derrame. La empresa, sin embargo, sostiene que antes tenían
que confirmar el escape de los líquidos.
Ya nadie come pescado en abundancia. Carlos Pérez, nativo de
Mayapo, dice que tiene que salir a las cuatro de la mañana y
caminar hasta la cabecera del río para pescar algo. Si tiene
suerte, regresará en la tarde con tres mojarritos para alimentar
a sus seis hijos. Este alimento complementará en algo los víveres
que les entregan luego del derrame.
El impacto ambiental acentuó las diferencias económicas.
La situación es menos complicada para quienes tienen un ingreso
económico adicional (comerciantes o trabajadores de las empresas).
Ellos pueden comprar alimentos a los eventuales comerciantes. Los otros,
como Carlos Pérez, seguirán caminando horas en busca de
algún pez.
Antes, todos los machiguengas cazaban, pescaban y comían lo que
las chacras les proveía. Antes, no tenían la oportunidad
de salir a estudiar fuera o acudir a un mejor centro de salud. Ahora,
parecen estar condenados a buscar dinero para comer. Y los que sí
lo consiguen, estudian en Quillabamba o Sepahua, y se atienden en puestos
de salud de estas ciudades.
MÁS
RIESGOS
El riesgo de que las aguas del río se contaminen está
presente, no solo por los derrames sino por el masivo traslado de las
embarcaciones fluviales. El año pasado, en Kirigueti, un bote
que pasaba a excesiva velocidad atropelló a una niña y
la ahogó. Desde entonces, las reglas de transporte son más
exigentes.
El jefe de la comunidad de Camisea, Matías Ríos, reconoce
que otro de los grandes temas tiene que ver con la salud. Y no se equivoca.
Los sanitarios de varias comunidades reconocieron la presencia de enfermedades
de transmisión sexual en algunas nativas. Ríos explica
que si bien estas empresas han generado puestos de trabajo, hay el riesgo
de que sin la presencia del Estado se pueda provocar un problema social.
"Hay mucho dinero, pero aquí no llega". Y tiene razón.
La pasividad del estado es tal que tampoco fiscaliza que las empresas
operadoras cumplan sus compromisos ambientales.
Las
cifras
800 Machiguengas viven en la zona del Urubamba
17 muertos en la zona denunció la Defensoría del Pueblo
y pidió una investigación sobre estos casos
Nelly Luna Amancio-Enviada especial
UNA
ZONA SIN PROTECCIÓN
El proyecto Camisea es una oportunidad. No solo económica, también
ambiental, pues promete modificar la utilización de combustibles
sucios por uno menos contaminante, el gas natural.
Es
por eso que resulta paradójico cómo solo algunas operadoras
del proyecto asumen con cabalidad sus compromisos ambientales en la
selva. En estas fotos vemos cómo la basura que dejan los trabajadores
de TGP queda tirada en medio del monte. Lo mismo ocurre con los puentes
que la misma empresa se comprometió a desinstalar. Dicen que
los dejaron a pedido de la comunidad, pero ahora las intensas lluvias
los han destrozado y arrastrado. ¿Quién los recoge? ¿Y
el ente fiscalizador del Estado?.
Los fierros oxidados siguen ahí, dañando las aguas del
río. ¿El Estado no lo sabe? ¿Qué espera?
Ausencia
del Estado.
Postas de salud no tienen médicos residentes y centros educativos
no cuentan con libros ni profesores.
DEFENSORÍA
DENUNCIA IMPACTO NEGATIVO DE OBRAS EN CAMISEA 02/03/06 FUENTE: LA REPUBLICA
PG SOCIEDAD
Habría daños irreparables en el medio ambiente y en la
salud de los pobladores de la zona.
La Defensoría del Pueblo presentó ayer el Informe Defensorial
Nº 103: "El Proyecto Camisea y sus efectos en los derechos
de las personas". Los resultados le dan un jalón de orejas
al Gobierno en su manera de manejar el impacto ambiental de un importante
proyecto que debió ser "un paradigma de gestión ambiental
desde el Estado".
17 muertes en comunidades nativas y la aparición de enfermedades
como la sífilis y la influenza en poblaciones aisladas serían
algunas de las consecuencias de la mala aplicación del estudio
de impacto ambiental que debió efectuarse antes en Camisea.
El defensor adjunto para los servicios públicos y medio ambiente,
Carlos Alza, explicó que los problemas con consecuencias más
graves en la salud de los pobladores de las comunidades afectadas se
deben a la ausencia de estudios que hubiesen determinado con anterioridad
la morbilidad en la zona. Aclaró que la ausencia de estudios
de base no permiten determinar la relación exacta con las muertes
y la presencia de trabajadores de Camisea en la zona.
Precisión
PEDIDO. La Defensoría recomienda al Congreso y a los ministerios
de Energía y Minas y de Salud emitir normas específicas
de protección de los pueblos indígenas.
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