UN PLAN CONTRA LA DELINCUENCIA

Por Gino Costa Santoalla, ex ministro del Interior

Con el ánimo de contribuir a la elaboración de una agenda común para enfrentar la inseguridad ciudadana, El Comercio convocó a especialistas de diversas corrientes de opinión.
Más allá de las previsibles diferencias, emergieron consensos que deberían servir para un acuerdo por la seguridad y la convivencia ciudadana, que haga realidad el próximo gobierno, con el apoyo de las principales fuerzas políticas.
Primero, es urgente atender el problema de la inseguridad, que es fuente de preocupación y malestar ciudadano, afecta la legitimidad de las autoridades, pone en peligro el desarrollo económico y la democracia y afecta a los más pobres. Si bien es un fenómeno muy extendido en toda la región y presenta características mucho más dramáticas en otros países, corremos el riego de que se nos escape de las manos si no actuamos a tiempo. Llama la atención el abismo que existe entre el malestar que genera la inseguridad a todo nivel y los recursos intelectuales, académicos, políticos y económicos que le dedicamos.
Segundo, la inseguridad en el Perú se caracteriza por una multiplicidad, aún no muy violenta, de pequeñas faltas y delitos contra el patrimonio. Esto debe cambiar, pues contamos con todos los ingredientes para terminar como México, Centroamérica o Colombia: gran marginación de amplios sectores juveniles y creciente número de pandillas; presencia del narcotráfico y extendido consumo de drogas y alcohol; ineficiencia y corrupción policial, judicial y penitenciaria; entre otros.
Tercero, por la complejidad del problema, no es susceptible de soluciones fáciles e inmediatas. Solo con políticas integrales, que combinen adecuadamente prevención con represión, podemos comenzar a enfrentarlo correctamente. Estas deben ser diseñadas en las circunscripciones más pequeñas (el distrito y la provincia) e incorporar a todas las instituciones, públicas y privadas, que puedan colaborar.
Así lo concibe la Ley del Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana. Una de sus novedades es que pone en manos de las autoridades civiles (ministro del Interior, presidentes regionales y alcaldes provinciales y distritales) la conducción de los comités de seguridad ciudadana, instancias de coordinación interinstitucional que deben diagnosticar y ejecutar las políticas de seguridad. En ellos participan las autoridades policiales, judiciales, educativas, vecinales, sociales y de salud. Fortalecer este sistema debe ser una de las prioridades del próximo gobierno.
Cuarto, también urge dotarnos de mejores sistemas de información. Las estadísticas policiales son poco confiables; carecemos de encuestas de victimización regulares, tanto nacionales como regionales y locales; y no contamos aún con mecanismos para el intercambio de información entre las autoridades policiales, fiscales, judiciales y de salud. El Ministerio del Interior ha comenzado a trabajar en esto. Los gobiernos regionales y municipales deben hacer lo propio. Este esfuerzo debe profundizarse durante el próximo quinquenio, pues sin información, y su adecuado análisis, no hay respuesta efectiva.
Quinto, necesitamos más y mejores policías, más y mejores comisarías, más y mejores jueces y módulos de justicia. Si la economía y la recaudación mantienen un ritmo de crecimiento razonable, debería ser posible formar por lo menos 20.000 nuevos suboficiales en los próximos cinco años y así comenzar a reducir el déficit de efectivos. También sería posible mejorar el bienestar policial. Pero esto no basta si no reformamos la policía y la justicia, introduciendo modernos y transparentes sistemas de gestión para erradicar la ineficiencia y la corrupción. Cabe afirmar lo propio sobre el sistema penitenciario, que acaba de sufrir un duro golpe con los cambios en su conducción.
Sexto, además de fortalecer el sistema penal, es necesario hacer más prevención, no solo policial, situacional y comunitaria, sino principalmente social. Esto pasa por diseñar políticas para los jóvenes y con los jóvenes, especialmente con aquellos que se encuentra en riesgo. Salvo algunas iniciativas no gubernamentales, hoy no hacemos casi nada de prevención social. Es imprescindible revertir esta situación. Nuevamente aquí el papel de los gobiernos locales, apoyados por el Gobierno Central, es fundamental.
(*) INSTITUTO DE DEFENSA LEGAL.

20/02/06 FUENTE: EL COMERCIO PG: OPINION