LOS JÓVENES Y LA POLÍTICA NO PUEDEN ESTAR DIVORCIADOS POR MUCHO MÁS TIEMPO

Los partidos deben renovarse de verdad y el Estado preocuparse por un plan integral
Aunque las encuestas y los sondeos se empeñen en mostrarnos a la política y a la juventud en las antípodas --con real asidero, por desgracia-- no todo está perdido ni echado al abandono. Los jóvenes que nos acompañaron la semana pasada, tanto en la Mesa Redonda como en el Foro Universitario, nos demostraron que la separación entre ambas veredas puede reducirse. Es cuestión de trazarse unas líneas maestras:
1Ya no basta que los jóvenes expongan su hastío y digan que "la política les llega". Hay consenso: los partidos y los políticos son los grandísimos culpables del divorcio. Pero no son los únicos: la nueva generación debe entender que también tiene una responsabilidad con el país y que este no va a salir adelante sin ellos. No solo desde el ala dura de la política se puede participar en ella. Bien por aquellos que deciden militar en movimientos políticos, pero también son bienvenidos quienes en las universidades y colectivos civiles se unen para ver qué hacer con este Perú.
2Los partidos políticos deben golpearse el pecho y asumir de una buena vez el reto real de la modernización. Parece increíble que no se den cuenta de que los jóvenes representan la tercera parte del electorado. Las estructuras caudillistas que impiden el acceso de los cuadros juveniles a los espacios de decisión y directivos han terminado por desencantar a los muchachos, hartos de ser solamente llamados para pegar afiches y banderolas en épocas electorales. A los partidos les costará revertir la imagen tan desgastada que tienen, pero al menos deben intentarlo.
3Retomar la verdadera carrera política en nuestro país, si es que alguna vez la hubo. Además de perder el miedo a intervenir en política para no ser tildados de terroristas o antisociales --herencia nefasta que proviene del fujimorato y de poco antes--, los jóvenes deben sentir que dar los primeros pasos como regidores de una municipalidad puede servir para empezar una ruta que los puede llevar a servir al país.
4Es necesario aprobar y aplicar el Plan Nacional de la Juventud, impulsado por el Conaju. La problemática de la juventud no debe ser abordada como un problema sectorial ni requiere un apoyo paternalista. De lo que urge es de un enfoque estratégico que cruce e integre las acciones y políticas de todos los organismos del país. El Estado invierte 2.200 millones de soles en programas de ayuda social, todos relacionados con jóvenes, pero apenas se notan mejoras. Preocuparse por la nueva generación resulta, sencillamente, estratégico: con jóvenes capacitados, sanos, con empleo y no discriminados, el Perú podrá iniciar el despegue económico que necesita. Y ojo que con la transición demográfica que atravesamos, en 15 o 20 años tendremos una oportunidad única para repuntar.
5Poner en marcha programas de empleo y capacitación para recibir a los 300 mil jóvenes que cada año se integran a la población económicamente activa. Preocupa que dos millones de jóvenes en el país no estudien ni trabajen y que de cinco millones de ellos, nada menos que el 79% trabaja en forma independiente.
6Es urgente que el Estado dedique mayores esfuerzos en mejorar la salud de los jóvenes. Una juventud enferma o con grandes posibilidades de serlo no contribuye con el desarrollo del país. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), el 48% de jóvenes del país es pobre. Y el 17% se encuentra inmerso en la pobreza extrema, lo cual los hace vulnerables a la desnutrición y a enfermedades como la tuberculosis y la malaria. Por temor a perder su empleo, estos chicos se ven obligados a retrasar su curación.

29/11/05 FUENTE: EL COMERCIO PG: POLITICA