| Según
especilista, victimarios suelen ser del entorno cercano a los menores
Caso 1. El año pasado una menor de 12 años fue víctima
de abuso sexual. El agresor: un vecino de 20 años que frecuentaba
su casa, gracias a la confianza excesiva de los padres de la adolescente.
Ella se quedó callada, hasta este año, cuando se atrevió
a confesar el hecho ante una de las 47 Defensorías Municipales
del Niño y Adolescente (Demuna) que existen en Lima y el Callao.
Su historia pasó a engrosar la lista de 200 casos de niños
víctimas de abuso sexual que se han registrado hasta junio de
este año en la ciudad. También aumentó las cifras
generales de violencia contra menores cometidas hasta junio: 48.989
casos, solo en Lima, entre los que se incluye la violencia familiar,
explotación sexual y el maltrato físico, según
señala un informe de la ONG Acción por los Niños.
Muy pocos de estos 48 mil casos saldrán a la luz pública.
A lo mucho, forman parte de cifras que alertan que este año podríamos
rebasar los 103.749 casos que se registraron en el 2004. Hasta allí
nomás. El general(r) Rómulo Zevallos, ex jefe de la Dirincri,
cree que las cifras podrían ser mayores. "Las estadísticas
son relativas. Hay cifras negras que no conoceremos porque son mucho
más los casos que no se denuncian. En el interior del país
y en zonas alejadas de la ciudad ocurren situaciones delictivas contra
menores mucho más graves de los que conocemos", comenta
Zevallos.
ENEMIGO ÍNTIMO
Caso 2. Una joven que se dedica a la prostitución callejera indicó
ante una Demuna que como recuerdo de niñez guarda los insultos
que sus familiares le proferían. Le decían que no valía
para nada. Como sucedió con Clever Huaytará, el menor
de 11 años secuestrado y asesinado por su propio tío,
en la mayoría de casos de abuso infantil, el victimario forma
parte del entorno más cercano de la víctima: vecinos,
familiares, amigos, señala María Pía Hermoza, especialista
en el tema. "Sienten que tienen poder sobre sus víctimas
y que pueden abusar sexualmente de ellos o golpearlos. También
hay maltrato psicológico", indicó la especialista.
Según María Teresa Mosquera, de Acción por los
Niños, hasta el momento no se ha realizado una intervención
multisectorial del tema, por lo que percibe que las "cifras sobre
abandono y abuso físico y sexual contra menores irán aumentando,
mientras las instituciones no respondan de manera conjunta", finalizó.
HAY PADRES QUE ASESINAN A SUS HIJOS
Según Freddy Vásquez, del Instituto Especializado en Salud
Mental Honorio Delgado-Hideyo Noguchi, en lo que va del año se
ha registrado 13 casos de filicidio, con el posterior suicidio de los
padres de los menores.
??En el 2004 hubo 14 casos, de los que ocho fueron ejecutados por las
madres de las víctimas y seis por los padres. Este año
las madres fueron las autoras de once casos y los padres de dos.
??El Ministerio de la Mujer ha recibido 2.890 reportes de agresión
física y psicológica contra menores y 1.590 denuncias
por abuso sexual. Solo en octubre la Policía Nacional registró
14 casos de abuso sexual a niños.
MAYORÍA DE AGRESORES NO SON DELINCUENTES
Como en todo crimen, el móvil de una agresión contra menores
de edad es distinto, por lo que no se puede establecer un perfil del
agresor de niños, señala el general Zevallos. "La
violencia contra menores ha sido una constante a lo largo de la historia
de la humanidad, pero los casos no se repiten, porque las connotaciones
de cada uno son distintas", comenta Zevallos. Sin embargo, en la
mayoría de casos, es posible dar con el victimario, pues sus
coartadas se desbaratan fácilmente durante las investigaciones
policiales.
"La mayoría de agresores no son delincuentes prontuariados,
son gente que aparenta ser común y corriente, por eso no tienen
preparado un ardid que resista las pesquisas", indica el oficial.
"Fue el caso del tío que mató a su sobrino. Lo mató
porque no tenía una coartada que lo salvara de la acusación
que podía haberle hecho su sobrino, si es que vivía",
añade el jefe de la Dirincri.
También existen algunas características comunes, pero
no constantes en la mayoría de los casos, que señalan
la cercanía del agresor al entorno de la víctima, su intolerancia
y falta de capacidad para manejar la ira y las frustraciones. Por lo
demás, indica María Pía Hemoza, "gente de
distintos estratos socioeconómicos, de cualquier edad y de cualquier
nivel educativo puede ser el potencial victimario de un menor de edad".
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