| Mitad
de la población en penales es joven
Ingresan por robos de menor cuantía, conviven con avezados delincuentes
y cuando salen integran peligrosas bandas.
MILES
DE PRESOS JÓVENES HACEN CURSOS DE MAESTRÍA DELICTIVA EN
LAS CÁRCELES
ESCUELAS DEL DELITO
La inseguridad ciudadana también se incuba en las prisiones.
La mitad de la población penal del país es joven, 'se
perfecciona' tras las rejas y luego continúa su carrera criminal
'Pirañitas'
y 'pájaros fruteros', muchos de ellos involucrados en el arrebato
de una cartera o en el simple robo de partes de autos, terminan recluidos
en las cárceles del país. Al cabo de dos o tres años,
sin embargo, egresan con toda suerte de conocimientos en delitos mayores
como secuestros, asaltos a mano armada, robo de residencias y extorsión.
Lo que estos mozalbetes no lograron aprender en su 'escuelita' de la
vida, lo han aprendido por contagio, y en forma acelerada, en las celdas
y patios de las prisiones donde son confinados.
Lurigancho es, si se quiere, el alma máter de muchos grandes
delincuentes del país. De ahí salen cada año miles
de jóvenes que convivieron hacinados con otros ocho mil internos,
entre una variada fauna que mezcla a reos primarios y avezados, y donde
los más peligrosos e incorregibles llevan la voz cantante. Ladrones
reincidentes, homicidas, secuestradores, asaltantes, narcos, estafadores,
'taitas' y 'refugiados' ofician de maestros.
Las cifras que manejan el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) y
la Defensoría del Pueblo son al respecto bastante elocuentes.
De los 33.176 internos recluidos en los 84 penales del país,
el 48% (es decir, unos 16 mil reclusos) tiene una edad que va de los
18 a los 29 años. Preocupante situación, si se considera
que casi la mitad de esta joven población penal saldrá
muy pronto, ya sea por cumplimiento de sentencia o por exceso de carcelería,
sin tener muchas oportunidades de ganarse la vida dentro de los márgenes
de la ley.
Las estadísticas indican que gran parte de esa masa juvenil se
encuentra confinada por haber cometido delitos menores, robo y hurto.
En buena cuenta, estos jóvenes purgan carcelería por delitos
que los califica como reos de menor cuantía. Pero la prisión,
y las difíciles condiciones que allí se dan, los obligan
a cambiar radicalmente de temperamento.
Al ingresar al penal, los recién llegados no solo son acosados
por los 'taitas' (los poderosos en cada pabellón), sino también
por los internos más antiguos que quieren hacerles pagar su noviciado.
No es un secreto que, en la mayoría de prisiones del país,
se compra o se trafica con el honor de los más débiles.
Frente a tal situación, ellos aguzan el ingenio para defenderse
o, cosa más frecuente, se alían en busca de protección
con otros reclusos experimentados, con quienes quedan en deuda. Así
evitan ser violados o víctimas de toda suerte de vejaciones.
Los novatos, pues, inician un curso acelerado de autodefensa, supervivencia
y especialización delictiva. Luego, asimilan normas para obtener
jerarquía y, a su vez, someter a sus semejantes, y por último
refinan sus métodos para los asaltos a mano armada, los secuestros
cronometrados al segundo, los robos en residencias mientras el músculo
duerme o las estafas que no dejan huella.
El tiempo que la gran mayoría debería dedicar a su rehabilitación
(talleres de carpintería o de mecánica) lo gastan en idear
formas más sutiles y eficaces para cometer delitos. Y estas 'clases
de especialización' las toman en un período relativamente
corto, toda vez que corto es su encierro.
Estudios realizados recientemente revelan que el 83,75% ,de los internos
cumple un periodo corto de permanencia en las cárceles, de dos
días a tres años, lo cual deja en claro que, hoy por hoy,
los penales son simples centros de detención transitoria.
En suma, tras esa breve estadía, los graduados vuelven a las
calles para ganarse la vida, y muchos de ellos, cuando buscan reincoporarse
a la sociedad, encuentran muchas dificultades. No pueden, ni siquiera,
cumplir con el primer requisito exigido para obtener un empleo: la presentación
de certificados de antecedentes policiales y de antecedentes penales.
Con las puertas cerradas, reinciden en el delito y, lo que es peor,
ponen en práctica lo asimilado en las cárceles. Así,
lo poco que queda de seguridad ciudadana se verá afectado por
la presencia de estos elementos que, probablemente, volverán
más adelante a ocupar las celdas que dejaron pocos meses atrás.
Alfredo
Alí Alava
Unidad de investigación
LA
FUNDA DE ALUMINIO Y OTRAS TÉCNICAS
Varios jóvenes menores de 23 años, que por primera vez
están recluidos en la cárcel, explicaron la forma como
aprendieron en las prisiones nuevas y mejores estrategias en la comisión
de delitos, en particular el secuestro. A continuación, un resumen
de su testimonio:
"Aquí en el penal aprendes muchas cosas. Por ejemplo, luego
de que has levantado (secuestrado) a alguien, tienes que cambiar el
chip de tu 'celu' cada dos llamadas; de lo contrario, los rayas (policías)
te sacan. Incluso, debes cambiar de equipo (celular). También
se aprende a tratar con los familiares de las víctimas. Hay que
hacerlo con delicadeza. El buen trato es básico para evitar romper
las negociaciones. No debes ponerte duro, mejor dicho, debes transar
lo más rápido posible con los familiares y así
evitas la intervención de la Divise. Si te dan 180 (mil dólares),
debes aceptar inmediatamente. Cuanto más rápido, mejor.
También se aprende que no hay 'trabajo' (delito) difícil.
Mira, yo y mi gente ahora sabemos que hay personas que tienen acondicionado
un chip en el cuerpo para que sus familiares sepan dónde están.
¿Sabes cómo se neutraliza eso? Con una funda de aluminio.
Todo eso lo aprendemos acá".
Esto ocurre en Lurigancho, el penal más hacinado del país.
A pesar de que fue construido para 2.000 reclusos, alberga actualmente
a 8.513 internos, casi el 50% de los presidiarios limeños. Los
reclusos de 20 a 29 años son el 44,26%
PIEDRAS
GORDAS: ELEFANTE BLANCO
Mientras en todos los penales del país no hay espacio para un
alfiler más, en Piedras Gordas, construido para albergar a 1.080
reclusos de alta peligrosidad, hay 800 celdas vacías. Debido
a esto, algunos han calificado a dicha prisión como un perfecto
'elefante blanco'. El jefe del INPE, Wilfredo Pedraza, afirmó
que no cuenta con recursos humanos y materiales para recibir a más
internos.
LA
CONCESIÓN PRIVADA DE LOS PENALES, UNA ALTERNATIVA QUE DEBE SER
ESTUDIADA
Ante el evidente fracaso del Estado en el control de las cárceles,
se ha venido ventilando de manera pública en los últimos
días la posibilidad de privatizar o concesionar algunos de estos
establecimientos o parte de ellos.
Se ha puesto como ejemplo a Estados Unidos, donde existen mas de 150
penales bajo el control y administración de la empresa privada.
Corrections Corporation of América (CCA) es una de las compañías
que más cárceles opera en el mundo (47, sin contar las
estadounidenses). En 1997, por tercer año consecutivo, tuvo un
importante rendimiento en la bolsa de Nueva York.
¿Pero, qué ha dejado la privatización para los
reclusos? Una auditoría realizada en 1990 en cuatro prisiones
privatizadas de Texas arrojó resultados desalentadores. Se probaron
prácticas ilícitas contra los presos, en ninguna de esas
cárceles se había puesto en práctica los programas
de educación ni de capacitación, los programas de trabajo
eran insuficientes y no había control en el consumo de tóxicos.
En el Perú se está haciendo un estudio de factibilidad
que contempla la construcción de seis penales para mil presos
cada uno, y es probable que en algunos de ellos participe la empresa
privada.
Al ser consultado por la posibilidad de privatizar las cárceles,
el presidente del INPE, Wilfredo Pedraza, mostró su disconformidad,
aduciendo que el Estado no tiene dinero para pagar a la empresa privada
el costo que demanda cada interno. Se calcula que habría que
pagar entre 15 y 12 dólares diarios por recluso. El monto parece
inmanejable, toda vez que a duras penas el Estado puede solventar los
3,5 dólares que demanda cada interno.
En EE.UU. y en Inglaterra el Estado paga entre 40 y 45 dólares,
en Costa Rica entre 16 y 20 y en Chile 30 dólares.
Las modalidades en las que opera el sector privado son tres. En primer
lugar está la privatización total, donde el control externo,
interno, seguridad y manejo de las prisiones, incluidos servicios, trabajo
y educación, está en manos privadas. En segundo lugar
está la concesión, modalidad en la que el Estado se reserva
la responsabilidad en la custodia, seguridad y disciplina del penal.
La empresa privada brinda los servicios de salud, alimentación,
recreación, trabajo y educación.
Por último está la privatización del trabajo. En
este caso la empresa privada invierte en la instalación de unidades
de producción y utiliza a los internos como asalariados.
José Ávila Herrera, defensor del Pueblo en temas penitenciarios,
demandó la construcción de dos centros penitenciarios
fuera de Lima. Podrían albergar a cuatro mil internos jóvenes
y recuperables, en total. Deberían ser horizontales y con lugares
adecuados para el trabajo educación y terapia religiosa.
|