AFIRMAN QUE SISTEMA CARCELARIO COLAPSARÍA CON RECLUSIÓN DE DELINCUENTES MENORES

El jefe del Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), Wilfredo Pedraza, afirmó que el sistema carcelario del país colapsaría con la reclusión de las personas incursas en los considerados delitos menores.
"No estamos en capacidad de recibir a un interno más. No hay espacio en los penales en este momento. Tenemos poco más de 60 por ciento de sobrepoblación carcelaria", argumentó, según informa la agencia de noticias "Andina".
Pedraza lamentó que el Congreso haya aprobado una ley que modifica el Código Procesal Penal para establecer cárcel efectiva para aquellas personas que cometan hurto, y sean sancionadas con penas de entre uno y tres años.
"Esta es una decisión equivocada, política y poco técnica, y va a provocar que más personas ingresen a prisión, particularmente jóvenes, en contra de lo que se recomienda hoy en día en criminología", sostuvo.
En otro momento, indicó que la infraestructura carcelaria es un problema que se debe tomar en cuenta, pero "lo más grave es que se alentará a los jóvenes infractores a cometer delitos mayores", toda vez que es conocido que las cárceles son escuelas del delito.
"No se puede enviar a más gente a prisión sin contar con infraestructura que permita separar al joven de los delincuentes de alta peligrosidad", anotó. Por tanto, advirtió que "los carteristas de hoy, dentro de cuatro años cuando salgan de las prisiones serán asesinos, secuestradores y violadores".
Pedraza adelantó que pedirá --a través del ministro de Justicia, Alejandro Tudela- que el Ejecutivo observe esta ley.
IMPORTANTE MODIFICACIÓN LEGISLATIVA
10/10/05 FUENTE: EL PERUANO PAG EDITORIAL
El Congreso de la República cumplió una importante función de apoyo a la política de seguridad ciudadana al modificar algunas normas de nuestra legislación penal, clausurando determinadas puertas que empleaban los delincuentes para evadir la acción de la justicia.
En primer lugar, se establece la posibilidad de apresar a los acusados de cometer delitos cuya condena es de cuatro años o menos. Antes, los infractores de la ley que perpetraban ilícitos menores no podían ser detenidos, ya que para dichas penas no existía la prisión efectiva; hoy desaparece tal disposición y la razón es simple: durante los últimos años una serie de personas al margen de la ley cometía delitos menores sabiendo que al no existir prisión efectiva no se le aplicaría ningún castigo y seguía delinquiendo.
Esa sensación de impunidad no sólo alentó a muchos a cometer ese tipo de ilícitos, sino que constituyó una de las principales razones de la violenta reacción de los pobladores de algunas zonas populares, donde los ciudadanos aplicaron castigos físicos a los delincuentes que atrapaban. El mensaje que las autoridades de todos los poderes del Estado deben dar es: la impunidad no existe y tampoco aquella paradójica piedad hacia los crueles que termina generando la brutalidad para con los piadosos.
En segundo lugar, la nueva legislación restableció los criterios de reincidencia y habitualidad como agravantes al momento de procesar a un inculpado. Desde nuestra perspectiva, constituyó un error la eliminación de dichas figuras porque ello le quitaba al criminal el estímulo para regenerarse. Si el reincidente tiene el mismo castigo que el que delinque por primera vez, deberíamos preguntarnos, ¿por qué no reincidir? Contra lo que muchos creen, aquellos marginados de la ley se informan bien respecto a las sanciones que pueden sufrir y, a partir de ello, calculan los riesgos y las recompensas posibles.
Hoy, se cierran las puertas, que una cosmovisión ingenua del delito abrió, de quienes viven al otro lado de la ley. Lo que faltaría es procesar a los que cumplen sentencias y cometen nuevos delitos desde sus centros de reclusión. No debería dejarse ninguna rendija para que los malhechores utilicen la impunidad.
Lo que debemos plantearnos ahora es cómo manejar con eficacia una estructura carcelaria que cumpla con sus finalidades. El trabajo, naturalmente remunerado, de los propios reclusos desempeñaría un papel vital a fin de financiar parte del presupuesto de las prisiones. Finalmente, tendríamos que analizar con seriedad la probabilidad de una participación del sector privado en el sistema penitenciario.

10/10/05 FUENTE: EL COMERCIO PAG LIMA