| Titular
del Interior, Rómulo Pizarro, dice que su sector recibirá
S/. 1,498 millones menos.
El Ministerio del Interior solicitó para el 2006 un presupuesto
de 4,712 millones de soles, pero el Ministerio de Economía y
Finanzas (MEF) sólo aceptó entregarles 3,214 millones
de soles. Esta información fue revelada por el titular del Interior,
Rómulo Pizarro, quien detalló que el próximo año
tendrá un déficit de apertura de 1,498 millones de soles.
El integrante del Ejecutivo asistió a la Comisión de Presupuesto
del Parlamento, donde sustentó el pliego presupuestal de su sector
para el 2006, el mismo que fue elaborado durante la gestión de
Félix Murazzo.
Con el monto asignado –explicó Pizarro– no se podrá cubrir
las vacaciones, viáticos, vestuario de los efectivos policiales,
ni el combustible y Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito
(SOAT) de sus unidades, así como el pago de sus proveedores.
Es por eso, explicaron voceros del Interior, que el lunes último,
el presidente Alejandro Toledo anunció algunas medidas para paliar
estas carencias. Entre otras prometió que el personal policial
recibirá un aumento de 110 soles a partir del próximo
año. Incluso señaló que se les pagará las
vacaciones del 2004 y 2005, además de ampliar el rancho en todas
las comisarías.
Al respecto, los voceros del portafolio explicaron que estos beneficios
sí se concretarán porque son financiados con recursos
que no provienen del Ministerio del Interior, sino de una partida especial
elaborada por el MEF.
UNA
REFORMA MAL PLANTEADA 24/09/05 FUENTE: EL COMERCIO PG OPINIÓN
Ya no habrá huelga policial. El aumento de sueldo y la mejora
del bienestar policial desactivaron la amenaza, fue una negociación
de contenido gremial, de corte político y entre bastidores.
El
resultado es positivo. Pero, por atender sus urgencias y tratar de resolver
los problemas de la PNP, es que a menudo nos olvidamos de las cosas
de fondo. La policía no solo es una institución, también
es un servicio público -y vaya que es necesario-, pero también
es un poder.
En muchos países existen más de una institución
policial que cubren distintos servicios de policía de acuerdo
con su carácter nacional, regional o local. En nuestro país,
en cambio, desde l988 solo existe una única institución
policial, la PNP, como resultado de la unificación de la Guardia
Civil, PIP y Guardia República. Esta unificación fue una
decisión inevitable, es que apremiaban las exigencias de la lucha
contra el terrorismo.
Pero, precisamente, por el contexto de la violencia armada y la necesidad
de conseguir la unidad del comando y la fluidez de sus operaciones,
es que se descuidó el contacto con la población. En realidad,
se favoreció el desborde de una identidad asentada en demasiados
rasgos militarizados, de fuerza acuartelada. Con el gobierno de Fujimori
se acentuó su dependencia militar. Así, a partir de los
años 90 tanto los ministros del Interior como quienes controlaban
los ascensos policiales definían la cúpula policial y
manejaban las adquisiciones del sector, eran seleccionados generales
del Ejército. El poder y la presencia de Montesinos y el SIN
se respiraba por todo el edificio de Córpac.
Ahora, quedando simples rezagos subversivos y reinstalada ya la democracia
hace cinco años, pareciera que todavía no hemos aquilatado
suficientemente estas graves secuelas que se expresan en el sentido
común de muchos miembros de la PNP. Aunque el esfuerzo interno
realizado sea meritorio y se haya querido dotarla de una nueva ley orgánica
a favor de una estructura más acorde con las actuales necesidades
del país, en verdad, los resultados son desiguales. De un lado,
las direcciones y unidades especializadas como la Dircote, Dirandro,
Diroes, etc. Muestran un aceptable desempeño tomando en cuenta
sus pocos recursos y muchas restricciones. Pero, donde se notan serias
deficiencias es en las comisarías, en la lucha contra la delincuencia
común, su relación con la comunidad, el municipio y a
favor de la seguridad ciudadana. El Sinasec, remedando lo que los militares
impulsaron como Sinadef, no puede funcionar bien.
¿Por qué lo anterior? Porque la eficiencia de las direcciones
especializadas depende fundamentalmente de la técnica, calificación
de efectivos y recursos policiales. Pero el servicio local de policía,
el de las comisarías, a favor de la seguridad ciudadana, depende,
además, de la confianza de la población. Y esta se gana,
entre otras cosas, si el efectivo policial se muestra integrado a la
dinámica democrática e idiosincrasia local.
¿Se acuerdan de Ilave? ¿De los policías encerrados
en su comisaría? ¿Qué se ganaba desfilando mejor
que los soldados cuando muchos de sus efectivos no entendían
el aimara? Este es el verdadero problema de las actuales comisarías,
particularmente del interior, además de los sueldos y necesidad
de más patrulleros.
Que no traigamos a confusión. Apostamos a fortalecer una única
institución policial, la PNP, pero con dos servicios de policía
claramente diferenciados; uno nacional y especializado, y el otro, local,
que cubra profesionalmente las necesidades de la seguridad ciudadana
definidas por la autoridad democráticamente elegida y que debiera
ser la políticamente responsable. Para que no quede en el limbo,
por ejemplo, la responsabilidad de la tragedia ocurrida en Mesa Redonda.
De ser así, ya verán cómo se preocupará
el alcalde de llevarse bien con el comisario y viceversa (si la opinión
de la población respecto del comportamiento policial es valedera
y sirve para los ascensos), cómo empiezan a fluir los recursos
del serenazgo hacia la policía, cómo la población
sentirá como suya la comisaría y no de propiedad de un
ente ajeno, y, por último, cómo el policía de la
comisaría afirma su autoestima y se siente verdaderamente útil
en su vida profesional y cotidiana.
Lo que está en crisis no es la PNP ni el poder de policía.
Tampoco el servicio nacional, especializado. Lo que se requiere es redifinir
el servicio local de policía, darle un carácter democrático
y comunitario. Nada más, pero nada menos.
Carlos
Tapia
Sociólogo
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