| El
informe de El Comercio sobre la metrópoli que seremos evidencia
la urgente agenda sin afrontar en Lima: hay que liderar ese proceso
y evitar que la ciudad sea este aluvión sin pronóstico
que hoy es. La ciudadanía cree que Lima no ofrece futuro. Ni
seguridad ni estímulos ni horizontes. Y, por tanto, obviamente
no ve al alcalde como un verdadero gestor, sino como un acertado y pragmático
administrador de lo cotidiano.
La ciudad de hoy son hechos consumados que nadie orquesta y no un proceso
de desarrollo. Crece mayoritariamente donde puede y como puede. Sin
carta de navegación para cohesionar con visión de conjunto
los absurdos 42 pedazos de este rompecabezas, los diferentes distritos
se gestionan como si fueran islas, en sus territorios cuyos perímetros
no tienen verdadera correspondencia con sus posibilidades, sus oportunidades
y sus conflictos.
Desarrollar no es sinónimo de intensificar, y menos cuando el
modelo general falla gravemente, cuando la ciudad es desigual, fragmentada
y fracturada, y cuando se trata de una metrópoli de este calibre
con sus cientos de kilómetros y sus millones de horas perdidas.
Hay que cambiar ese viejo modelo de "conos" que significan
exclusión perpetua y conducen a puntos de saturación acumulativa,
con la misma lógica microbusera de "al fondo hay sitio".
Se debe crear nuevas centralidades, gestionar reequilibrios, tener idea
de conjunto, construir estrategias para que el proceso sea una recalificación
progresiva, un "up-grading".
Con pocas herramientas, con improvisaciones, algunos consejeros cortesanos
y reacciones al día a día no se puede afrontar de verdad
las serias crisis urbanas interiores. Como la del viejo Centro de Lima
, que se agrava con su millón y medio de metros cuadrados vacíos
y su pobreza acumulativa. Ayudarán algunas obras como Grau, pero
no hay horizonte y por eso no hay inversión, sino edificios cerrados.
El tema de claves para cambiar es amplio, pero solamente incluyo algunas
evidencias de que la municipalidad debe ser un gestor y no un convidado
de piedra en el proceso de la ciudad.
Tener un plan territorial es indispensable e impostergable. Para establecer
reglas de juego y horizontes claros para inversiones públicas
y privadas.
Y organizar en él algunas regiones urbanas: Lima norte, Lima
este, Lima sur son tres esenciales, siendo San Juan de Lurigancho (donde
vive más gente que en las segundas ciudades del Perú)
un caso especial por ser hoy un espacio autocontenido.
Definir y alentar centros y subcentros, allí donde hay condiciones
y potencialidades, superando las ya desfasadas visiones de monocentralidad
o las inviables y fracasadas de apostar solamente a tres. Y ello significa
no solo dar normativa, sino inducir inversiones, creando condiciones.
Propiciar así una ciudad homogénea y multifuncional, donde
se distribuya igualitariamente el empleo, la educación, los servicios,
disminuyendo los viajes innecesarios (a educarse, a comprar) que hoy
son más del 60%.
Hay que ordenar ya el caótico transporte urbano, cuyas 430 líneas
y rutas concedidas son un absoluto disparate y cuya lógica debe
orquestarse no como pelos en la ducha, sino como un sistema que tenga
como armazón principal el sistema de buses articulados, que también
debería dar la base para densificar ejes de desarrollo pues habrá
cambios en función de los tiempos disminuidos de desplazamiento.
El transporte es una llave para inducir inversiones privadas y debe
afrontarse así.
Olvidar sueños de opio como el plan japonés para que gastemos
5.500 millones en trenes intraurbanos. Y pensar más bien en trenes
para enlazar el extrarradio de ciudad. Por ejemplo, al sur el tren existente
que llega a Villa El Salvador debería extenderse y acercar Pucusana
, Punta Hermosa, Punta Negra y San Bartolo, cuya vocación actual
es volverse suburbios y ya no solamente balnearios de estación.
Y al este y al norte hay que articular similarmente la ciudad extendida.
En resumen, Lima necesita proyecto y plan. Que hoy son lo mismo, como
lo probó Barcelona recuperando su mar, su centro y sus periferias,
no con frases ni políticas de gestos, sino con estrategias y
propuestas físicas claras. Ojalá el alcalde Castañeda
lleve su liderazgo adonde están sus responsabilidades.
Augusto Ortiz de Zevallos
Arquitecto y urbanista
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