| Un
programa de Cáritas descubrió luego de dos años
de trabajo de campo en las comunidades de Puno que hay cientos de niños
con discapacidades que merecen apoyo
El pequeño Huchi, llamado así con cariño por sus
padres y hermanos, padece una parálisis cerebral severa que lo
tiene postrado en cama desde su nacimiento. Vivía prácticamente
escondido y su mundo se reducía a la habitación de adobe
y techo de paja de la rústica vivienda familiar, situada en la
comunidad campesina Collana, en Azángaro. Mayfel Leonel Laruta
Ccuno, a sus 9 años, tiene la contextura física de un
niño de 3. En realidad, según los médicos, hace
tiempo pudo haber fallecido, pero el cariño de sus padres y cuatro
hermanos lo mantiene aferrado a la vida. Para muchos, tiene una vida
sin posibilidades en el futuro, sin poder disfrutar del imponente paisaje
que se vislumbra desde su casa, ubicada en una pequeña cima,
que muestra inmensos pastizales y campos de cultivos.
SIN OPORTUNIDADES
Una vida que, según los especialistas, pudo haber tenido la oportunidad
de recibir alguna forma de estimulación temprana para controlar
su mal. Pero ello nunca ocurrió. La situación de Huchi
es solo uno de cientos de casos de discapacidad identificados en algunas
comunidades campesinas puneñas por el proyecto Rehabilitación
Basado en la Comunidad (RBC) de Cáritas-Puno, iniciado hace dos
años atrás. La responsable del programa, Yeraldine Rosado
Tapia, dice que su ámbito de acción se centra en ocho
comunidades campesinas de los distritos de San Antón y Azángaro.
Ella, junto con varios promotores voluntarios, detectó 162 casos
de discapacidad. "El trabajo no ha sido fácil, encontramos
mucha resistencia en la comunidad. Ocultan a sus parientes con estos
problemas por no tener medios para llevarlo donde un especialista o
simplemente al temor del que dirán", afirma Yeraldine.
El caso de Mayfel recién fue detectado en diciembre del año
pasado. Antes, el personal efectuó un trabajo de sensibilización
en los padres para convencerlos de los beneficios del proyecto. Hoy,
Valeriano Laruta Machaca y Maximiliana Ccuno Aquino, padres de Mayfel,
ya no tienen complejos en mostrar a su pequeño. Están
informados que el mal de su hijo no es un "castigo de Dios"
y albergan la esperanza de que un milagro lo cure. Por lo pronto, gracias
al apoyo del programa, Mayfel al menos ya es sacado fuera de su cuarto
y es acomodado en el patio de su casa al aire libre sobre una silla
artesanal de madera, confeccionada a su medida por los promotores de
RBC. "Cuando lo conocimos en enero de este año, tenía
la piel increíblemente blanca porque no tenía contacto
con el aire libre, su campo de visión era el techo de su cuarto.
Ahora sobre la silla que le construimos ya puede ver la campiña.
No es gran cosa, pero al menos aliviamos su sufrimiento", señala
Yeraldine.
La ayuda brindada a Mayfel y a otras personas con problemas de discapacidad
es financiada por Cáritas de Alemania y la Chistoper Blinding
Misión (CBM) de ese mismo país. Muestra de ello es Moisés
Layme Mamani (6), que padecía una malformación en el pie,
por lo que el proyecto costeó su operación el pasado mes
en Arequipa y ahora está en proceso de recuperación. Ello
le permitirá volver a la escuela sin ningún complejo.
Igualmente, Wilson Quispe Sancas (12), que padece de distrofia muscular
progresiva, ahora se sienta en una silla donada para él del extranjero.
Con ella ahora puede asistir a la escuela especial Madre Francisca Pascual
Doménech de Azángaro. Aunque los recursos no siempre alcanzan,
los pobladores están agradecidos de que sus hijos ahora puedan
sonreír.
CARLOS FERNÁNDEZ BACA
PUNO EN EL SEGUNDO LUGAR LUEGO DE LIMA
Según estadísticas del INEI, después de Lima, la
región Puno es donde se registran el mayor número de personas
con alguna discapacidad. En el ámbito puneño, la provincia
de Azángaro es la que tiene más casos.
Esas cifras están siendo plenamente confirmadas por el proyecto
RBC de Cáritas- Puno, pese a que el programa solamente trabaja
en ocho de las más de 60 comunidades campesinas con que cuenta
la provincia de Azángaro. En otros términos, los 162 casos
de discapacidad detectados por el equipo de Yeraldine Rosado, podrían
multiplicarse en muchos más si el proyecto se extendiera hacia
las demás comunidades.
Además de Cáritas-Puno, en el proyecto también
están involucrados Cáritas de Juli y Ayaviri. El trabajo
de las tres organizaciones da como resultado 599 casos. De todos esos,
288 son mujeres y 311 varones de todas las edades. En la mayoría
de casos prevalecen cuadros de deficiencias físicas, seguido
de ceguera y baja visión y sordera, entre otras discapacidades.
El programa en si, consiste en llevar ayuda médica a estas personas
en sus propias viviendas y con participación de la misma comunidad.
Es decir, no buscan captarlos para llevárselos hacia algún
centro asistencial de salud.
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