| AMISTE
EN PALACIO
• Anoche se acordó que ‘imprecisiones’ de la ordenanza regional
que legaliza los cultivos de coca en tres valles del Cusco serán
corregidas mediante la reglamentación.
• También participaron en la reunión el presidente Toledo
y Nils Ericsson, de Devida.
Carlos Carrillo y Redacción La República.
Antes de entrevistarse con el presidente Toledo, Carlos Cuaresma devolvió
ataques a su antojo mientras repartía bolsitas de hoja de coca
como si se tratara de volantes en pleno mitin. El presidente regional
del Cusco se convirtió en el protagonista de una maratón
verbal en defensa del “cultivo sagrado” y en su lucha no paró
hasta llegar a Palacio de Gobierno.
Pero la reunión con el Jefe del Estado, el premier Carlos Ferrero
y Nils Ericsson de Devida no solo se debía a que Cuaresma estaba
obligado a explicar los alcances de su controversial ordenanza que permite
legalizar la producción de coca en los valles de La Convención,
Yanatile (Calca) y Q’osñipata (Paucartambo), sino a su postura
partidaria. Cuaresma, miembro del FIM, el grupo aliado del gobierno,
debía sustentar ante el Jefe del Estado si su defensa de la norma
justificaba propiciar un enfrentamiento con el bloque gubernamental
(léase Perú Posible) encabezado por el premier Carlos
Ferrero. Como era de esperarse, Fernando Olivera, el líder del
FIM, fue quien pactó la cita.
El ritual
Pese al compromiso que le esperaba en la noche, Cuaresma no se amilanó
en las horas previas. Luego de que el fin de semana el Presidente del
Consejo de Ministros dejara entrever que la ordenanza terminaba por
beneficiar al narcotráfico, Cuaresma aprovechó la mística
ceremonia de promulgación de la ordenanza en el Cusco, para declararlo
“persona no grata y anticusqueño”.
“Los centralistas limeños como Carlos Ferrero, Nils Ericsson
y Fernando Rospigliosi olvidan que al pisar suelo cusqueño piden
su matecito de hoja de coca. Advertimos a Ferrero que no es cierto que
nosotros tengamos la intención de convertir el Cusco en centro
y cabeza del narcotráfico”, dijo Cuaresma durante su atiborrado
ritual en la plaza Túpac Amaru que se inició al mediodía,
justo en el momento en que el Sol se halla en el cenit y en el solsticio
de invierno.
Ya en el transcurso de la tarde, Cuaresma viajó a Lima para reunirse
con la prensa capitalina. Y en la sala Gustavo Mohme Llona, del Congreso,
bajo los reflectores y frente a los micrófonos, de nuevo dirigió
sus críticas contra Devida, a la que calificó de institución
improductiva y, de paso, tildó al ex ministro del Interior Fernando
Rospigliosi de “político de alquiler”.
Cuaresma no le perdona al ministro Rospigliosi haber señalado
días atrás que con la ordenanza regional el país
“habría dado un paso decisivo en el camino del caos”.
Y enérgicamente el presidente regional insistió en su
tesis: “¡Para nosotros no hay marcha atrás! Es una norma
coherente”... Si bien Cuaresma manifestó estar dispuesto a defender
la ordenanza ante el TC, al final hizo las paces con Ferrero y Ericsson.
El cusqueño dijo que lo de declarar “persona no grata” al Premier
solo fue por “el calor del momento”. ¿Y qué pasará
con la norma? Según Carlos Ferrero, algunas imprecisiones de
la ordenanza serán corregidas con la reglamentación. Metafóricamente,
podría decirse que chaccharon la coca de la paz.
Un mensaje político para los campesinos
En la tribuna de los especialistas, las opiniones también están
divididas. Mientras el sociólogo Jaime Antezana sostiene que
“la ordenanza resulta peligrosa ahora que se ha incrementado la producción
de hoja de coca”, el abogado Ricardo Soberón sostiene que la
norma no se contrapone a ninguna ley marco y tampoco a las normas internacionales
sobre la materia.
”Lo
único que hace la ordenanza es reconocer un área de consumo
tradicional, pero tampoco resuelve el problema de fondo de los cultivos.
Hay que entender que es un mensaje político para un sector de
campesinos que hace tiempo estaba pidiendo ese reconocimiento”, manifiesta
Soberón.
En
contraparte, Antezana señala que es falso que más del
80% de la producción de los cultivos del Cusco sea vendido a
Enaco, o sea, que se trate de coca legal. Según el especialista,
el Cusco tuvo una producción de más de 17 mil toneladas
de cultivos el año pasado, de las cuales solo 2,520 fueron vendidas
a Enaco. Y eso sin contar los cultivos de las zonas de Quimbiri y Pichari
que limitan con Ayacucho y se especula que abastecen al narcotráfico.
Datos
COMITIVA. Para la reglamentación de la ordenanza regional, Cuaresma
informó que se contará con la participación de
la Comisión Andina de Juristas, el Colegio de Abogados del Cusco
y los propios productores cocaleros.
CRITICAS. Horas previas a su reunión con Cuaresma, el presidente
de Devida, Nils Ericsson calificó de acto irresponsable la promulgación
de la ordenanza y dijo que Cuaresma tiene “una desmedida ambición
política
AYACUCHO Y HUÁNUCO TAMBIÉN APROBARON ORDENANZAS 22/06/05
FUENTE: LA REPUBLICA PG POLÍTICA
En estos casos también se declara a la hoja de coca como patrimonio
cultural.
La reivindicación de la hoja de coca como patrimonio cultural
es un pedido de hace varios años de diversas federaciones de
campesinos. Una demanda a la que no solo ha accedido la región
Cusco, sino también Ayacucho y Huánuco.
En el caso de Ayacucho, la ordenanza fue aprobada el 9 de junio de 2003
por el presidente regional Omar Quesada a pedido del consejero regional
de La Mar, Pedro Yaranga Quispe. En esa misma norma, se declara a los
valles de los ríos Apurímac y Ene como zona de producción
tradicional de la hoja de coca, “reconociéndose su comercialización
e industrialización lícita”.
Si embargo, como sostiene Jaime Antezana, más del 90% de los
cultivos de estos valles va al narcotráfico. Se calcula que de
las 28,347 toneladas métricas que produce anualmente Ayacucho,
solo 138 toneladas son compradas por Enaco.
El caso de Huánuco es similar. En julio de 2004, su presidenta
regional, Luzmila Templo, aprobó una ordenanza declarando la
hoja de coca como “patrimonio cultural y de seguridad alimentaria”.
Al estilo de Carlos Cuaresma del Cusco, Templo promulgó la norma
en medio de los vítores de los campesinos del valle del Monzón
que dirige Iburcio Morales. Dicha zona es una de las principales fuentes
del narcotráfico.
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