EL ASALTO A LA COMISARÍA DE ANDAHUAYLAS

El 1 de enero de este año, aproximadamente a las 4 de la madrugada, el mayor en retiro del Ejército Antauro Humala Tasso encabezó una nueva y fatal aventura político-sediciosa. Sus seguidores invadieron la comisaría de Andahuaylas y tomaron a varios policías de rehenes.
Los autodenominados etnocaceristas se apropiaron de armamento, municiones y uniformes que hallaron en el interior del local policial. Con el paso de las horas, Humala recibió el apoyo de gran parte de la población andahuaylina. El mayor en retiro exigía la dimisión del presidente Alejandro Toledo y de una parte de la cúpula militar. También demandaba el respeto en el orden de ascensos en las Fuerzas Armadas.
Al cabo de una semana, el movimiento fue debelado y Humala detenido. Con él cayeron decenas de seguidores, en tanto que otros fueron capturados posterioramente por la policía. Figuró entre los últimos, Daniel Ludeña Loayza, alias 'Centinela', sindicado como el autor de la muerte de por lo menos dos de los cuatro policías caídos. Un video de un canal de televisión, lo ha señalado como tal. Ludeña Loayza, a través de la entrevista que publicamos hoy, afirma que él se entregó y que busca poner en claro aspectos oscuros de su participación en la asonada. Pide, además, ser investigado y juzgado por la justicia militar, toda vez que, según afirmó, cometió el presunto delito cuando se encontraba sirviendo en el Ejército. Será el Poder Judicial el que determine si es verdad lo que aquí afirma.
"Antauro quiere limpiarse conmigo"
El 'Centinela' asegura que Humala les mandó matar. Dice que ni siquiera le pone abogado. "Ahora el mayor niega conocerme"
"Humala nos dijo: Mátenlos"
Sindicado como el autor de los disparos que acabaron con la vida de, por lo menos, dos policías en Andahuaylas, Daniel Ludeña expone ahora su versión.

Daniel Ludeña Loayza 'Centinela' era un soldado en actividad que se involucró el mismo día de la revuelta de enero último con las sediciosas huestes etnocaeristas, donde perecieron abaleados cuatro policías. Según su versión, él mató a uno de ellos, aunque medios de prensa le atribuyen el remate de por lo menos dos policías. Ludeña, entrevistado en la cárcel de Piedras Gordas, dio su versión en detalle a El Comercio.
¿Qué edad tiene?
21 años.
¿Cuándo estuvo en el Ejército?
Estuve en el servicio activo [Servicio Militar Voluntario] entre junio del 2004 y diciembre del mismo año. ¿En qué unidad? En el Cuartel Los Chankas, en la Infantería Motorizada 63.
¿Con qué grado?
En esos días iba a ascender a cabo. Solo llegué a ser soldado.
¿Qué tipo de armas aprendió a manejar?
Solo aprendí a disparar FAL [Fusil Automático Ligero].
¿Cómo hizo contacto con Antauro Humala?
No he tenido ningún contacto [previo] con él.
¿Entonces cómo se involucró en el movimiento?
La gente de Antauro Humala me llevó con engaños. Uno de ellos era un tío alto y el otro bajo.
¿Dónde estaba cuando ocurre la asonada de Andahuaylas?
Yo trabajaba allí en el restaurante El Príncipe.
¿Había hecho abandono de destino?
No, yo estudiaba y trabajaba de domingo a viernes, y el sábado regresaba al cuartel.
¿Y ese sábado en la madrugada, día en que estalla la revuelta?
Estuve en una fiesta en la Plaza de Armas de Andahuaylas hasta las 3:00 de la madrugada aproximadamente. Había estado tomando, luego me fui a descansar a un hostal y, como a las 4 de la madrugada o más, reventó algo que sonó como una bomba. Pensé que era una llanta de carro. No pensé que eran los Humala.
¿Qué pasó luego?
Debido a la bulla, me levanté como a las diez u once de la mañana del sábado 1. Salí a la calle y vi que había mucha gente y que habían destrozado dos carros de la policía. Me acerqué a la comisaría y vi en la puerta a dos policías borrachos.
¿Qué actitud adoptó posteriormente?
Pregunté qué había pasado y me dijeron que los etnocaceristas habían tomado la comisaría. En la puerta me encontré con el dueño del restaurante que me llevó a tomar desayuno al local. Me senté en una mesa y me quedé dormido.
¿Y en qué momento se une al movimiento?
Llegaron los dos tíos que le he comentado y pidieron gaseosas y galletas. Los dos estaban de civil, no vestían uniforme. Entré al baño a lavarme la cara y cuando salí me preguntaron si es que yo era licenciado. No, soy del servicio activo, les dije.
¿Qué más le dijeron?
Que necesitaban varios soldados para que apoyaran el movimiento y que uno de ellos era yo. Me indicaron que si ganaban esa lucha me daban el grado de oficial. Yo inicialmente me opuse, pero ellos insistieron y finalmente me indicaron que los siguiera, que me iban a presentar al mayor Humala.
¿Hacia dónde se fueron?
A la comisaría. Me hicieron entrar. Adentro, yo preguntaba por el mayor Antauro Humala. Justo a las 4:30 de la tarde entra el mayor Humala y me lo presentan.
¿Ya se había puesto el uniforme?
Sí. Me habían dado un uniforme de policía, todo de color verde, chaleco antibalas y una pistola con una cacerina abastecida. No me dieron zapatos. Yo usé los míos.
¿Habló con Antauro Humala?
Sí, pero éramos unos 50 dentro de la comisaría, todos vestidos de civil o militar.
¿Qué les dijo él?
Que cuando la policía nos ataque, que respondiésemos también con disparos.
¿Al cuerpo?
O sea, nos dijo que debíamos responder a los que estaban disparando.
¿Les dijo que debían neutralizarlos?
Sí.
¿Les dijo que debían matarlos?
Allí en ningún momento dijo que había que matarlos, sino que debíamos defendernos.
¿Y qué pasó luego?
Más o menos a las diez u once de la noche en la comisaría me dieron un fusil AKM, pero como a las 4 de la madrugada los policías empezaron a tirar bombas lacrimógenas contra la comisaría. No respondimos el ataque.
¿Qué pasó a las seis de la mañana de ese domingo?
La policía empezó a disparar contra nosotros. Yo me encontraba en la puerta de la comisaría y los etnocaceristas, que estaban en las barricadas a una cuadra, pedían ayuda.
Siga, por favor.
Entonces me dijeron [los etnocaceristas] 'vamos chato'. Yo no quería ir, pero ellos rastrillaron sus armas y casi me obligaron. Yo acepté y los seguí. De allí me he ido al puente donde ya se había producido un enfrentamiento.
¿Qué pasó con los policías que murieron cerca del puente?
Yo he visto tres policías tendidos en el piso. Dos estaban muertos y uno herido. El que estaba en el río también estaba muerto.
No fue así. Estaba herido, yo, que estaba en Andahuaylas en cobertura periodística, lo vi con vida hasta que lo subieron a la ambulancia; luego murió.
Bueno, yo pensé que estaba muerto porque estaba boca abajo.
Sea más preciso. ¿Qué hora era?
Mas o menos las seis de la mañana.
¿Llegó Antauro a ese lugar?
Él llegó para ver qué estaba ocurriendo y ordenó a toda la gente: ¡mátenlos! Así nos dijo a todos.
¿Dio esa orden viendo que los policías estaban tirados en el suelo?
Sí.
¿Estaba armado Antauro Humala?
En esos momentos tenía un fusil en las manos.
¿Y luego qué hizo usted?
Yo escuché la orden y me fui a ver a los policías. El que estaba herido en el piso sacó su pistola y me disparó. La bala me rozó la cabeza [señala el lugar donde hay una pequeña cicatriz]. Me hizo estremecer y mi dedo que estaba en el percutor [probablemente se refiere al gatillo] se movió, apreté y disparé.
¿Contra el policía herido?
Sí, pero fue porque su disparo me sacudió. Yo no tuve intención de dispararle ni de matarlo, pero le cayó.
¿Y qué pasó con los otros dos policías?
A ellos ni les disparé, ni me acerqué. Inmediatamente me di media vuelta y me fui al río porque así me lo ordenaron otros etnocaceristas.
¿Bajó al lecho del río donde se encontraba herido el teniente Chávez?
Sí, bajé, pero yo pensaba que estaba muerto. Le quité su pistola y después levanté el brazo mirando hacia la parte alta del puente. Dije: '¡es una pistola!'.
¿A quién le dijo eso?
A la gente de Humala, porque desde arriba me preguntaban qué arma tenía.
¿Qué hizo con la pistola?
Todas las armas que recuperamos de los policías se las entregamos a Antauro Humala en la comisaría. Yo mismo le entregué la pistola, y Humala me dijo: ¡está bien! Después de eso me fui a mi casa.
Después que acabó todo, ¿se ha visto con Antauro Humala?
Sí, aquí, en el penal, hace algunos días. Yo le dije: '¿Cómo es mi mayor, cómo vamos a arreglar? Aunque sea póngame un abogado'.
¿Qué le respondió?
Me dijo que no me conocía y le ordenó al técnico del INPE que me sacara. 'Llévese a ese señor', le dijo.
¿Y qué le indica esa actitud?
Antauro Humala me quiere echar la culpa. Quiere limpiarse conmigo, salir libre y embarrarme.
Una última pregunta: ¿de dónde salió el apelativo de 'Centinela'?
No lo sé. Yo creo que ese apodo me lo puso la prensa .


Alfredo Alí Alava
Unidad de Investigación
Estuvo junto con 'Momón', 'Panetón' y 'Negro Nicho'
Inicialmente Ludeña fue confinado en el pabellón 2, pero luego lo reubicaron en el 5

De baja estatura y caminar un tanto 'achorado', Daniel Ludeña Loayza parece haber curtido su temperamento en los dos meses y medio que estuvo recluido en el pabellón 2 del Penal de Piedras Gordas. Allí, a sus escasos 21 años, se vio de pronto envuelto en la rutina y reglas propias de avezados delincuentes considerados los más feroces de los últimos años.
'Negro Nicho', 'Panetón', 'Momón' y 'Petete', entre otros tristemente célebres asaltantes que hoy pagan sus culpas con sentencias que van de los 15 a 25 años de penitenciaría, han sido sus compañeros de prisión en el pabellón 2, de clasificación A, que es reservado para los reos más peligrosos e incorregibles.
Lejos de amedrentarlo, estos reos protegieron a 'Centinela', quien fue adoptado como un hijo caído en desgracia durante su breve estadía. Probablemente se conmovieron al ver a un sujeto, casi adolescente, no solo purgando prisión sino mezclado con los más avezados del hampa criolla.
Ludeña, además, no tiene quién lo visite cada domingo, como sus nuevos compañeros. Sus familiares viven en Andahuaylas y, aquí en Lima, solo tiene una hermana que, al parecer, no dispone del tiempo necesario para acudir semanalmente a Piedras Gordas. Aquello también habría conmovido a suscompañeros de prisión. Por el hecho de ser primario, joven y no asaltante ni secuestrador, 'Centinela' nunca debió estar recluido en ese ambiente de máxima seguridad.
La abogada Luisa Jáuregui, presidenta de la ONG Centro Peruano para una Justicia Social, demandó a través de escritos y denuncias su reubicación en un pabellón para presos primarios. El pedido fue atendido, y, desde el viernes 15 de abril, Ludeña Loayza es el nuevo inquilino del pabellón 5, donde moran reclusos de menor cuantía. Sin embargo, pese a que allí cuenta con algunas ventajas que no tenía en el otro pabellón, el 'Centinela' dice extrañar a 'Petete' y compañía.

 

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24/04/05 FUENTE: EL COMERCIO PG TEMA DEL DIA