| El
destacado periodista Andrés Oppenheimer sostiene en su columna
del Miami Herald de fecha 10 de abril, reproducida en el diario El Comercio,
el 17 de abril pasado, que se habría iniciado una incipiente
carrera armamentista en la región. Para ello ilustra los casos
de adquisición de material bélico por Venezuela, Colombia,
Chile y Brasil.
En el caso de Chile, la presentación de la hipótesis coincide
con la reciente presentación al estilo hollywoodense de uno de
los diez cazabombarderos F-16 que la compañía Lockhead
Martin con sede en Texas, Estados Unidos, está construyendo para
Chile. En febrero del 2002, Chile firmó un acuerdo con el gobierno
de los Estados Unidos para comprar estas aeronaves en el marco del programa
de ventas militares Peace Puma. Según fuentes de la propia compañía,
Chile se convirtió en el cliente número 22 de los F-16
a nivel mundial y el segundo en Latinoamérica.
El ministro de Defensa chileno Ravinet recalcó que el avance
tecnológico que implican estos aviones no amenaza a nadie, sino
que, al contrario, garantiza la seguridad del país y también
contribuye a la paz mundial y regional.
Frente a esta noticia, las autoridades políticas peruanas encabezadas
por el Premier han manifestado su extrañeza frente a estas adquisiciones.
Algunos líderes políticos han ido más allá,
expresando las sensaciones que genera la adquisición de este
material bélico, que puede dar pie a la percepción de
una amenaza, ya que se estaría rompiendo el equilibrio estratégico
en la región. Según el congresista Gonzales Posada: “Estas
naves solo podrían ser utilizadas en una guerra internacional,
no pueden ser usadas ni para combatir narcotráfico ni el terrorismo.
¿Para qué se está comprando estas armas sin paralelo
si se habla de integración y se ha creado la Comunidad Sudamericana
de Naciones? Todo indica que se ha iniciado una verdadera carrera armamentista
en la región”.
En nuestra opinión las condiciones de América Latina no
justifican la necesidad de estos aviones, los F-16 son aeronaves tan
sofisticadas que resultan innecesarias en la subregión. Para
encontrar una suerte de explicación a este fenómeno, Rut
Diamint, experta argentina en temas de defensa, sostiene que ”la espiral
armamentista que fue la lógica de los años 50, 60, 70
hoy ya no es válida en la región. El problema de Chile
es que el gobierno democrático todavía no ha podido controlar
a sus fuerzas armadas, y la presión por reequipamiento es todavía
una prerrogativa de la Fuerza Armada Chilena”.
A su vez, nosotros descartamos la posibilidad del desarrollo de una
carrera armamentista en la región. ¿Quiénes estarían
con posibilidades en el partidor? Consideramos que la diplomacia es
la vía capaz de resolver cualquier diferencia que se presente
entre nuestros países, cuando se produce la adquisición
de armamento sofisticado que pueda provocar desequilibrios estratégicos
en la subregión.
Cabe recordar que en enero de este año, los gobiernos del Perú
y Chile iniciaron con el concurso de la CEPAL y el Centro Regional para
la Paz, el Desarme y el Desarrollo en América Latina y el Caribe
de las Naciones Unidas, un proyecto de medición de los gastos
de defensa, tomando como ejemplo la experiencia obtenida de la metodología
estandarizada en el caso de Argentina y Chile.
En conclusión, necesitamos forjar en la subregión una
política multilateral, que fortalezca nuestras democracias con
señales claras. Una de ellas es examinar el gasto militar, a
fin de mantener la capacidad disuasiva de las fuerzas armadas de nuestros
países, sin desatender las necesidades inminentes de salud, educación
y saneamiento, entre otras, de los ciudadanos y ciudadanas de nuestras
naciones.
(*) Instituto de Defensa Legal
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