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Plan General de
Seguridad Ciudadana
La resaca de Combayo y Sion parecen disiparse. Hay nuevas propuestas y nuevos retos en la cartera del Interior. Así lo demuestra la presentación, que hizo el martes pasado, el Presidente de la República, Alan García y la Ministra del Interior Pilar Mazzetti., en relación al Plan General de Seguridad Ciudadana y de Orden Público para el 2007.

La ministra del Interior acompañada por el Director General de la Policía Nacional, priorizó cuatro ejes en su intervención: seguridad ciudadana, fortalecimiento de la Policía Nacional, erradicación de la corrupción y mejorar el bienestar de la familia policial.

Durante los últimos años el delito menor ha tenido un fuerte impacto en la vida cotidiana de los peruanos. Los robos a las calles, los robos a las viviendas, el pandillaje, y la micro comercialización de drogas; son los principales problemas asociados a la delincuencia e inseguridad ciudadana.

Para hacerle frente a este problema se han ensayado diversas respuestas. Muchas han puesto énfasis en el plano represivo como medida para paliar el crecimiento del delito menor. Sin embargo, son escasos los esfuerzos para prevenir los actos delictivos. Más allá de la consabida frase “La seguridad ciudadana es tarea de todos” no se ha priorizado esta tarea como política de estado. Lo más rescatable, en este sentido, es la dación de la ley 27933, Ley del Sistema de Seguridad Ciudadana que ordena y orienta las acciones del estado con la comunidad; para ello se ha constituido comités de seguridad ciudadana en todo el país, pero, es muy poco lo que se ha hecho por instalar una cultura de la prevención y una estrategia integral de combate a la delincuencia y la criminalidad.

No hay duda que el compromiso político es gravitante para hacer frente al crecimiento de la delincuencia y la criminalidad en nuestro país. Una gestión que encaré con decisión y se comprometa a llevar adelante planes y programas que conjuguen lo preventivo con lo represivo mostrará resultados en el mediano plazo que será muy valorado por la población.

Para nadie es sorpresa que existe un déficit de policías en nuestro país. Ya para 1990 con una población de 22 millones de habitantes el país contaba con 129 mil efectivos. Dieciséis años después la población peruana bordea los 27 millones de habitantes y el número de policías se ha reducido a 90 mil.

Hace bien la Ministra en plantear propuestas para superar este desbalance. Prometió que para enero del próximo año se contará con 5 mil 700 nuevos policías, teniendo como meta que al termino del quinquenio aprista se llegue a 20 mil efectivos adicionales. Una buena forma de proveer personal a la institución es la reasignación y redistribución del personal policial, dejar las labores administrativas y dar paso a nuevas promociones de las diecisiete Escuelas de Policías que existen en nuestro país.

La demanda por patrullaje y vigilancia es una constante en un grueso sector de la población. Por ello, el nuevo personal debe centrar su atención en zonas en las cuales la presencia policial es escasa, zonas en las que se han identificado altos niveles de delincuencia. Es decir, responder objetivamente a los mapas del delito y a la información proveniente de la última encuesta de victimización.

Fortalecer a la Policía Nacional, luchar frontalmente contra la corrupción y mejorar el bienestar policial son ejes fundamentales de la ansiada Reforma Policial ya en 1991 el Informe de la Comisión Especial de Reestructuración de la Policía Nacional del Perú da cuanta de ello.

La militarización y el alejamiento de la comunidad fue una de las consecuencias de lucha contra el terrorismo. Se reforzó la acción represiva y se dejo de lado la acción preventiva, del mismo modo, la politización del Policía Nacional y la subordinación a un proyecto autoritario. Fue durante los años del fujimorismo que la Policía estuvo subordinada a las Fuerzas Armadas, solo constatar que el Ministerio del Interior, durante todo el régimen, estuvo en manos de un General de División del Ejercito da cuenta de ello.

Uno de los graves problemas que complota contra el buen funcionamiento institucional y el bienestar policial es la corrupción. En los últimos años hay algunos avances tibios en esta materia, pero aún persisten diferentes niveles y modalidades que hace que la población sindique a la Policía Nacional como una institución con altos niveles de corrupción. Así lo demuestra la última encuesta realizada por IDL en noviembre pasado en Lima Metropolitana y el Callao.

Para enfrentar con éxito el combate a la corrupción en la Policía Nacional es imperativo fortalecer la Oficina de Asuntos Internos, La Oficina general de Administración (OGA) y la Inspectoría General; unidades que deben velar por el uso honesto y racional de los escasos recursos institucionales.

Existe una estrecha vinculación entre corrupción, eficiencia y el bienestar policial.

En la Policía Nacional hay tres rubros emblemáticos asociados directamente con casos de corrupción. La Caja Militar Policial, es una de ellas. El botín del régimen fujimorista fue “La Caja”, dedicada exprofesamente a cumplir intereses sub alternos de terceros y no a administrar las pensiones y compensaciones del personal de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Las “inversiones” en Cimex, el caso Rotex, la compra de acciones del Banco de Comercio y de Finsur, la compra del hotel Las Américas; da cuenta del manejo poco prolijo que se hizo durante la década pasada. Un calculo conservador asegura que la perdida durante estos años bordea los $250 millones de dólares.

El Fondo de Vivienda Policial (FOVIPOL) fue otra de las instituciones en la que la corrupción estuvo presente. Con el descuento del 5% del salario percibido del personal (que no es propietaria de una vivienda), más la contribución del estado que asciende al 2% se crea un fondo destinado e a la construcción de complejos de vivienda para el personal policial. Durante buena parte de los años noventa esta institución se convirtió en una empresa inmobiliaria: las “obras” realizadas por el FOVIPOL siempre fueron cuestionadas; por la sobrevaloración de los precios y la pésima calidad de los materiales empleados.

El Fondo de Salud Policial (FOSPOLI) fue otra las instituciones en los cuales la corrupción se mostró de manera clara. Al igual que el FOVIPOL está se mantiene con el aporte del personal policial que contribuye el 6% de la remuneración, aportando un total de 20 millones de dólares al año. Para ningún Policía es una novedad encontrar desabastecidas de medicinas el Hospital Central y los Centros Asistenciales de la Sanidad. Las compras sobrevaloradas, la compra de medicinas vencidas y el hurto a pequeñas escala de medicinas son una constante.

Las propuestas para un real cambio de la Policía Nacional ya se han planteado, lo que frena una seria Reforma Policial es el escaso o nulo interés de parte de la clase política. Sin decisión política el avance será lento o se corre el serio riesgo de abortar.

Es saludable escuchar al Presidente de la República y a la Ministra del Interior asumir los retos de brindar mejores niveles de seguridad y profesionalizar a la Policía Nacional. Ojala esta buenas intensiones se convierta en política de estado y estén acompañadas de políticas sectoriales que tengan impacto en la población, de lo contrario, será una vez más un saludo a la bandera.

 
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