Nancy Mejía Huisa
Instituto de Defensa Legal (IDL-SC)
El principio de la policía comunitaria es sencillo. Consiste, entre otras cosas, en poner a la policía realmente al servicio del distrito y su comunidad, ayudar a la gente a organizarse en juntas vecinales, y trabajar con ellos siempre en un plano de igualdad y respeto. Vecinos y policías comunitarios se potencian mutuamente. Si a eso se le agregara la participación activa y dirigente del alcalde distrital y la presencia de jueces de paz para imponer sanciones de restitución comunitaria a faltas menores, el progreso se notaría de inmediato. Así también, la intervención de las fuerzas vivas de un distrito en programas de educación, deportes y entrenamiento laboral para población en riesgo (como se planificó y debiera ejecutarse en Villa El Salvador), contribuiría significativamente a que la gente avance en la conquista de la seguridad de su distrito.
No es común encontrar un policía que luche contra la delincuencia mediante la estrategia adecuada y con la suficiente determinación y persistencia. Es más raro aún saber que un policía haya logrado movilizar a comunidades enteras para que trabajen de la mano con la PNP y así alcanzar su propia seguridad. No obstante, esos casos existen y he aquí 3 de ellos.
Comandante PNP Julio Díaz Zulueta
El comandante PNP Julio Díaz Zulueta constituye uno de esos casos poco frecuentes. Él tiene las cualidades de un policía comunitario, que además de inspirar respeto a la población, posee una extraordinaria disposición para el trabajo con las juntas vecinales de aquellas localidades donde ha sido designado como comisario.
A lo largo de su carrera policial ha logrado cambiar el rumbo de distritos que estaban asolados por la delincuencia común, el crimen organizado y la incompetencia policial.
Estuvo destacado en las comisarías de Cruz Blanca, en Huacho (2002); La Victoria, en Chiclayo (2004); en Tarapoto (2005), Comisario en San Miguel (2009); fue jefe de la Oficina de Participación Ciudadana de la III DIRTEPOL Trujillo en el 2010, y actualmente es Comisario Sectorial en Pataz.
Julio Díaz reformó y disciplinó a policías antes desmoralizados – y en varios casos corruptos – y luego ganó la confianza y logró la activa participación de las juntas vecinales para conquistar, mediante un trabajo conjunto con la Policía y la municipalidad, su propia seguridad.
El comandante relata que lo que encontró al llegar a la comisaría de la Victoria. “Todo era una desgracia: el local estaba semidestruido; el personal, desmoralizado. La comisaría carecía de radio base, contaba solo con un patrullero inoperativo y el teléfono estaba a nombre de un suboficial, condiciones bastante graves si se tiene en cuenta que cubría una demarcación extensa: 32 kilómetros cuadrados en los que vivían 120.000 habitantes”.
“La población desconfiaba totalmente de la Policía. Esta situación tan seria demandaba una acción inmediata y la alternativa inmediata era comenzar a trabajar, porque solo con un diligente esfuerzo policial se podían esperar cambios”, narra Díaz Zulueta, quien obtuvo el primer premio en el Concurso de Servicio de Calidad al Ciudadano organizado por el Ministerio del Interior y la PNP, en el año 2002, mientras era comisario de Cruz Blanca, en Huacho. Dos años más tarde, ya como comisario de La Victoria, en Chiclayo, su gestión fue considerada modelo de la Dirtepol en Chiclayo y Cajamarca.
En el mes de julio de 2011, fue condecorado con un premio especial por liderazgo y finalista en Seguridad Ciudadana por haber realizado experiencias exitosas en la provincia de Pataz, Tayabamba, en el concurso de Buenas Prácticas organizado por Ciudadanos al Día.
Comandante PNP Guillermo Bonilla
En el primer desafío que enfrentó el joven oficial de la Policía, se jugaba el destino de la nación. Él integró la élite operativa del GEIN, el selecto grupo de policías que desbarató la acción de Sendero Luminoso, capturando en apenas tres años a casi todo su comité central. No solo llevó a cabo una extraordinaria hazaña profesional, sino que demostró cómo incluso en las peores circunstancias, los valores en los que se asientan los derechos humanos, la democracia y la libertad pueden convertirse en eficaces instrumentos de lucha y de victoria. En esa epopeya silenciosa, Bonilla destacó como uno de los mejores investigadores del GEIN.
Años después, Bonilla fue destacado como comisario en Monsefú, su pueblo natal, pero esta vez se trataba de un desafío completamente diferente. Ser elegido como comisario en Monsefú resultó una experiencia enriquecedora y singular. Una alegría inmensa lo envolvió: regresaba a su pueblo natal, pero esta vez de comisario, y a pedido de los propios monsefuanos. Durante su carrera policial se había dedicado a investigar únicamente delitos contra el terrorismo, tráfico ilícito de drogas y homicidios. Por ello ser comisario se convertía en un reto muy grande. Sabía que carecía de experiencia en este campo, pero la capacidad de iniciativa, creatividad y astucia aprendidas las aplicaría muy bien en esta nueva etapa.
Durante su periodo como comisario, fue muy reconocido y querido por la población; esta saludaba el cambio de actitud de la Policía Nacional reflejada en el Comandante Bonilla, quien estaba instaurando el modelo de la policía comunitaria y puso en práctica un proceso de concertación y participación con la población en su conjunto para el fortalecimiento de la democracia y desarrollo local. Así, se desarrolló una serie de actividades relacionadas con la seguridad ciudadana que, desde el inicio, tuvo como meta lograr los siguientes objetivos.
• Acercarse a la población.
• Sensibilizar a las autoridades y dirigentes de las instituciones públicas y privadas.
• Impulsar la organización de la ciudadanía.
• Defender los derechos humanos.
• Fortalecer la identidad local.
• Mejorar la calidad de vida, especialmente de los pobres y marginados
• Optimizar el servicio policial.
• Fomentar la transparencia y la lucha contra la corrupción.
• Promover y mejorar las actividades socioeconómicas de las poblaciones menos favorecidas.
Todos estos objetivos estratégicos estaban enmarcados en una gran misión expresada en términos muy simples: “optimizar la seguridad ciudadana”.
Para obtener “la llave del éxito”, indicó Bonilla, es esencial, en primer lugar, que el efectivo de una comisaría conozca a la población y su historia a fin de que se sienta como un miembro más de la comunidad y no como un desconocido funcionario público que cumple solo una labor especifica, sin comprender muchas veces la conducta y el comportamiento de sus habitantes. Saber lo que sienten, piensan y quieren los ciudadanos de la localidad donde funciona una comisaría, resulta fundamental para brindar una mayor seguridad ciudadana. Si el policía no llega a compenetrarse con la comunidad, le resultará difícil cumplir la misión y los objetivos de estas, más aún en estas épocas en las que la ciudadanía exige mayor seguridad.
Una de las primeras medidas de Bonilla fue la elaboración del Plan de Patrullaje Móvil, que consistía en mejorar la vigilancia por toda la jurisdicción. Pero había un problema: no había suficiente combustible para que el patrullero cumpla su función. Afortunadamente, esta situación fue solucionada gracias al apoyo de los propios pobladores, principalmente de los ganaderos, mototaxistas, empresarios y hasta el propio alcalde, quienes llegaban de forma voluntaria llevando una cuota de gasolina que era controlada después por ellos mismos.
Frente al abigeato, se realizó una marcha que sirviera para unificar el sentimiento de rechazo frente a los abigeos; se formó el comité de lucha frente a este problema, integrado por los propios ganaderos y campesinos, quienes fueron previamente capacitados, y se mandó a elaborar un primer volante impreso de información, distribuido en todos los rincones de Monsefú.
Asimismo, incrementaron los canales de comunicación. Lograron contar con un programa radial todos los sábados, un espacio democrático para debatir los principales problemas de la inseguridad ciudadana llamado “Concertando”, en el cual se entrevistaba a las autoridades, funcionarios, dirigentes y ciudadanos en general. Igualmente, para mejorar la comunicación entre los ciudadanos y sus policías, tenían las líneas telefónicas de la comisaria a disposición las 24 horas y se reubicó el buzón de sugerencias, que se encontraba en el interior de la comisaría por años sin cumplir su cometido. Se le ubicó en un lugar estratégico, en la puerta principal de la comisaría. A partir de ese momento, el buzón se utilizaba tanto para felicitar la labor policial como para denunciar los actos indebidos por parte del personal policial.
Finalmente, se fortalecieron las juntas vecinales y esto permitió que – sobre todo en el área rural – disminuyeran considerablemente los robos de ganado, obteniendo, por supuesto, reconocimiento por la labor que realizaban en su comunidad y convirtiéndose en parte de todos los procesos de desarrollo de la zona de Monsefú. Las juntas vecinales, fueron parte fundamental de la reorganización de la Policía Nacional y su perfecto acompañamiento.
General PNP Eduardo Arteta
En Trujillo, ciudad asolada por la criminalidad, la labor relativamente breve del general PNP Eduardo Arteta, en 2010, logró un reconocido progreso. Arteta es uno de los pocos altos oficiales de la Policía que conoce y practica los criterios de policía comunitaria. Llevó como colaboradores a algunos oficiales que habían tenido resultados sobresalientes como policías comunitarios en sus comisarías. El más destacado, quizá, fue el hiperactivo comandante PNP Julio Díaz Zulueta.
EL general Arteta progresó mucho en Trujillo. Sin embargo, se acercaban las elecciones regionales y municipales, y varios caciques apristas quisieron utilizarlo. Arteta se negó y Luis Alva Castro pidió su cambio. La movilización de juntas vecinales frustró su remoción en el primer intento. Pero en el segundo, Alva Castro logró que el Presidente Alan García Pérez ordenara imperativamente su salida, cosa que el dócil Ministro del Interior cumplió de inmediato. ¿El resultado? Se perdió lo avanzado, se rompió con el principio e policía comunitaria, se desorganizó al equipo de policías. Mandaron a Arteta a Tumbes; sin embargo, hubo en de alguna forma, “justicia poética”: el Apra perdió las elecciones y Alva Castro también.
En un país en el que la seguridad es mayor allí donde los que más tienen, y para los que tiene poco, escasa o nula, la aplicación del principio de policía comunitaria puede marcar sustancialmente la diferencia. Aunque somos conscientes que su descripción puede parecer sencilla y su implementación real, difícil, sabemos a través de estos casos que no es imposible. El método, ya lo hemos conocido. No es caro, sino laborioso. Bien aplicado, es de éxito seguro. Y su peor enemigo es, por supuesto, la corrupción.
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