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El “boom” de la construcción… y de las mafias también


Enrique Arias
Instituto de Defensa Legal (IDL-SC)

Desde el año 2004, los peruanos hemos sido testigos cómo el llamado “boom de la construcción” nos está afectando, principalmente y en su mayoría, a ciudadanos urbanos. Esta realidad la vemos plasmada si nos damos una vuelta por la capital, donde viejas casonas de barrios tradicionales como San Felipe o Miraflores, han dado paso a edificios de más de diez pisos de altura; sumado a una proliferación de grandes centros comerciales. Este boom constructor que también ha generado miles de puestos de trabajo –que valoramos ciertamente-, lamentablemente ha generado también el incremento de la violencia urbana.


El presidente de la República, Alan García Pérez, ha señalado en incontables oportunidades, recordando al ex dictador Manuel Odría, “hechos y no palabras”. Es decir, el intercambio de ideas, el diálogo y la concertación, elementos tan ausentes en este gobierno y tan importantes para la democracia, son soslayados por las grandes edificaciones, tanto estatales y privadas, que fungen como cartas del actual régimen para demostrar que esta “filosofía de obras”1 , si funciona. Esta doctrina también es seguida por el actual alcalde de Lima, Luis Castañeda, quien prefiere que sus obras “hablen” por él. Sin embargo, a continuación mostraremos cómo la falta de planificación en el sector, la ausencia de diálogo y la complacencia de algunas autoridades ha dejado que el problema de la violencia alrededor de las obras de construcción se degenere, llegando a ser muy difícil de controlar en muchos lugares, convirtiéndose en un problema creciente de seguridad ciudadana y una amenaza constante para la inversión privada en el sector.

Cuando un problema no es enfrentado a tiempo es muy difícil de controlar, pero la situación se agrava mucho más cuando no se toman en cuenta todos los componentes para realizar un correcto diagnostico situacional que nos permita hacerle frente con eficientes políticas públicas. En el análisis de las acciones delictivas del sector construcción, y cualquier otro que se desea analizar, se tiene que tomar en cuenta la trilogía del delito2 : evento, víctima y victimario. Esto nos permite conocer las causas del crimen, cuáles son sus características y modalidades de acción, las consecuencias en el victimario, y muchos otros factores soslayados en la construcción de políticas públicas en pos de mejorar la seguridad ciudadana.


En los siguientes párrafos analizaremos cuáles son las principales causas, características y consecuencias relacionadas a la seguridad ciudadana por la violencia, que en los últimos años, azota al sector de la construcción. Asimismo, plantearemos sugerencias para la creación de políticas públicas en razón de hacer frente a este problema que afecta a empresarios, trabajadores, autoridades y ciudadanos. Las mafias organizadas no solo generan grandes pérdidas económicas para los involucrados, sino que son un problema para la seguridad ciudadana.


Las Causas


A la construcción pueden dedicarse ciudadanos sin tener una expertis, obviamente los primerizos en este oficio ocupan la menor escala en la remuneración por su falta de experiencia, pero al cabo de poco tiempo pueden aprender aspectos básicos del trabajo y convertirse en peones3 . En el Perú, donde existe una cantidad considerable de trabajadores desempleados y un ínfimo respeto por los derechos laborales, la construcción es una oportunidad para conseguir ingresos económicos de manera honrada.


Los trabajadores dedicados a la construcción se han caracterizado, a nivel mundial, por conformar sindicatos de los más fuertes; la reciedumbre física de sus integrantes – propias de su trabajo – y la enorme cantidad de afiliados, generan que estas organizaciones de trabajadores sean las más poderosas en la mayor parte de realidades urbanas. Y el Perú no es la excepción.


Sin embargo, en los últimos años el sector de la construcción está siendo relacionado, cada vez más, con acciones violentas y actos delictivos, producto del accionar de un grupo minoritario pero muy avezado de individuos, que en su mayoría no son trabajadores del sector pero lucran con las actividades generadas alrededor del mismo. La prensa y los diferentes actores de la construcción han denominado a este grupo de individuos como “las mafias de la construcción” o “los cárteles de la construcción”. Si bien estos grupos están lejos de ser comparados con los cárteles colombianos o mexicanos de la droga, o de las mafias instaladas al sur de Italia, lo cierto es que son personas que lucran a través de prácticas delictivas en la construcción.


Estos grupos se enfrentan por el control de las obras y se valen de todas las armas posibles para conseguirlo. Este “control” pasa, no solo, como muchos podemos creer, por introducir trabajadores a una obra; por el contrario, ese es solo el principio. Buscan tener ingresos mensuales con todo el dinero que se genera alrededor de la construcción, desde cobrar por brindar “seguridad” a los empresarios hasta exigir un cupo a los encargados de llevar la comida a los obreros. ¿Pero cómo llegó este problema a degenerarse?


Si bien el problema de “las mafias” alrededor de la construcción se inicia en los primeros años del año 2000, según nuestras investigaciones el problema se degeneró por un cambio en el marco legal en la negociación colectiva, lo que permitió la entrada de individuos que buscaron el lucro bajo prácticas delictivas, esto acompañado de la búsqueda sistemática de debilitar el poder sindical de la Federación de Trabajadores de Construcción Civil (perteneciente a la CGTP); además de la desidia de las autoridades para enfrentar el problema en sus inicios.

Hasta finales de los años 90’s los trabajadores del sector construcción se encontraban, en su mayoría, afiliados y/o representados por la Federación de Trabajadores de Construcción Civil (FCTP), es decir que la mayor parte de los sindicatos de obreros pertenecían a esta federación, que a su vez es la principal central de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP). Sin embargo en el año 19954 se produce un cambio en el marco legal.

En el primer gobierno de Fujimori, luego del autogolpe, se dictó el Decreto Ley N.° 25593, en cuyo artículo 45° se señalaba que a falta de acuerdo la negociación colectiva es por empresa. Este decreto ley fue reglamentado a través del Decreto Supremo N.° 011-92-TR, que en su Cuarta Disposición Final y Transitoria derogó el Decreto Supremo N.° 018 (04 de diciembre de 1962), el cual había creado la Comisión Nacional de la Industria de la Construcción Civil, instancia donde negociaban al más alto nivel trabajadores y empleadores del sector. Esa misma Cuarta Disposición Final y Transitoria permitió que por Resolución Ministerial se regulase la adecuación del sector construcción civil a este nuevo marco jurídico. Así, el 14 de abril de 1993 se dictó la Resolución Ministerial N.° 053-93-TR, en cuyo artículo 4° se permite expresamente la negociación por empresa si no hay común acuerdo entre las partes para negociar en otro nivel y, era evidente, los empresarios no querían.

Es preciso señalar que este tipo de negociación sólo se toma en cuenta para los obras mayores de 50 Unidades Impositivas Tributarias (UIT), es decir, obras superiores a los 180 mil nuevos soles (valor calculado con la UIT actual), las obras menores a este monto, sostienen un trato entre la persona que desea construir y el encargado de realizar la obra.

A partir del año 1995 la negociación se dio, por ende, a nivel de empresa, es decir, cada empresario negociaría con el comité de obra5 sobre las condiciones laborales de los trabajadores y ya no con la Federación. Con este cambio en la ley, se buscó debilitar a la FCTP porque se pensó que con esta medida se restaría su poder sindical. Sin embargo en la praxis ocasionó que se conformen diversos sindicatos, ajenos a esa federación, que empezaron a apoderarse de obras locales y abrió la puerta para individuos que empezaron a infiltrarse en gremios más débiles y nuevos para generar violencia e iniciar prácticas delictivas, como por ejemplo la extorsión y el amedrentamiento a los trabajadores.

Por otro lado, durante la finalización del gobierno de Fujimori, en el año 1999, se contrató a diversos individuos, en su mayoría provenientes de la provincia Constitucional del Callao -según nuestras fuentes de información-, para que se infiltren en las huelgas del citado gremio contra el régimen del autoritario ex presidente (muchos de estos infiltrados, pertenecían a los “sindicatos” que se habían conformado luego de la modificación legislativa introducida por el Decreto Ley Nº 25593 de 1993). Esta infiltración en las marchas tenía dos efectos. Por un lado, los infiltrados robaban, generaban desorden y, en general, servían para crear zozobra en la población; por otro lado, servían de “fuerza de choque” para enfrentarse al gremio de construcción de la Federación de Trabajadores de Construcción Civil.

Años más tarde después del decreto y luego de tres sentencias de la Corte Suprema y una del Tribunal Constitucional6 –ya en el 2001- se volvió a negociar por rama en el sector construcción. Sin embargo, la infiltración en los sindicatos de construcción ya era una práctica recurrente en los primeros años del nuevo mileno. Además este grupo de infiltrados y otros grupos de delincuentes empezaron a tener una “visión” del negocio que se podía realizar en la construcción. Es desde esta época que estas denominadas “mafias” empiezan a operar y que hasta nuestros días siguen funcionado.

Estos grupos de individuos, en su mayoría ex presidiarios, empezaron infiltrándose en las marchas de construcción; luego, bajo la complacencia de las autoridades, empezaron a intervenir las obras para exigir cupos a los obreros y empresarios; en la actualidad, pueden interferir, en algunos casos, sobre todo al mercado que se genera en torno a ellas y lucrar de manera ilícita a través de esta organización delictiva. Entonces, el problema surge, no porque existiera una posibilidad enorme de lucrar a raíz de la construcción,- como la existe en muchos otros sectores- sino, por la complacencia de las autoridades que dejaron avanzar el problema.

 

Incentivar que surjan nuevos gremios de construcción que no estén afiliados a la CGTP es una práctica que retomó el actual gobierno aprista. Obviamente, no podemos afirmar que con ello se busca –como en la época de Fujimori- infiltrar hampones dentro de las marchas de la FCTP, pero sí fomentar la aparición de nuevas federaciones de obreros de construcción que no estén afiliados al gremio, como las que encabezan Carlos Roncagliolo o Augusto Ramos Dolos. No queremos decir que la aparición de nuevas federaciones de construcción civil necesariamente genere violencia, pero en la práctica viene ocurriendo que a más federaciones, mayor violencia.

Entonces la constante búsqueda de algunos gobiernos (fujimorista y luego aprista) por restar poder a la CTGP, sumado a la oportunidad de negocio vista por grupos delincuenciales bajo el beneplácito accionar de nuestras autoridades y de los principales representantes del sector, han generado que el problema de la construcción degenere. No podemos olvidar que este aumento de la violencia se ha dado en un contexto de boom económico del sector construcción. Pero, ¿cómo funciona esta extorsión, qué sucede cuando se proyectan realizar nuevas construcciones, cómo operan “las mafias” del sector construcción?

Las Características


“Ay, mi bebé tenía su cabecita ensangrentada. Lo cargué y grité: ‘por favor, auxílienme, qué hago, qué hago’ ”, narra Juana Palomino (49), recordando el momento en que su nieto Gabriel García, de 10 meses, fue impactado por una bala durante una gresca entre pandillas de construcción, el pasado miércoles 31 (enero 2007) en las obras del parque José Benito Flagett, financiadas por la Municipalidad del Callao y ejecutadas por la empresa Civitas7.


En lo que va del año se han producido 10 muertos, el año pasado 37, como consecuencia de los enfrentamientos de estas bandas de construcción. ¿Pero por qué son las peleas? ¿Por qué se producen enfrentamientos tan violentos? El trabajo de estas mafias puede ser divido en dos partes, la primera antes que se empiece a realizar la obra o en los primeros días de la instalación; y la segunda cuando la obra está en construcción hasta que finaliza. Sin embargo ambos partes tienen como característica principal utilizar la violencia para conseguir sus fines.


Cabe precisar un hecho preocupante. Como hemos manifestado, la negociación por rama en el sector de la construcción es vinculante para los trabajadores que realicen sus labores en obras mayores a los 180 mil nuevos soles (50UIT); sin embargo, el accionar de las mafias también afecta a las obras menores, cierto que en menor escala, pero también perjudica a los ciudadanos que quieren, por ejemplo, construir su vivienda o aumentar uno o dos pisos sus hogares. Es decir, las mafias también buscan implantar sus prácticas a menor escala. Si bien no extorsionan a los dueños de las casas para que les paguen por bridarles seguridad, por el poco valor que tienen sus edificaciones; sí buscan, por ejemplo, incluir a obreros en las edificaciones, o están al acecho de robo de material.

                                             

           Presunto asesino de la niña Gabriel                          El boom constructor

Las Mafias: Parte I


La primera parte del trabajo de las “mafias" empieza cuando empresas constructoras, medianas o grandes, buscan instalarse para comenzar a desarrollar una obra. Apenas instalándose, los empresarios de construcción reciben la visita un grupo de individuos con armas de fuego - se han visto casos de bandas con granadas o fusiles AKM – que exigen “negociación”. Estas tratativas empiezan de manera cordial, en un principio, porque la mayoría de empresarios del sector saben, y al parecer se se ha institucionalizado informalmente, este proceso por lo que aceptan negociar, ¿qué pasa si no acceden? Fácil, les muestran fotos de sus hijos, familiares y son amenazados sistemáticamente hasta que acceden. Hay casos de empresas muy grandes, como Graña & Montero, que, por su enorme poder económico y político, no accede a las demandas de estos grupos y logra salir bien librado; sin embargo, la mayor parte de constructoras no corre la misma suerte. Pero ¿en caso de que no accedan, es decir de alguna u otra manera, qué pasa si a pesar de las amenazas de muerte no están dispuestos a negociar? Las mafias se van contra los actores más débiles, como maestros de obras o ingenieros, hasta que logren su cometido. Utilizan las mismas tácticas que usaron con los empresarios, hasta conseguir, de cualquier manera, brindar “seguridad” a la obra. Existen casos donde los empresarios, los ingenieros y los maestros de obras se niegan a ceder frente a las pretensiones de los extorsionadores, ¿qué sucede? Las mafias deciden “golpear la obra”, es decir, reúnen a sus chalecos de todas las obras y crean destrozos en la obra creando zozobra en los trabajadores y en la población que rodea las mismas.


¿En qué consta esta seguridad? Ellos proponen encargarse de cuidar que no vengan grupos “foráneos” a retrasar el cronograma pactado para la entrega de la obra con tal de recibir beneficios a cambio. Este retraso genera pérdidas al empresario por las multas al no entregar a tiempo lo pactado, pérdidas de horas/hombre, desaliento de las inversiones, pérdida de beneficios de la inversión privada por parte de la población y un mayor costo financiero por demandas de obras8 . ¿De quiénes los protegerían? Los grupos foráneos pueden ser habitantes desocupados del lugar que buscan ingresar a la obra u otros sindicatos de obreros y extorsionadores al igual que ellos. Para “proteger” a los empresarios de dichos grupos “foráneos”, primero exigen que se les brinde una cantidad trimestral, mensual o semanal de dinero por dicho servicio, ¿cuánto se les exige?, eso depende de la magnitud de la obra y de lo conseguido en el proceso de negociación.


Por ejemplo, el 19 de marzo del año de pasado, se desarrolló en Palacio de Gobierno una reunión entre alcaldes y directores de empresas de la construcción con el presidente García. En dicha cita, uno de los asistentes manifestó que en la construcción de la gigantesca “Plaza Lima Norte” las mafias de del cono norte cobraban la cuota de 100`000 soles semanales. Pero esa no es la única cuota que exigen por brindar seguridad, además coaccionan a los empresarios a incluir dentro del comité de obra de 1 a 10 “chalecos” (depende del tamaño de la misma). Estos individuos (chalecos) se encargan de brindar la seguridad durante el desarrollo de la obra, no trabajan pero cobran como si lo hicieran y en las negociaciones entre las mafias y los empresarios logran que se les incluyan como trabajadores bajo “todas las de la ley”. En su mayoría, por no decir todos, los “chalecos” están armados con armas de fuego, tienen antecedentes penales y son rankeados delincuentes dentro del submundo criminal.

Un último pedido, dentro de este primer trabajo de las mafias, es colocar a trabajadores del sindicato afín dentro del comité de obra. Las mafias buscan colocar un promedio de 50% de los trabajadores; sin embargo, mayormente consiguen solo entre 30% o 10%. Pero lo primordial no es colocar a los obreros sino a los “chalecos” porque mantienen lo que se denomina risiblemente como la “paz laboral” en una obra. Sin embargo, no se colocan a los obreros de manera gratuita dentro de las obras, se estima que estos deben de pagar la suma promedio de 10 soles semanales o en otros casos su primer sueldo (400 soles)9 a estas mafias. Como vemos este primer trabajo proporciona un suculento botín, pero aún hay más.


Las Mafias: Parte II


La segunda parte del trabajo que realizan estas mafias es cuando ya lograron brindar “seguridad” en las obras y donde la labor de los “chalecos” es muy importante porque buscan sacar beneficios de las pequeñas actividades económicas que se realizan en función de las construcciones. Primero, intentan cobrar cupo a los obreros que no pertenecen a su sindicato, aunque la cantidad de dinero sea mínima. Luego, intentan controlar la labor de estos obreros; por un lado, los influencian y en otros casos coaccionan para que trabajen lentamente, mientras menos trabajo realicen, más se demorará en concluir la obra, lo que se traduce en un mayor lucro para ellos. Por otro lado, sirven para acallar los reclamos de los obreros en la obra, a la primera queja los chalecos son los encargados de “silenciar” a cualquiera que no esté de acuerdo con su accionar o actúe de modo contrario a sus intereses.


Del mismo modo, sobre los repartidores de materiales, los vendedores de comida para los obreros, los que se desempeñan recogiendo los materiales sobrantes10 , y sobre cualquiera que realice una actividad relacionada económica en la obra “capturada”, buscan obtener un beneficio económico. Asimismo, no podemos dejar de mencionar el robo de materiales a las obras que resguardan. Es decir, se sienten dueños de la obra y capaces de manejarla a su antojo.


Los enfrentamientos entre las bandas


Un último punto que queremos precisar es cómo se produce la violencia que afecta, en muchos casos, al vecino o ciudadano inocente que no tiene nada que ver. Como hemos explicado, la violencia ocurre por enfrentamientos entre el grupo que logró hacerse con el control de la obra – que proporciona obreros y sus respectivos “chalecos”- y los grupos que resultaron perjudicados.


El sector de la construcción puede emplear a una gran cantidad de mano de obra desocupada y con poca expertis. Entonces, cuando se anuncia una construcción en un determinado lugar, genera gran expectativa laboral, muchas veces de mano de obra joven o personas que por diversos factores no consiguen empleo. ¿Se imaginan que se les niegue trabajar en una obra porque los puestos han sido tomados por obreros de otro lugar?, o lo que es peor, ¿se imaginan que tengan que pagar cupos a desconocidos que no tienen nada que ver en su localidad?

Otro enfrentamiento se da entre estos bandos de delincuentes por controlar las diversas obras pero entre los dirigentes o los “chalecos” de las obras. Pensemos, ¿por qué los hechos de violencia suceden alejados de las obras?, ¿por qué tantas muertes? Esta guerra entre bandas de criminales es voraz y sangrienta por la sencilla razón de que el beneficio económico, como el poder de controlar un grupo social, es enorme; hay mucho que ganar y poco que perder. Estos enfrentamientos se dan entre los diversos cabecillas de las bandas, o más cotidianamente entre los “chalecos” de las mismas, es por eso que observamos continuos heridos con armas de fuego, incluso se contratan sicarios para eliminar adversarios del bando contrario.


La organización sindical


Tenemos que precisar un dato que no hemos mencionado hasta el momento: la mayor cantidad de obras que se realizan en el país son informales. En Lima son un 70% de las obras que no cuentan con los permisos correspondientes (Municipales, Defensa Civil, entre otros). Sin embargo, cerca del 75% de las obras son informales por no respetar los derechos laborales de los trabajadores del sector construcción11 . ¿Cómo se relaciona este factor con la violencia? En un mundo donde impera la informalidad y donde los controles institucionales son pocos, se abre camino la delincuencia organizada con mucha mayor facilidad.

Como hemos visto, uno de los problemas de la violencia se origina en la conformación de los comités de obras. Estos buscan ser controlados por los mafias, que a su vez están relacionados con sindicatos, cuando se logra tener injerencia o control sobre el comité de obra pueden colocar a los “chalecos” y obreros afines a sus intereses (recordemos que la mayoría de estos obreros tiene que pagar un cupo a las mafias).

¿Cómo se conforma un sindicato? Se necesita realizar una asamblea constitutiva con 50 integrantes que certifiquen que son trabajadores de construcción, con boletas, registros u otros documentos que ratifiquen haber desarrollado labores en el sector. Entonces, ¿cómo es que logran ser sindicatos formales, reconocidos por el Ministerio de Trabajo, sindicatos que en su mayoría están integrados o influenciados por delincuentes? Este es un tema que demuestra la desidia o complicidad de las autoridades.

Los sindicatos forman parte de una federación que negocia con el Ministerio de Trabajo y CAPECO para determinar las condiciones de trabajo. Las federaciones con mayor número de sindicatos son las siguientes: La Federación de Trabajadores en Construcción Civil del Perú (FTCCP) con 120 mil afiliados, La Federación de Trabajadores de Construcción Civil y de Actividades Afines del Perú (FTCCAAP) con 100 mil afiliados y la Federación Nacional de Trabajadores de Construcción Civil con 100 mil afiliados. Las dos primeras están ligadas a gremios históricos de trabajadores en el Perú, a la CGTP y CTP, respectivamente. Sin embargo, es recién a partir del 2005 que la FTCCAAP empieza a tener presencia en el sector de la construcción.

Al respecto, debemos recordar lo manifestado anteriormente, en el gobierno de Fujimori y en el actual se ha buscado restar poder a la CGTP, en especial a su central más poderosa la FTCCP. Como sabemos, la Confederación de Trabajadores del Perú (CTP) es una central sindical históricamente ligada al Partido de Haya de la Torre, y durante este régimen, su Federación de Trabajadores en Construcción Civil ha cobrado mayor protagonismo. En la mayor parte de las obras que desarrolla el gobierno trabajan obreros que pertenecen a esta federación. El secretario general de esta Federación, Carlos Roncagliolo, señala que los sindicatos de obreros deciden afiliarse a su federación porque “el obrero es escuchado, tienes voz y voto”, a diferencia de la CGTP, donde las decisiones –sostiene- son tomadas por una cúpula12 . Creemos que es imposible soslayar que la FTCCAAP ha recibido apoyo del gobierno para crecer y fortalecerse.

Por otro lado, existe otra federación encabezada por un dirigente con un amplio prontuario y que se dice independiente de los partidos políticos. La Federación Nacional de Trabajadores de Construcción Civil tiene como secretario general a Augusto Ramos Dolmos, (que fue separado de la CGTP). Esta Federación y la que encabeza Carlos Roncagliolo, son las protagonistas principales de los enfrentamientos entre obreros y “chalecos” (aunque nieguen su existencia).

Un dato resaltante sobre estos líos sindicales, es – que hasta la fecha- no existe ni un muerto en el gremio de Mario Huamán. ¿Por qué? Según Luis Villanueva, actual secretario de la FTCCP, porque muchos de los obreros de los sindicatos afiliados a las federaciones de Dolmos y Roncagliolo son delincuentes que se enfrentan entre ellos por el control de las obras. En respuesta, Roncagliolo señala que la CGTP también tiene su “fuerza de choque” y que es responsable de actos violentos.

La Policía


En la primera parte, mencionamos que para enfrentar la criminalidad se debe realizar un correcto diagnóstico situacional para saber que herramientas usar para enfrentar el problema. Para analizar el crimen señalamos que es vital reconocer y analizar los factores de la trilogía criminal: víctima, evento y victimario. Pues bien, hasta la fecha se está poniendo especial énfasis en el evento, en cómo evitar que estas mafias sigan perjudicando al sector construcción; es aquí donde está participando activamente la Policía Nacional del Perú.


Antes, cuando la Policía tenía que mitigar los enfrentamientos entre las bandas del sector o entre sindicatos por el control de una obra, correspondía a la dependencia del lugar solucionar el problema. Sin embargo, en vista de que el problema se está desbordando, se ha creado, en febrero de este año, la División de Protección de Obras de Construcción (DIPROC).


Esta división policial está al mando del Coronel Ricardo Munaya, un policía con 30 años de servicio y con experiencia en operaciones especiales; asimismo, ha trabajado el problema con las obras de construcción durante años. Esta división se creó por una iniciativa del Ministerio del Interior y de CAPECO. En la actualidad son los empresarios de la construcción, abrumados por el problema de la violencia, los que brindan apoyo constante a esta división. Como hemos visto una de las dificultades para luchar contra la violencia es la falta de pruebas. En la actualidad se están dando las garantías para que los empresarios denuncien la extorsión, se está trabajando con operativos de inteligencia para capturar a los malos elementos y desterrarlos de la construcción.


El Coronel Munaya nos cuenta que “se están produciendo intervenciones casi diarias” porque se ha dejado avanzar mucho el problema y ahora es más difícil de controlar. Esta división policial tiene tres departamentos: Patrullaje Preventivo, Inteligencia e Investigación Criminal; además, cuenta con 400 efectivos provenientes de las distintas unidades policiales. En el departamento de Patrullaje Preventivo se trabaja con un mapa de las zonas críticas para ser proactivos en caso aparezca la violencia. Se realizan rondas e intervenciones en las zonas críticas, se cuenta con policía motorizada y constante coordinación con los empresarios, y trabajan principalmente efectivos de la DINOES. Los departamentos de inteligencia e Investigación Criminal son los encargados de hacer seguimiento al accionar de las mafias del sector, así como de investigar la composición de estas redes criminales. El principal problema, nos dice el Coronel, es la falta de pruebas. Como hemos señalado, “los chalecos” se encuentran en planillas y cuando hay un operativo policial ellos muestran sus boletas de trabajo lo que les impide ser capturados.

Coronel PNP Ricardo Munaya

La Labor de la policía, a nuestro entender, es tardía pero importantísima. Un primer paso ha sido la creación de la DIPROC, pero no puede quedar ahí. Ya señalamos que la policía trabaja para controlar el evento, la situación, para controlar y mitigar el accionar de los victimarios (mafias del sector). Es labor de la policía capturar a los malos elementos que vienen lucrando en el sector y brindar garantías a los ciudadanos, que en su mayoría no tienen nada que ver con el problema de la violencia, para que se sientan seguros.


Las consecuencias en relación a la seguridad ciudadana


Entre las consecuencias de la violencia en el sector construcción tenemos que señalar una de las más evidentes, las pérdidas económicas. Por la aparición de estas bandas delincuenciales las pérdidas son enormes porque no solo se encargan de extorsionar a los empresarios, sino que intentan controlar todo el mercado que se genera en una obra de construcción. A continuación podemos presentaremos una gráfica del diario “El comercio”13 , que ejemplifica la situación:

Como señalamos al inicio, las consecuencias del accionar de “las mafias” dentro del sector construcción son transversales, e implican un problema para todos los actores. Sin embargo, hemos querido centrarnos en las consecuencias que atañen o que se relacionen con la seguridad ciudadana. Entre las principales consecuencias encontramos las siguientes:

Primero. Genera un aumento de la percepción de inseguridad. La violencia aumenta el miedo en la población, ¿por qué el temor es un problema? Cuando los ciudadanos viven atemorizados, aumenta el nivel de percepción de inseguridad, los ciudadanos tienen miedo de salir a la calle y no pueden desarrollar sus quehaceres diarios con normalidad y tranquilidad. En la entrevista con el Coronel Munaya, nos contaba que un 50% de obras se realizan en San Borja, Miraflores y San Isidro, ¿creen que con la presencia de obreros de construcción y los enfrentamientos descritos no ha aumento la percepción de inseguridad por parte de los habitantes de esos distritos? Luchando por la erradicación de la violencia en el sector, acompañada de una campaña orientada a la reducción de percepción de inseguridad en las ciudades, podremos tener ciudades más seguras para sus habitantes y lograremos bajar los índices de percepción de inseguridad.

Segundo. ¿Qué hay de los ciudadanos a los que les afecta la violencia de manera directa, por ejemplo los que han sido víctima de estos enfrentamientos? o, ¿los trabajadores del sector que tienen que ceder frente a las extorsiones de los delincuentes? Este problema necesita ser resuelto con urgencia, no se puede permitir institucionalizar una manera informal de negociación paralela para todos los actores relacionados con el sector. Es de carácter imperativo que se trabaje para erradicar y separar los malos elementos de la construcción. Este trabajo necesita el apoyo de las instituciones formales del gobierno; no solo la Policía, este trabajo debe estar en coordinación con los Ministerios de Vivienda, Trabajo y del Interior. Además, debe existir una voluntad política para trabajar el tema. En este artículo, hemos decidido dejar de lado las supuestas vinculaciones que existen entre los sindicatos de la construcción vinculados a las “mafias” y el apoyo de políticos, en especial en la Provincia Constitucional del Callao, donde el problema de la violencia es incontrolable. Es necesaria auténtica voluntad política para hacerle frente a un problema que empieza a ser grande pero en un futuro puede ser mucho peor.

Tercero. Voluntad de los sindicatos. Los sindicatos o federaciones de obreros tienen que luchar por separar a los malos elementos de sus organizaciones. Si bien en conversaciones con dirigentes de las federaciones más importantes y con el Coronel Munaya, manifestaron estar en constantes coordinaciones entre ellos, policía y líderes sindicales; sin embargo, se tiene que hacer un deslinde mayor. En otros países, los sindicatos de obreros de construcción no se dedican a tener “chalecos” o matones especializados en sus organizaciones. Estos sindicatos, luchan por el bienestar de sus asociados reclamando, por ejemplo, servicios sociales, seguros de vida, pensiones, capacitaciones, etc. Además, debe de existir voluntad de los dirigentes para sincerase y conversar entre ellos. Hasta la fecha no tenemos conocimiento de una reunión entre los principales dirigentes de la construcción. Necesitamos concertar para hacerle frente al problema, trabajar en conjunto; de lo contrario, el problema seguirá aumentando.

Cuarto. Debemos aprender de nuestros errores, ¿qué va a pasar cuando se termine el boom constructor? ¿A qué se van a dedicar estas bandas con una organización estructurada y con mucho dinero acumulado en estos años? Una respuesta puede estar en Chimbote. Durante los años del boom de la pesca también surgieron mafias organizadas alrededor de esta actividad económica; ahora, es un hecho que la violencia en el norte del país aumentó. Con una organización criminal estructurada y con experiencia de trabajo es mucho más complicado enfrentar a los grupos criminales. No olvidemos que estamos en una época de vacas gordas en el sector construcción y las “bandas” pueden estar acumulando dinero. Se debe poner especial énfasis en programas de prevención, no solo para desarticular a estas bandas, sino para los trabajadores de la construcción que han crecido exponencialmente durante los últimos años.

1. LOPEZ, Sinesio. El retorno de Odría. http://blog.pucp.edu.pe/index.php?blogid=647. Publicado el 01 de abril del 2010.


2. CARRIÓN, Fernando. “Un lenguaje colectivo en construcción: el diagnóstico de la violencia” Pág. 17. Fernando Carrión – Johanna Espín (compiladores).

3. Dentro de la construcción el obrero con menores conocimientos y que realiza las acciones más sencillas se les conoce como peón. Los otros trabajadores son los oficiales y operarios.


4. Debemos precisar que la norma se promulgó en el año 1992, pero entro en vigencia en 1995.


5. Es una junta directiva conformado por lo menos con 20 trabajadores de una obra y se encarga de controlar que se respeten los derechos laborales producto de la negociación. Está compuesto por miembros del sindicato que logró hacerse de la obra, cuando termina de construirse la obra el comité se deshace pero el sindicato sigue.


6. Sentencia del Tribunal Constitucional recaída en el Expediente N.º 00261-2003-AA.


7. Artículo de Revista Caretas, "Destrucción Civil" clic por Samuel Ashcallay, Febrero 2007.


8. Día 1. El Comercio, Lunes 03 de agosto del 2009.


9. Día 1. El Comercio, Lunes 03 de agosto del 2009.


10. Nos referimos a los trabajadores que buscan ir a las obras a recoger el material sobrante para venderlos por kilos.


11. Entrevista a Luis Villanueva, Secretario General de la Federación de Trabajadores de Construcción Civil.


12. Entrevista a Carlos Roncagliolo.


13. Día 1. El Comercio, Lunes 03 de agosto del 2009.

Publicado el 24 de mayo del 2010

 
 
 
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