Pudo haber sido una operación decisiva en la lucha contra Sendero Luminoso en el Alto Huallaga. En la madrugada del jueves 17 de abril, dos patrullas policiales se acercaban, una en forma abierta y la otra sigilosamente al campamento en la zona del Monzón donde se encontraba el actual lugarteniente de Artemio: “Piero”, junto con otros 14 senderistas armados.
Catorce oficiales, del denominado grupo Alfa, hacían un ingreso silencioso por el caserío Buenos Aires (margen derecho del Río Monzón en la zona de Sachavaca) mientras que los doce integrantes del equipo policial Beta, que habían llegado por carretera, estaban a punto de cruzar el río Monzón, también por el sector de Sachavaca. El objetivo de ambos: el campamento en Tamshi Alto. (Ver infografía). El grupo Alfa debía llegar primero y luego, como apoyo, el Beta.
Eran las 7 de la mañana y ambos equipos policiales, conformados por fuerzas combinadas de DINOES, DINANDRO y DINCOTE pertenecientes al frente Policial del Huallaga, que dirige el general Edwin Palomino, se aproximaban al lugar. En el grupo Alfa había también dos oficiales del Ejército. Todo indica que hasta ese momento, ‘Piero’, identificado por la Policía como Juan Laguna Domínguez, permanecía en el campamento.
Fuentes policiales aseguraron que “Piero” había llegado hasta la zona de Sachavaca, una jurisdicción del distrito de El Monzón, para cobrar cupos a las diferentes organizaciones del narcotráfico que operan allí. Actualmente, de acuerdo a las misma fuentes, el camarada ‘Piero’ busca establecer como un área de influencia desde Aucayacu hasta el túnel de Carpich.
Entonces, ocurrió lo inesperado. A uno de los policías del grupo Alfa, el más próximo al campamento de Piero, se le escapó una ráfaga de fusil, que alertó a los senderistas.
Piero y los otros 14 senderistas, escaparon por el corredor (jurisdicciones de Santa Martha y Pueblo Nuevo) que une el Monzón con Aucayacu, que es uno de los distritos donde Sendero tiene mayor influencia.
Veinte minutos después el equipo Alfa encontraba el campamento abandonado intempestivamente, con alimentos a medio cocinar, prendas, medicinas y carbón todavía ardiendo.
Mientras tanto, el segundo equipo policial hacía su ingreso desde Tanshi Bajo. Y, por si no hubiera sido suficiente con la primera, se escuchó otra detonación. A uno de los oficiales del grupo Beta se le escapó también un disparo del fusil AKM, que portaba. La bala rebotó en una piedra y le atravesó el pie derecho.

Preciso instante en el cual el oficial de la policía es auxiliado por sus compañeros.
Así, un operativo cuidadosamente planificado, con base en inteligencia precisa, se frustró por dos accidentes de arma de fuego totalmente prevenibles, que revelan la penosa falta de entrenamiento en el manejo de armas de fuego por la Policía.
Las deficiencias de entrenamiento de tiro y procedimientos de seguridad con las armas de fuego, así como sus trágicas consecuencias, ya han sido expuestas en detalle en varias entregas de IDL- SC (Ver Muerte en Aramburú y
Revólveres en el campo santo, especialmente). Una vez más, estos hechos ponen en evidencia que no se trata de eventos aislados sino de una verdadera plaga de accidentes, que causa muertes, pone en peligro a los ciudadanos y a los policías y también provoca el fracaso de operativos cuidadosamente planificados. Ese fue el caso en Sachavaca, pese a la esforzada acción de la Dircote en la zona, a cargo del prestigioso coronel PNP Luis Valencia Hirano.
Ambos incidentes no fueron ni el último episodio ni la última tragedia. El sábado 26 de abril, el suboficial de segunda Wilfredo Chávez Garrido murió cuando se le escapó una ráfaga de ametralladora a su compañero, el sub oficial de primera Enrique Arenas Poma, durante los momentos previos a una exhibición de tiro en la sede de la Diroes. Chávez Garrido murió instantáneamente con el cráneo destrozado.
Chávez Garrido fue uno de los efectivos que participaron en el operativo ‘Volcán 2007’, en el cual fue abatido Mario Epifanio Espiritú, apodado ‘JL’, y en el cual se capturó a importantes cuadros de Sendero Luminoso en el Huallaga. Cuando se produjo la captura, el ministro del Interior Luis Alva Castro –a quien el operativo lo salvó de una inminente salida– aseguró que todo el grupo sería ascendido por acción distinguida. La inaudita demora en llevar a cabo esa medida, supuso que Chávez Garrido quedara para siempre excluido de la justicia debida.
Pero no es el único caso. Así como Chávez Garrido, el suboficial superior Jaime Reyna Ruíz murió sin recibir reconocimiento alguno por su destacada participación en el operativo `Volcán’. En marzo pasado, durante un enfrentamiento con un grupo de indígenas Achuar en el aeropuerto de Andoas, Reyna murió, impactado por un disparo de escopeta. Al enterrarlo, el ministro del Interior solo lo condecoró póstumamente.
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