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Muerte de un Burrier

 

Faltando cinco horas para su muerte, el mexicano Juan Carlos Torres Ibarra, llegó el 18 de febrero al aeropuerto Jorge Chávez.

Tenía un pasaporte casi nuevo, obtenido pocos días antes de su salida de México al Perú. (ver pasaporte)

El vuelo de la aerolínea LAN que lo llevaría a México DF, salía veinte minutos después de la medianoche (ver pasaje). El joven culiaqueño llegó poco antes de las 11 de la noche. Pasaporte nuevo y maletas nuevas, que al ser chequeadas por LAN fueron etiquetadas como prioritarias. El pasaje era de la clase Business.

La Dirandro del aeropuerto también lo vio prioritario. Esa noche la Policía antidrogas del aeropuerto había estado particularmente activa, y la pesca cotidiana de burriers parecía alta. Todo indica que el mexicano correspondía al perfil de las mulas que caen cada noche con sus alijos de drogas.A las 11.20 de la noche del 18 de febrero, la PNP detuvo a Torres Ibarra.

Este fue llevado a la lúgubre salita del aeropuerto limeño donde todos los policías que allí trabajan se han acostumbrado a ver los rostros de la angustia, la desesperación de quienes acaban de ser arrestado y vislumbran un negro futuro entre rejas en un país foráneo.

El mexicano también parecía devastado (ver foto inmediatamente después del arresto).

Luego, siguió el repetido procedimiento de abrir y rasgar las maletas, para encontrar la droga, sacarla y pesarla en una balanza electrónica ante la mirada de angustia del detenido. (ver foto)

Era un día más para los policías antidrogas que trabajan en el aeropuerto, y Juan Carlos Torres Ibarra, otro burrier más de la desechable infantería del narcotráfico Como se puede apreciar, el trámite del descubrimiento y pesaje de la droga, así como el primer interrogatorio al mexicano, tienen un tono de muy repetida rutina. Tal se puede apreciar en el vídeo obtenido en exclusiva por IDL-SC. (Ver video de la captura de Torres Ibarra).

Pero esta vez la historia tuvo un desenlace trágico. Aunque ninguno de los gestos ni acciones en el video o las fotos permiten suponer lo que va a pasar.

Acabados los trámites en la dependencia del aeropuerto, su jefe, el coronel PNP Jaime Montes, ordenó que Torres Ibarra sea trasladado del aeropuerto al Instituto de Medicina Legal (IML), que queda en el centro de Lima; y que de ahí fuera remitido a la dirección de Criminalística, situada en la avenida Aramburu, donde antes funcionaba la Escuela de la PIP, para que le realicen diversos exámenes (ver documento 1) (ver documento 2).

Torres Ibarra llegó al centro, conducido por tres suboficiales de la PNP, quienes también llevaban las maletas incautadas, y fue examinado en el Instituto de Medicina Legal. A las 3.39 de la mañana, el IML expidió un certificado médico que indicó que el burrier mexicano no presentaba lesiones (ver documento).

De ahí, Torres Ibarra fue llevado a la dirección de Criminalística, donde le hicieron un examen aparentemente breve. El trayecto de Criminalística al local de la Dirandro, es muy corto, de apenas dos cuadras. Aproximadamente a las 4 de la mañana, Torres Ibarra llegó con sus tres custodios a las instalaciones de la Dirandro en el cruce de Aramburu con la calles Los Cisnes. A esa hora, el vestíbulo de la Dirandro estaba virtualmente a oscuras. En la puerta había un solo centinela.

Luego de todas las estaciones intermedias, diversos indicios apuntan a que la vigilancia de los custodios se había relajado y que confiaban en la docilidad de su más bien pequeño detenido.

Ingresaron con el SO Héctor Oria caminando adelante del mexicano y cargando con ambas manos las dos maletas del mexicano. Atrás iban los suboficiales Elver Uriarte y Wilian Ramos. Oria llevaba su pistola Beretta 92F apretada por la correa del pantalón en la parte de atrás de la espalda.

En ese momento, el burrier mexicano empujó a Oria, mientras le arrebataba el arma. Oria volteó y parece que intentó convencer a Torres Ibarra que le devuelva el arma. Este le disparó. El balazo atravesó el hombro de Oria, de abajo hacia arriba (debido a que el mexicano era más bajo) y se incrustó en una pared.

Los otros dos custodios -Uriarte y Ramos- corrieron buscando un parapeto, luego de ver caer ensangrentado a Oria. El guardia de la parte delantera del edificio policial también se parapetó al escuchar los gritos y el disparo.

¿Qué pasó entonces? “Los muertos hablan”, dice un veterano policía de Homicidios. Parece que luego del primer disparo, la pistola no eyectó bien el casquillo, porque Torres Ibarra se movió hacia la parte derecha del vestíbulo de la Dirandro (que ya estaba del todo desierto, excepto por él y Oria, que trataba de arrastrarse a un lugar protegido), y se sentó en una banca larga de madera, mientras rastrillaba la pistola. Aparentemente, hasta tres balas fueron eyectadas sin dispararse, en ese proceso. Y de inmediato, casi sin solución de continuidad, se escuchó otro disparo, el que causó la muerte de Torres Ibarra.

¿Fue un suicidio? A primera vista, la escena del crimen mostraba al joven fallecido en una posición difícil de imaginar por autoeliminación (Ver como apareció el cadáver. Imagen 1. Imagen 2. Imagen 3).

En este grupo de documentos se puede ver la descripción de la escena del crimen y el informe balístico-forense, donde se habla de solo dos casquillos de bala (Imagen 1. Imagen 2. Imagen 3. Imagen 4. Imagen 5)

Si el ingreso de los custodios y su detenido a la Dirandro había sido una cadena de negligencias y descuidos, que tuvo el peor resultado posible, la reacción del comando de la unidad, en cambio, fue inmediata.

El general Miguel Hidalgo, director de la Dirandro, que llegó muy poco después de ser despertado con la noticia, ordenó que los 3 custodios de Torres Ibarra y los siete centinelas del edificio de Aramburu y Los Cisnes pasaran de inmediato por exámenes ectoscópicos, toxicológicos y de dosaje etílico.

El levantamiento del cadáver, una vez hechas las comprobaciones de la escena del crimen, y con presencia fiscal, lo realizó el médico adscrito al Instituto de Medicina Legal, Luis Gonzales Saldaña junto con el Fiscal de turno, Luis Jorge Bayetto. Al hacer el levantamiento del cadáver, Gonzales Saldaña señaló que la bala ingresó por el “orificio de entrada en la región temporo occipital izquierda, orificio de salida en región temporo occipital derecha”.

Este sorprendente error del médico forense dio lugar a toda suerte de interpretaciones y conjeturas. Fue exactamente al revés. La bala ingresó por el lado derecho de la cabeza y salió por el izquierdo.

Al respecto, el director del Instituto de Medicina Legal, Luis Bromley dijo a IDL-SC que “lo que pasa es que en la información inicial hay muchas contradicciones por eso es que la investigación se hace de manera reservada. El hecho es que esta información inicial se había hecho un tiro en la sien (región fronto temporal) izquierda y que la bala había salido por la derecha. Después se dice de que la bala salió por otro lado”.

“Lo que hemos encontrado es un proyectil de arma de fuego la región occipital, y entre la región frontal y temporal hay una enorme diferencia. En esa acta fiscal tiene que haber la participación de un medico, estoy investigando las contradicciones entre la información del levantamiento y el reporte de la necropsia que son categóricos”, agregó sin referirse en ningún momento del error del médico legista, Luis Gónzales.

Para resumir lo que Bromley no llega a decir: el dictamen del levantamiento de cadáver es completa y sorprendentemente erróneo. (ver documento 1 y 2)

Como es obvio, la necropsia del cadáver en la Morgue Central de Lima contradijo el documento del Instituto de Medicina Legal y empezaron las dudas, que han envuelto por días al Comando de la Dirandro.

Lo que hasta está en claro es lo siguiente:

Todos los policías, empezando por los tres custodios, pasaron de inmediato por el examen de absorción atómica. El resultado, en todos los casos, fue negativo. Es decir, no dispararon (Ver exámenes: 1, 2, 3, 4, 5).

  • Al cadáver del mexicano también le hicieron el examen de absorción atómica. Y ahí hay un resultado clave: La mano derecha del burrier dio positivo, en trazas de bario, antimonio y plomo. Pero, la mano izquierda virtualmente no presenta trazas que indiquen cercanía a un disparo. (ver examen).
  • Eso solo puede indicar una cosa: Torres Ibarra no estaba esposado cuando ingreso a la Dirandro. Es por ello que, con un solo empujón de la mano izquierda pudo arrebatar con la derecha el arma del SO Oria, que estaba colocado en la parte de atrás entre su pantalón y la correa. Que tuviera la mano libre explica con más facilidad el rastrillaje posterior y la posición de la pistola en contacto con la cabeza al momento de lo que parece ser, de acuerdo con las evidencias, un suicidio.
  • Lo probable, y que deberá ser investigado, es que luego del suicidio, los policías que lo custodiaban le colocaron las esposas, tratando de encubrir su negligencia y asustados por la sanción ante la gravedad de lo sucedido.

Pero también, las evidencias apuntan a que se produjo un suicidio. IDL-SC ha obtenido los exámenes de absorción atómica de todos los implicados. Ellas muestran que el único de los examinados que disparó, con una mano, fue el burrier mexicano.

El evento ha remecido a la Dirandro, cuyo comando ha dispuesto una revisión de los procedimientos y la supervisión de intervenciones y traslado de detenidos. Hay que decir que su reacción fue pronta y eficaz.

Lo que marcha, más bien, lentamente, es la investigación de la Dirincri. Su jefe el general PNP Walter Rivera, anunció una larga investigación, repitiendo a los medios que, “todos son sospechosos, hasta determinar la realidad de los hechos”. La frase es más verdadera de lo que uno se imagina.

 

Publicado el 28 de febrero del 2008

 
 
 
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