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Autopsia de una emboscada

La emboscada que costó la vida de la suboficial PNP Marily Solier, el domingo 23 de marzo en Ayacucho tuvo características que expresan un preocupante deterioro en la situación de seguridad en el país. Por lo siguiente

  • La emboscada no acaeció en el VRAE sino en las puertas de la ciudad de Ayacucho. En efecto, el grupo de 14 policías emboscados fue uno de los tres contingentes que la Dirandro movilizó ese día en Ayacucho, para operaciones de interdicción terrestre. Cada uno estableció una “garita móvil” en Soccos, Huamanguilla y Niñobamba, respectivamente. El grupo atacado fue el que retornaba de la “garita” de Huamanguilla-Quinua. La emboscada fue al anochecer, con la última luz del crepúsculo, en un lugar que está a menos de cinco minutos de Quinua. Muy cerca, en consecuencia, de las ciudades de Ayacucho y Huanta.
  • Los atacantes prepararon la emboscada durante el día, casi a la salida de Quinua. Y nadie los vio. Está claro, por la cantidad de impactos de bala y los casquillos encontrados, que los atacantes eran no menos de 10 y probablemente 15 personas o más. La emboscada fue hecha en L, desde arriba del cerro y adelante en la carretera. Los policías que han examinado el escenario del ataque informan que hubo un fuego nutrido de fusiles, que también se disparó por lo menos una “pepa” (granada disparada por fusil), y que posiblemente detonó un explosivo. Se encontraron numerosos casquillos de bala de fusil y también casquillos de 40 mm. Una emboscada así no se prepara en minutos. Entonces: ¿Cómo fue posible que nadie viera a 15 o 20 personas con armas automáticas y por lo menos (como veremos) un equipo de radio en las puertas de Quinua? ¿Cómo fue posible que se pudiera organizar una emboscada a plena luz del día casi a tiro a piedra de Ayacucho? Hay que añadir que hacia el final de la guerra interna Quinua tuvo algunos de los comités de autodefensa más activos en Ayacucho. La gente está acostumbrada a mirar, a vigilar, a reportar. Además, con las guarniciones militares de Ayacucho, Huanta y el VRAE tan cercanas, ¿qué tipo de inteligencia hay que no puede detectar la movilización de un contingente armado de esas características?
  • Todo indica que fue un ataque organizado con antelación, incluso en su repliegue. En efecto, cerca de la medianoche del domingo 23 fue captado un mensaje radial con el siguiente contenido: “Flaco, reporta Enrique, la fiesta ha concluido, hay un muerto y cinco heridos, tenemos dos tubos largos, flaco contesta (…)y la fuga la hemos hecho a (…) , le hemos dado dos cajones, la mayor parte…”. Los “tubos largos” son fusiles y los “cajones”, según parece, las camionetas. El ataque fue de corta duración, entre cinco y siete minutos; y el hecho que las dos camionetas no hayan sido incendiadas o inutilizadas indica que los atacantes utilizaron el tiempo indispensable antes de emprender la retirada. Al parecer, ellos sí tuvieron buena inteligencia.

Según el mensaje interceptado, los atacantes se habrían llevado dos fusiles. Pero en realidad, se han perdido siete fusiles HK con culata retráctil. Son fusiles que, además, tienen capacidad de disparar “pepas”. ¿Cómo se perdieron? ¿No los llevaban los policías consigo, asegurados por el correaje del arma? Hasta donde IDL-SC sabe, no hay respuesta clara al respecto.

Lo que sí parece es que el contingente de policías fue tomado totalmente por sorpresa. Las dos camionetas iban tan próximas que al comenzar la emboscada, la segunda se detuvo casi paralelamente a la primera. La mayor parte de policías saltó por el lado derecho hacia el barranco, excepto la suboficial Solier, que, al tener obstruida la salida por ese lado por la otra camioneta, intentó escapar por la izquierda, y al bajar a la cuneta fue abatida.

La proximidad de las camionetas y la pérdida del armamento indican que los policías estaban desprevenidos. Ese es un problema endémico con la Policía, la negligencia táctica. Pero la negligencia estratégica en este caso no es de la Policía sino de la Fuerza Armada.


Marily Solier, la víctima de la emboscada.
Miles de personas asistieron a su entierro en Huanta.

El VRAE está bajo la responsabilidad del Comando Conjunto. Ayacucho, Huanta y Quinua son lugares importantes, sensibles y estrechamente vinculados con los avatares del VRAE, tanto en cuanto al narcotráfico como al senderismo. Se supone que, a los muchos meses de haber empezado el llamado Plan VRAE, debe haber una capacidad de inteligencia, vigilancia y monitoreo desarrollados como para prever acciones o reaccionar rápido ante ellas. Pero si se puede montar emboscadas en Quinua a la luz del día, hay que decir que la situación está peor de lo que hasta ahora se suponía.

Antes que la capacidad militar del senderismo, el problema parece ser el de la incapacidad o desgano operativo de la Fuerza Armada en esa región crucial.

Por lo pronto, la emboscada de Quinua indica que se ha descendido un peldaño más en el deterioro de la seguridad interna en Ayacucho y el VRAE.

 

Publicado el 26 de marzo del 2008

 
 
 
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