En la tarde del miércoles pasado, los 137 policías, incluyendo 40 efectivos de la Dinoes, que retomaron el control de Celendín, después de los disturbios antipoliciales del día 4 de marzo, encontraron hallazgos inesperados en la ciudad.
En el cementerio de Celendín, hallaron tres revólveres entre las lápidas. (Los números de las armas: 16D4998, D-915825, 16D4988)
En un descampado de la calle Lourdes encontraron un teclado Lenovo, una máquina de escribir Olivetti y hasta un tampón de la “Oficina Provincial de Inteligencia”.
El descampado de la calle Lourdes contenía más sorpresas: Un fusil HK-G3, dos revólveres Smith & Wesson .357, una cacerina de pistola Beretta y otra de fusil AKM, cargada; 50 balas .357 y 48 de calibre 9 mm. Y otras 20 balas de fusil de calibre 7.62 x 51.
Los hallazgos en el barrio El Milagro fueron de telecomunicaciones. La policía encontró ahí tres radios portátiles Motorola (números PRO-5150 Nº 672TZYG924, PRO-5150 Nº 672TZYG925, HT-1000 Nº 402AWUF638Z).
También en la calle del barrio Augusto Gil la Policía encontró objetos interesantes: un fusil AKM (801613) y un revólver Smith & Wesson (D-618638).

Durante el desorden la turba incendió dos camionetas
y una motocicleta de la policía
¿Qué pasó? No es que a un Papa Noel armero o balístico se le hubiera volteado el trineo en Celendín. Las armas y municiones encontradas en el cementerio, descampados y calles solitarias, fueron obviamente dejadas ahí por las personas que tomaron la comisaría de la PNP el día 4, luego de la muerte de un detenido en sus calabozos. La policía dijo que se trataba de un suicidio. La gente obviamente no lo creyó y marchó sobre la dependencia policial, la rodeó, la tomó y la saqueó.
Los policías de la comisaría huyeron en desbandada.
El escape de los policías fue tan desordenado, de sálvese quien pueda, que dejaron abandonadas en la dependencia policial todas las armas cortas y largas, abastecidas con munición, que cayeron en manos de los pobladores.
Estos, con buen discernimiento, parecen haberse percatado, luego de la indignación inicial, del delito que significaba quedarse con las armas de la Policía, y decidido en consecuencia abandonarlas en los lugares donde fueron encontradas por los refuerzos policiales que llegaron al día siguiente.
Este hecho, luego de varios casos de mal uso, manejo y control de las armas de fuego por la Policía, que IDL-SC ha expuesto y descrito en entregas anteriores, ilustra además –en la dimensión bochornosa del evento- las graves deficiencias de entrenamiento, disciplina e integridad profesional que, en un número plural de casos, padece la Policía.
Este es uno de los problemas centrales de la organización policial y, por ende, de la seguridad ciudadana: los pésimos niveles de entrenamiento en la acción propiamente policial, desde las técnicas de arresto hasta el manejo de armas, y la pobre disciplina y mando que los acompaña. Una dotación de policías que suscita las iras de una ciudad entera y que, luego, huye en desbandada abandonando a su suerte las armas entregadas por la nación, es una manifestación patente de que lo primero que debe recobrarse o lograrse en la Policía es el entrenamiento, pericia, integridad, disciplina y orgullo profesional. Eso, claro está, necesita liderazgo.
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