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La corte de los milagros

Las tristes circunstancias en las que ha reaparecido Diana Carolina Arévalo Sagastegui, luego de su intento de suicidio el pasado miércoles 28, han provocado la aparición o reaparición pública de algunos personajes cuya sola presencia expresa una, para ellos, involuntaria elocuencia.

El primero en reaparecer fue el congresista Gustavo Espinoza, luego de un largo y quizá prudente silencio. Como se recuerda, IDL-SC ha examinado en detalle el papel que jugó Espinoza en esta acusación y ha revelado su prontuariada historia.

Esta vez Espinoza declaró que “las constantes amenazas de muerte” que le habrían lanzado a Arévalo desde el entorno de Alejandro Toledo la habrían “empujado” al intento del suicidio: “Seguro se desesperó, se deprimió al verse indefensa y saber contra quien iba a luchar, ya que ni la justicia ni el Congreso hizo caso de su denuncia; mas atención le dieron al poder de Toledo”.

Pero el personaje de presencia más reveladora en este capítulo del enredo es Cesáreo Vargas Trujillo –que se presentó como presidente de una ‘Organización de Derechos Humanos’- y quien logró entrar sin problemas a la muy custodiada clínica San Lucas y pudo hablar largo tiempo con la convaleciente Diana Arévalo. Al salir, afirmó que ella le dijo: “Estoy siendo perseguida y manipulada por un grupo político”.

“Estoy muy consternado por lo sucedido.” dijo Vargas Trujillo,“No podemos permitir que estos intentos de suicidio ocurran cada vez que alguien poderoso presiona a los mas indefensos. Ustedes saquen sus conclusiones a que grupo político se refirió la muchacha cuando pudo conversar conmigo”, dijo Vargas Trujillo, al tiempo que reveló que Diana Arévalo le dijo que le gustaría volverse una asilada política en Canadá.

Vargas Trujillo es un personaje que tiene un notorio pasado.

En el año 2000, cuando se encontraba en pleno funcionamiento la maquinaria que dirigía Vladimiro Montesinos para lograr la tercera reelección de Fujimori, Vargas Trujillo se hizo pasar como un ingeniero de sistemas y además presidente de una “Sociedad Nacional de Informática” para darle un respaldo supuestamente técnico, al software electoral de la ONPE de Portillo.

Una investigación de la revista “Caretas” demostró que Vargas Trujillo estaba ligado al entonces Servicio de Inteligencia de Montesinos, que no era un ingeniero titulado en el Colegio de Ingenieros, que no se llamaba Cesar sino Cesáreo, y que la rimbombante Sociedad Nacional de Informática era una sociedad creada junto a su hermano y a su primo.

A lo largo de los años, Vargas Trujillo ha mostrado una versatilidad camaleónica porque sin dejar la presidencia de la Sociedad Nacional de Informática ha mutado a ser Presidente de la “Organización de Derechos Humanos”, y desde ese nuevo cargo ha aparecido ante los medios defendiendo a los comerciantes del Mercado de Santa Anita que buscaban usar a sus hijos como escudos humanos; como un visitante inesperado en el Fundo Barbadillo, al día siguiente de la llegada de Fujimori y ahora como portavoz de Diana Arévalo.

El multifacético Vargas Trujillo ha entregado en junio pasado, al presidente venezolano Hugo Chávez el premio“lagrimas humanitarias” por su “labor de defensa de los latinoamericanos de escasos recursos” en el programa “Milagro”.

Lo único cierto es que en la Corte de los Milagros que se ha creado alrededor del sospechoso y patético caso de la denuncia de Diana Arévalo, la presencia de Vargas Trujillo es muy reveladora.

 

Publicado el 30 de noviembre del 2007
 
 
 
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