El escándalo ya reventó y dio todas las vueltas que su millaje le permite. Un expresidente de la República acusado de violar o intentar violar (según se trate de la versión 1 o 1.1) a una mujer en el curso de una supuesta orgía en la oficina del voluminoso exprimer amigo de la nación.
No vamos a repetir el relato de la historia, porque suponemos que a estas alturas todos han visto, escuchado o leído el guión básico, además de los aderezos, comentarios, suposiciones, chistes y prejuicios de los periodistas y faranduleros que han tocado el caso.
Es un evento que tiene interés para IDL-SC porque hay varios policías implicados funcionalmente en él. Por lo menos cuatro han sido ya separados y pueden ser pasados al retiro. Ha habido intervenciones de varios altos mandos policiales en el caso, empezando por el director general PNP David Rodríguez Segeu e incluyendo al jefe de la VII región policial, general PNP Octavio Salazar. También han intervenido el director de Seguridad del Estado, general PNP Mauro Remicio. Hay una investigación en regla ordenada por el inspector, general PNP Manuel Acuña y llevada a cabo por el general PNP Wilson Hernández, que dirige el equipo de de la inspectoría. Finalmente, hay una investigación fiscal a cargo del fiscal César del Pino.
Con la importancia del principal acusado de alta lubricidad y, sobre todo, la intervención de tanto policía cuyos años de servicio acumulados sobrepasan fácilmente un siglo, (y sin contar siquiera al fiscal), uno hubiera esperado que el caso estuviera a estas alturas más claro que un arroyo de sierra no minera.
Pero el hecho es que lo único evidente hasta ahora es la confusión aprensiva que rodea el caso. Policías que no han esclarecido los hechos básicos un mes después de supuestamente ocurridos, sospechosas omisiones de acción, declaraciones rimbombantes a las que suceden silencios súbitos y hasta desapariciones. Mucho se pudre en este caso y parece que si no se hace algo, la primera víctima va a ser la verdad.
Con eso en mente, IDL-SC va a explorar e intentar responder las preguntas básicas que, a estas alturas, tanto el fiscal como la Policía debieran haber tenido del todo claras. Lo que, de nuevo, no ha sucedido ni parece estar en camino de suceder.
¿Cuáles son esas preguntas básicas? Las obvias.
¿Hubo o no hubo violación? Y si no, ¿hubo o no hubo intento de violación?
Si lo hubo, ¿ocurrió o no ocurrió en el número 2173 de la calle Huáscar en Jesús María, donde está la oficina de Adam Pollack?
¿Participó o no participó Adam Pollack en el evento denunciado?
¿Participó o no participó el ex presidente Alejandro Toledo y gente de su círculo cercano?
Si la respuesta a todo lo anterior fuera no, ¿Por qué actuó como actuó y sigue actuando la Policía y la Fiscalía? Y una pregunta adicional, ¿hay alguien detrás de Diana Arévalo Sagástegui, aparte del notorio congresista Gustavo Espinoza?
IDL-SC no tiene todavía respuesta a todas estas preguntas, pero sí a varias de ellas.
A continuación, lo que tenemos.
El “lugar del crimen”
La violación o intento de violación de Diana Arévalo se habría producido, según acusó ella, entre la noche del 18 y la madrugada del 19 de setiembre, en el 2173 de Huáscar, en Jesús María. Arévalo está vinculada con un local en San Borja que concerta citas de sus representadas con clientes masculinos de cierta solvencia.
Según la versión 1.1 de Arévalo, grabada con cámara escondida, ella llegó invitada por una amiga. En el lugar, vio a Toledo, Pollack y otra gente. Hablaron de política y aparentemente otros temas. Bebió, según dice, medianamente. Luego, cuando fue al baño, Toledo la habría seguido e intentado propasarse, bajándose el pantalón y esgrimiendo una botella en forma no precisada. Ante esa demostración de intenciones, Arévalo habría salido enérgicamente del baño, propinado un empujón a Carlos Zegarra, asesor de Toledo, le habría arrebatado su teléfono celular y salido casi escapando de la oficina de Pollack, pese a los pedidos de su no identificada amiga. Habría tomado el taxi cerca e ido a denunciar el hecho en la comisaría de Orrantia, donde habría sido maltratada. En algún momento de la madrugada, habría sonado el expropiado teléfono de Zegarra y Adam Pollack le habría dicho, según su versión, “¡Déjate de cojudeces, puta!”. Finalmente, de alguna manera no explicada, el teléfono le habría sido devuelto a Zegarra.
Ahora, vamos a examinar los hechos.
- ¿Estuvo Adam Pollack en su oficina esa noche? Todo indica que no. El suegro de Pollack fue operado el 18 y éste regresó relativamente temprano a su casa. Pollack vive en Casuarinas, a la que se puede ingresar o de la que se puede salir por solo una puerta a partir de las 8:30 de la noche. Todo ingreso o salida es filmado en la garita de vigilancia por más de una cámara, que anota fecha y hora. Aquí les damos la foto del ingreso del vehículo de Pollack a Las Casuarinas (haga clic). La esposa de Pollack, Mariana, confirma en todos sus términos la versión de aquel. ¿Pudo éste haber salido después? Habría sido fotografiado. ¿Pudo haber salido en otro vehículo? Su esposa lo niega, y no solo eso, hay más.
- Arévalo dice haber arrebatado el celular de Zegarra. IDL-SC pudo establecer contacto con Carlos Zegarra, quien indicó lo siguiente:
Que no estuvo ese día y menos esa noche en la oficina de Adam Pollack en la calle Huáscar,
Que no conoce ni ha visto nunca personalmente a Diana Arévalo.
Que nadie le arrebato su teléfono ni ese día ni ningún otro.
Que ofrece levantar su secreto telefónico para todas las llamadas recibidas o hechas desde su celular entre las 8 de la noche del 18 de setiembre y las ocho de la mañana del 19 de setiembre.
Que en la noche del 18 dejó a Alejandro Toledo en la casa de éste en Camacho, luego de un día relativamente activo.
Que Toledo estaba afectado por una gripe rebelde y por eso se fue temprano a dormir.
Que Zegarra salió de la casa de Camacho alrededor de las 9 de la noche y manejó hasta su casa en un distrito relativamente lejano.
Que Toledo quedó custodiado por un turno de su seguridad personal compuesto por lo menos por cuatro policías, que permanecieron en Camacho.
- IDL-SC ha podido establecer que el jefe de la escolta de Toledo, mayor PNP Juan Ruiz presentó un informe escrito a Seguridad del Estado, dependencia en la que trabaja, indicando cada una de las acciones y movimientos de la escolta que acompañó a Toledo el día 18 y la noche del 18 al 19. Ahí se indica que el ex presidente no se movió de su casa de Camacho y que durmió ahí custodiado por su turno de seguridad, de cuatro policías. Cada uno de ellos firmó independientemente una corroboración de la reseña de Ruiz. El jefe de Seguridad del Estado, general PNP Mauro Remicio guarda celosamente la copia de ese informe. IDL-SC ha sabido que los policías de la escolta de Toledo han recibido una prohibición expresa de hablar sobre el tema.
- Si, como todo indica, ni Toledo ni Pollack ni Zegarra participaron o siquiera estuvieron presentes en el lugar de la presunta orgía, ¿estuvo o no estuvo Diana Arévalo en la oficina de Pollack en Huáscar 2173 en la noche del 18?Todo indica que no. Según Arévalo, ella arrebató el celular y salió casi huyendo de esa oficina. Eso, según ha averiguado IDL-SC, es imposible. La puerta que da a la calle de la oficina de Pollack solo puede abrirse desde adentro, presionando un botón eléctrico invisible para quien no conozca su ubicación exacta. La puerta y la verja de metal, hacen imposible salir si no se abre desde dentro.
Ver Video de la puerta
. Una persona que acaba de arrebatarle el celular a uno de los asistentes, difícilmente iba a poder salir sin antes devolverlo.
Intento fallido de abrir la puerta
- Además, en la madrugada del 19 de setiembre, una vez hecha la denuncia en la comisaría de Orrantia, el suboficial Rubén Chávez declara haber ido en un auto del serenazgo de San Isidro a hacer un reconocimiento a la oficina de Pollack, y haber encontrado la casa a oscuras. Después de quince minutos de tocar el timbre, Chávez se retiró. Esa diligencia no fue mencionada en el cuaderno de ocurrencias.
Entonces, si no estuvieron ni Pollack ni Toledo ni Zegarra en el lugar de la presunta orgía; y si en el lugar tampoco hubo ninguna reunión, ni orgiástica ni conventual ni nada, ¿qué pasó?
¿Se trató de una simple calumnia, una delusión paranoica, una patraña montada, o una combinación de lo anterior?
¿Por qué la policía de la comisaría de Orrantia del Mar actuó tan mal?
¿Por qué luego la PNP y el fiscal han actuado con tanta lentitud y desánimo investigativo?
Por lo pronto, podemos adelantar algunas cosas:
Diana Arévalo tomó el taxi conducido por José Silva Vílchez (el Toyota Corolla SCJ-715) en la esquina de Huáscar con Olaechea, según el parte del serenazgo.
¿Si no salió de la oficina de Pollack, como parece, de acuerdo a los indicios, de dónde salió?
En todo caso, ahí arrancó otra maraña, que seguiremos intentando desenredar en la próxima entrega.