El 4 de julio pasado, IDL-SC publicó el reporte– “Sendero cobra fuerza en el Alto Huallaga”-, donde se informó que, “en lugar de debilitarse, Sendero Luminoso se ha fortalecido” en esa región.
Hechos recientes, corroborados por IDL-SC, confirman ahora ese diagnóstico.
El 17 de julio, hace tres semanas, un grupo de oficiales del destacamento de la Dirandro, que se encontraba en el campo protegiendo a los erradicadores del Corah, se negó a salir del campamento a la zona de erradicación pese a las órdenes de sus oficiales superiores. El campamento se encontraba en la zona de Yanajanca, en la margen izquierda del río Huallaga, donde se llevaban a cabo operaciones de erradicación desde junio, en medio de una activa oposición local (ver revista Ideéle 182), y también bajo un hostigamiento constante de Sendero Luminoso.
Las cinco escuadras policiales que se encontraban en el campamento habían pasado ya tres días custodiando la erradicación. Ese es el lapso normal de operaciones en el campo, al que siguen otros tres días en la base de Santa Lucía.
Sin embargo, quizá por el retraso en las metas de erradicación, se les había hecho permanecer un día más en el campo. Al término de la cuarta jornada se les comunicó desde Santa Lucía, que deberían quedarse otro día más.
Cuando el jefe de las escuadras en el campo, un comandante PNP, transmitió la orden, sus cinco subordinados inmediatos, capitanes y tenientes, protestaron vivamente y le dijeron que se rehusaban a salir el día siguiente.
De acuerdo con diversos testimonios de fuentes dignas de crédito, los oficiales le reclamaron la orden al comandante, argumentándole a viva voz que estaban siendo hostigados “todo el tiempo” por Sendero y que, además, él sabía, porque les había dicho, que había información de que iban a ser emboscados. También protestaron arguyendo que las misiones en el campo no deben ser de más de tres días porque “el enemigo sabe tu ubicación y las rutas que utilizas”, según refirió una fuente.
La insubordinación fue protagonizada solo por los oficiales. El personal subalterno no participó en ella, según ha podido saber IDL-SC.
En esos días, en efecto, el destacamento había sido hostigado en la noche en su campamento por senderistas. Los oficiales de la Dirandro habían sido trasladados hace poco desde Lima y, de acuerdo con versiones coincidentes, no tenían entrenamiento en operaciones en selva, a diferencia del personal subalterno.
Luego de una fuerte discusión en el campamento y de varias comunicaciones conminatorias desde la base de Santa Lucía, los oficiales acataron finalmente la orden y salieron al campo el día siguiente. Al término de la jornada fueron relevados y trasladados a Lima.
En diálogo con IDL-SC, el jefe de la Dirandro, general PNP Miguel Hidalgo confirmó el incidente de Yanajanca: “Ocurrió un acto de indisciplina a causa de que el comandante manejó mal las abundantes notas de inteligencia que se producen en una zona de emergencia como Tingo María”, dijo. Las notas informativas daban cuenta de que los senderistas preparaban una emboscada al grupo de policías y al personal del Corah.
Solo en los meses de junio y julio han ocurrido siete ataques a los campamentos y 27 hostigamientos, que han dejado un saldo de un muerto y siete heridos entre los trabajadores del Corah. Seis policías fueron heridos en el mismo lapso.
El jefe de la Dirandro aseguró que, pese a este incidente, no se detuvo la erradicación. Informó que el grupo de oficiales insubordinados fue traído a Lima y que estaban siendo sometidos a una investigación. Aseguró que este episodio quedará en sus legajos de servicio.
Una fuente bien informada del Corah admitió a IDL-SC que “hay tensión en la zona. No lo podemos negar. Se trabaja en condiciones difíciles, hay ocurrencias diarias, sólo en una noche hemos tenido 500 disparos, pero … el trabajo no puede detenerse. En Yanajanca hemos erradicado 60 pozas de maceración y se han encontrado más de 40 minas enterradas”.
La causa de la insubordinación parece haber sido el resultado de enviar al campo a oficiales sin entrenamiento, que no solamente fueron sometidos a los rigores del campamento en selva, sino a un muy real hostigamiento senderista y a una guerra sicológica que terminó por quebrar su disciplina cuando postergaron su relevo.
Hidalgo, empero, no acepta este argumento e indica que todos los efectivos de su dirección deben estar preparados tanto para realizar investigaciones como para desenvolverse en áreas de difícil geografía, “por más que no les guste y les produzca molestias como la picadura de mosquitos, el calor, la incomodidad de usar botas de jebe y ponchos para la lluvia”.
“Aunque tengan a los ‘tucos’ hostigándolos y respirándoles encima, luego de haber salido de la escuela policial –y más aun si son oficiales con 10 años de experiencia– deben estar preparados para eso y para mucho mas; porque quiero que se amplíe su visión del narcotráfico y que puedan conocer cómo funciona la zona donde nace", sostuvo Hidalgo.
Sin embargo, resulta evidente que el hostigamiento senderista minó la moral de parte de los oficiales de la Dirandro. Una de las razones por las que se envía a oficiales sumariamente entrenados al Huallaga, aparte de las indicadas por el general Hidalgo, es la presión estadounidense por lograr las metas de áreas erradicadas. Hasta la fecha, se ha logrado erradicar la mitad de lo que se hizo el año pasado en el mismo período. Eso forzó a los mandos policiales a extender el tiempo de operaciones en el campo.
“Hemos acelerado el paso porque estamos atrasados por los problemas conocidos y así hemos aumentado el personal policial y el del Corah. Tenemos más vuelos y más operativos”, reconoce la fuente del Corah.
Eso aumenta los blancos de oportunidad para Sendero Luminoso y ablanda la moral de los oficiales insuficientemente entrenados para enfrentar a un enemigo crecientemente agresivo.
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