El desalojo del mercado Santa Anita representó un gran riesgo operativo para la Policía Nacional y uno político no menor para el Gobierno. Las posibilidades de un desenlace cruento, con un saldo de víctimas mortales, eran muy altas.
Sin embargo, el impecable operativo de desalojo llevado a cabo en corto tiempo y sin ninguna víctima por la Policía, se ha constituido ya en un modelo del uso preciso y eficaz de la fuerza pública en una democracia.
¿Qué diferencia un operativo exitoso y sin víctimas de otro brutal y finalmente fallido? Calidad profesional, planeamiento meticuloso, entrenamiento y claridad en el objetivo. Que en este caso no era solamente el desalojo de Santa Anita sino el ejecutarlo con los métodos propios de la Policía de un país democrático.
¿Cómo se hizo? IDL entrevistó al general PNP Octavio Salazar, jefe del operativo y a varios de sus principales colaboradores. Aquí, los detalles inéditos y el testimonio exclusivo del planeamiento y ejecución del operativo.
Fueron 3,900 los policías movilizados el pasado 28 de mayo para la ejecución del operativo “Imperio de la ley” en el mercado Santa Anita. El número abrumador de policías fue una de las condiciones necesarias para evitar el uso irracional de la fuerza. Junto con eso, una inteligencia precisa, un ablandamiento psicológico prolongado y una estrategia que hiciera innecesario el uso o la amenaza de la fuerza letal, logró poner fin a la ilegal toma del terreno de 82 hectáreas. Hasta entonces, todos los intentos por lograrlo habían sido neutralizados por los invasores, dirigidos por los traficantes de terrenos Herminio Porras y Fernandino Nieto. Ambos parecen haber supuesto que iban a imponerse otra vez. (Vea a Nieto y Porras en Santa Anita antes del desalojo).
Los policías sabían que dentro del mercado, los líderes de la invasión se preparaban a resistir el desalojo usando, entre otras cosas, a niños como escudos. Además de estar protegidos por las paredes del mercado, tenían armas de todo tipo: 6 escopetas, bombas molotov, armas hechizas, huaracas, palos de escoba con “miguelitos” en las puntas, baldes de gasolina mezcladas con kilos de ají, bombardas de pólvora negra, entre otras.
Según el general Octavio Salazar, para el éxito del operativo “fue vital el ablandamiento psicológico”, que consistió entre otras cosas, en el sobrevuelo de helicópteros, el lanzamiento de volantes con mensajes claros de advertencia. (Vea cómo el sobrevuelo de helicópteros dio también información precisa sobre el interior del mercado); y los falsos anuncios del inicio del operativo que poco a poco fue minando el ánimo de los de que estaban adentro.
“No es lo mismo estar afuera y estar preparado para entrar en cualquier momento, que esperar adentro a que entren, la presión psicológica es mayor para los encerrados y nosotros teníamos varias estrategias”, refiere el experimentado policía desde su oficina en la Prefectura de Lima.
Es en esas oficinas, sobre todo en la sala de directorio adyacente al despacho de Salazar, donde se llevó a cabo el planeamiento en detalle de las acciones. (Vea el momento en el que la Policía le da los ajustes finales al plan de desalojo).
Dos días antes del operativo se instalaron 5 parlantes musicales de gran tamaño en el que pasaban música de fiesta para que no escuchen los movimientos que realizaban los policías fuera del recinto.
“Nuestro objetivo era que no haya víctimas y por eso teníamos varias estrategias para entrar, al final se optó por la retaguardia y dejarles la vanguardia para que salgan los invasores”, agregó.
Para Salazar, fue un momento “complicado” cuando los estudiantes de la Universidad La Cantuta acudieron a apoyar a los pobladores que vivían en el mercado Santa Anita, impasse que fue superado gracias a la declaración de emergencia del distrito que decretó el gobierno y que permitió cercar el terreno de 82 hectáreas e impedir el ingreso de manifestantes.
“Del saque, -los líderes de la toma de la protesta- querían tener muertos”, refiere Salazar frente a la maqueta de madera elaborada para las largas reuniones de planificación realizadas en la sala de directorio de la 7ma. Jefatura Policial de Lima.
“No entramos por la vanguardia porque en las puertas 7 y 8 habían puesto bombas molotov y bombas hechas de combustible. La policía tenía adentro gente de inteligencia que se comunicaban con nosotros a través de celulares”, señaló. Aparte de la planificación del operativo, se realizaron tres masivos ensayos en la planta de La Atarjea de Lima, lo que permitió que los policías se puedan mover por la zona como si estuvieran “con los ojos vendados”.
Si bien los recursos de la policía son escasos, entre ellos abunda el ingenio a la hora de hacer un operativo de estas características en las cuales, aprovecharon hasta el programa “Google Earth” para utilizar las fotos satelitales del mercado, como plantilla para las maquetas en las que se diseñó la operación.
Todo plan, por meticuloso y practicado que sea, tiene un elemento de incertidumbre. Horas antes del inicio del operativo, Salazar y su Estado Mayor dejaron los mapas y se abrazaron en una ceremonia que tuvo de arenga y de oración (Vea a los oficiales PN en oración junto con el general Salazar).
En el día del operativo, minutos antes de que éste empezara, el ministro del Interior, Luis Alva Castro llegó al lugar para desearle suerte a Salazar y sus oficiales.
“¡Señuelo, acción!”, fue la frase que dio Salazar a las 8 de la mañana del 28 de mayo, una vez que la secretaria del Juez Carlos Córdova leyó la orden de desalojo en presencia de la Fiscalía y Defensoría.
De inmediato, el comando formado por los “robocops” y la caballería hizo un amago de ingreso detrás de dos cargadores frontales que hacían la finta de ingresar por la puerta principal del mercado, mientras que por las dos puertas traseras se entraba rompiendo las paredes que rodeaban las puertas con un cargador frontal y los portatropas blindados “Kaspir”, de Sudáfrica. (Vea el momento del ingreso de la Policía a Santa Anita).
Detrás de los blindados hubo un masivo ingreso de los policías por las dos puertas derribadas a la vez. Novecientos policías entraron en pocos minutos al mercado. Eran de la Unidad de Servicios Especiales (USE) y Dirección de Operativos Especiales (DINOES), protegidos los de adelante por un escudo construido para la ocasión con un agujero en el medio- que avanzan en ángulo recto, formando una especie de falange, explica Salazar. (Vea el avance de la Policía dentro del mercado y la consolidación del avance).
Apenas se juntaron los dos contingentes policiales, empezó el avance por cada una de las calles del mercado. Los policías progresaron rápidamente, protegidos por los blindados y por sus escudos, sin otra arma que la vara de reglamento. Pero la organización, la masividad y simultaneidad del avance fueron suficientes para lograr un veloz e incruento desalojo. Los invasores fueron empujados y salieron por los boquetes que luego abrió la Policía por la parte delantera del mercado. (Vea cuando la policía abre la puerta delantera)
Las únicas armas letales durante el operativo estaban fuera del mercado Santa Anita: se ubicó una decena de francotiradores en lugares altos para controlar cualquier ataque a los policías y además se tuvo un sistema de vídeos que permitía controlar lo que sucedía a la distancia.
El sistema de salud con el que contaban los policías estaba compuesto por 15 ambulancias. En el hospital Manuel Voto Bernales se instaló una oficina de la Dirección de Criminalística para sacar huellas de los niños que se rescataran, pero no hubo necesidad de utilizarlo.
También se colocaron diversos extintores en el área de aduanas porque había un riesgo de un posible incendio, así como en el mercado mayorista ubicado al frente del mercado Santa Anita, donde había propietarios dispuestos a “quebrar” el operativo con un incendio.
“Los atestados son buenazos”, asevera el jefe policial al responder si los dirigentes de la toma de Santa Anita podrán ser juzgados con la severidad de sus faltas cometidas.
Todos los detenidos fueron al Fundo Barbadillo donde se instaló el puesto de comando donde había un pool de fiscales y 22 computadoras desde se centralizó la información de inteligencia a través de la Oficina Regional de Inteligencia (ORI). Fernandino Nieto, sin embargo, logró escabullirse entre la masa de comerciantes que evacuó el mercado.
“La clave fue la masificación del personal que participó y la sorpresa”, manifiesta el chiclayano Salazar.
Aunque luego de casi todos los casos de confrontación puede repetirse el dicho aquel que “la victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana”, en este caso no hay dudas sobre la autoría en la ejecución y los principios que inspiraron este plan de éxito inobjetable. Lo más importante es que demostró, en una forma que no solo es relevante para el Perú sino para Latinoamérica, que la ley puede ejercerse e imponerse con una rotunda eficacia que tiene entre sus componentes mayores el respeto a los derechos humanos y la defensa práctica de la legalidad democrática.
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