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Seminario de Prevención Comunitaria del Delito

Entre el 25 y 30 de junio se desarrolló en Bogotá, Colombia, el Tercer Seminario de Prevención Comunitaria del Delito, que reunió a especialistas en seguridad ciudadana de buena parte de América Latina.

Durante la intensa semana del seminario, en la que participaron 38 jóvenes profesionales, provenientes de México, Chile, Argentina, Brasil, Perú Guatemala y del país anfitrión, se abordaron las diferentes experiencias de seguridad ciudadana puestas en marcha en la región, pero ninguna de ellas fue tan analizada, por sus éxitos pero también por sus limitaciones, como la de la capital anfitriona. IDL estuvo allí y presenta algunas de las ideas principales del debate.

Lo ocurrido en la capital colombiana era la más significativa expresión del éxito del modelo de seguridad preventiva, surgido del trabajo coordinado entre el Gobierno Municipal, los vecinos y la Policía. En esencia, una política implementada por el Gobierno Municipal (Alcaldía Mayor, que reúne a las 20 localidades de Bogotá) de la que depende la Policía local y que facilitó la operatividad de la política en seguridad. La estrategia principal fue que los efectivos policiales se aproximaran mucho a la población, de modo que se les llegara a considerar a cada uno como “el amigo policía”.

Las cifras más publicitadas sobre la espectacular transformación de la ciudad demostraban el éxito del modelo: entre 1994 y 2003, su tasa de homicidios se redujo de 80 homicidios por cada 100 mil habitantes a 24 por cada 100 mil habitantes. La actitud frente a la Policía también cambió. En 1995, las encuestas revelaban que el 73% de los colombianos tenía una percepción negativa de esa institución. En 2004, nuevos sondeos indicaban que el 85% de los bogotanos tenía, ahora, una imagen favorable de ella.


Al seminario, organizado por el centro de estudios de seguridad ciudadana de la
Universidad de Chile y la Cámara de Comercio de Bogotá, asistieron especialistas
de varios países de la región.

Pero este camino fue largo y requirió que las sucesivas gestiones municipales mantuvieran el modelo. Además un factor clave fue que la Policía Nacional, de acuerdo a ley, guarda obediencia a los Alcaldes a través de los comandantes policiales, quienes los evalúan anualmente por desempeño y trabajo coordinado. Esto posibilitó que, en primer lugar, los efectivos pudieran ser capacitados con fondos municipales de la Municipalidad de Bogotá. Por primera vez, el presupuesto edil incluyó una partida para la institución policial, logrando activar un proceso a través del cual miles de agentes pasaron a preparase académicamente en las universidades. Se trataba de un nuevo concepto de laPolicía Comunitaria(definida como el agente dedicado a patrullar diariamente un barrio). Ahora se la entendía como un servicio que buscaba construir canales de comunicación directos y permanentes con los vecinos. Lograr, en primer lugar, su confianza y luego obtener información de ellos, de primera mano, que sirviera para contrarrestar potenciales actos delictivos o facilitar la captura o desarticulación de grupos delincuenciales.

Sin embargo, a la larga, el modelo demostró sus limitaciones. Algunos de los expositores sostuvieron que la experiencia bogotana había sido sobreestimada. Citaron como ejemplo el caso de la calle El Cartucho. Era esta una zona ubicada en el centro de Bogotá, a pocas manzanas de la Plaza de Bolívar y de la Alcaldía Mayor, habitada por hombres, mujeres y niños abandonados, desplazados por la violencia, recicladores y drogadictos. En 2005 todos fueron desalojados por las autoridades para concluir la construcción del Parque Metropolitano Tercer Milenio. Pero no pasó mucho tiempo para que los marginales desalojados se reagruparan en nuevas calles, con lo cual el problema se multiplicó. Al poco tiempo no había uno sino hasta tres ‘El Cartucho’ en distintas zonas de la ciudad. Las críticas no tardaron en llegar: las autoridades solo habían querido ocultar el incomodo problema.

Inicialmente, los alcaldes Antanas Mockus y Luis Peñalosa intentaron mejorar la situación de los indigentes con costosos programas de resocialización. Pero, al poco tiempo, aquellos fueron dejados de lado.

De acuerdo a los expertos, otro elemento para dudar de la publicidad que se le dio al modelo han sido las estadísticas sobre la criminalidad. La prensa de Bogotá ha señalado, en más de una oportunidad, que las presentadas por las autoridades municipales evidencian inconsistencias. A ello se suma que un gran porcentaje de los bogotanos que son víctimas de robos y otros delitos no los denuncian. Según una encuesta de percepción y victimización realizada en diciembre de 2006, entre las razones por las que no lo hacen están la falta de pruebas del delito (43%) y la falta de confianza en las autoridades de seguridad (26%), entre otras.


El evento reunió a jóvenes profesionales en temas de seguridad ciudadana de México,
Chile, Argentina, Perú, Guatemala, Brasil y Colombia

Los conocedores también cuestionan que el diálogo entre la comunidad y el Gobierno Municipal, que comenzó auspiciosamente, parece ser cada vez más difícil y que los frentes de seguridad local de Bogotá (1,863), que deberían constituir la piedra angular para la seguridad preventiva, no son tomados en cuenta a la hora de formular la política nacional de seguridad pública.

Todos estos datos parecen quitarle argumentos a quienes promocionan la estrategia de seguridad ciudadana desarrollada en la capital colombiana como un modelo ejemplar. Sin embargo, a la hora del balance, es evidente que el saldo es largamente positivo. Y deja para los vecinos de la región algunas lecciones:

  • Que la presencia del ciudadano en la formulación de los planes de seguridad ciudadana fundamenta y da legitimidad al proceso.
     
  • Que el diálogo entre los diversos actores –el Municipio, los vecinos y la Policía, y como en el caso bogotano el sector privado, agrupado en la Cámara de Comercio– es fundamental para una mejor convivencia. Estos acuerdos de convivencia, como los suscritos entre los diferentes gremios de una ciudad (de taxistas, de comerciantes) y el municipio, han logrado, claramente, reducir los índices delictivos.
     
  • “Que el acercamiento de la Policía a la comunidad revitaliza los cuerpos policiales, incrementa sus niveles de apoyo social e impulsa reformas profundas en su estructura y en su funcionamiento” (como lo dice claramente el especialista en materia de seguridad Hugo Frühling). En Bogotá, este encuentro, y la nueva interacción, ha traído consigo una mayor efectividad policial, así como la disminución del abuso policial y la consecuente mejora en la percepción favorable de la opinión pública sobre la Policía.

Comprender la experiencia bogotana demanda, definitivamente, asimilar y replicar el compromiso de sus habitantes con su ciudad pero, también, aprender sus lecciones y no repetir sus errores.

 

Publicado el 06 de julio del 2007
 
 
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