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Sendero cobra fuerza en el Alto Huallaga

Diversos reportes y testimonios de efectivos de las fuerzas de seguridad destacados en el Alto Huallaga coinciden en señalar que, en lugar de debilitarse, Sendero Luminoso se ha fortalecido después de asimilar el golpe que significó la muerte de “Clay” (Héctor Aponte) el 19 de febrero de 2006.

El fortalecimiento de Sendero en el Alto Huallaga es ya evidente en el aspecto operativo para los policías destacados en el área: los hostigamientos contra las fuerzas de seguridad son más frecuentes y más audaces. Incluso ha habido un par de incursiones senderistas contra las fuerzas policiales y los erradicadores del Corah, que, por fortuna, no tuvieron éxito, pero que ilustran un nivel de osadía de los senderistas, que no existía antes.

Al caer la tarde del Día del Padre, el 17 de junio, una bomba detonó dentro de la base de Santa Lucía. La explosión se produjo en el área de acantonamiento de los erradicadores del Corah y, salvo el efecto de concusión, no produjo víctimas ni daños. Sin embargo, provocó una considerable confusión dentro de la base, donde policías y erradicadores celebraban el Día del Padre. A esa hora, un porcentaje relativamente importante de personas en la base no se encontraban en condiciones de pasar un test de alcoholemia.

Todo indica que la explosión tuvo como objeto distraer a los efectivos policiales para facilitar la incursión de senderistas en el lado opuesto de la base, el que da al río. Cerca de esa zona se encuentra la armería de la Base.

Por fortuna, un pequeño grupo de efectivos de la DINOES, que no había participado en las celebraciones y se encontraba en el área, abrió fuego contra los senderistas y repelió el intento de ingresar a la base. Recién entonces reaccionó el grueso del contingente policial, con diversos grados de sobriedad, se ocuparon emplazamientos, y luego de nutridos disparos, fue evidente que el peligro había sido conjurado.

En la zona del Corah, dentro de la Base, fue capturado un presunto senderista, que se había camuflado como erradicador. Después de un interrogatorio policial, el detenido contó los detalles del plan de ataque.

“El ataque fracasó, es cierto” dijo un efectivo policial, “pero lo importante es que se hayan atrevido. Antes, cuando había solo 35 efectivos para cuidar toda la base, nunca intentaron atacar. Y ahora que hay cuatrocientos policías no tienen miedo de atacar”.

INFILTRACION NOCTURNA

Un episodio que pudo tener peores consecuencias acaeció tres días después del ataque del Día del Padre. En la zona de Yanajanca, en la margen izquierda del río Huallaga, centenares de trabajadores del Corah llevan a cabo operativos de erradicación desde abril. Los erradicadores son protegidos por policías de la DIRANDRO. Por la noche, erradicadores y policías pernoctan en campamentos armados en pleno campo. Al centro duermen los obreros del Corah y los policías establecen un perímetro exterior de seguridad, donde, mientras unos duermen, otros hacen servicio de centinela. Algunos kilómetros más allá hay campamentos del Ejército y la DINOES.

Esa noche pernoctaban alrededor de doscientos obreros del Corah y cien policías, que no podían resguardar todo el perímetro sino ocupaban posiciones cercanas entre sí. Vale la pena indicar que estos policías no disponen de visores nocturnos o sensores de movimiento.

En la madrugada, un policía que salía a hacer aguas menores, vio a una persona internándose hacia el campamento del Corah. Al darle el alto y exigirle la contraseña, el individuo huyó. Después del alerta general, los policías descubrieron que no solo había ingresado una sino dos personas, que pudieron escapar. Dejaron, sin embargo, en el lugar, una mochila con cien cartuchos de dinamita, preparados para detonar. Además del explosivo, la mochila tenía clavos, para que actuaran como metralla en la explosión. El objetivo, obviamente, era colocar la mochila en medio del campamento del Corah, donde los obreros duermen apretujados, para provocar el mayor número posible de víctimas. En este caso, la salida providencial del policía evitó el atentado.

Los mismos policías que protegen a los erradicadores han visto aumentar el número de “cazabobos”, trampas explosivas que ponen los senderistas en los campos por erradicarse.

Lo más importante es que los policías saben y sienten que los senderistas están siempre cerca, hostigándolos continuamente y tratando de preparar emboscadas donde sea posible.

El pasado 12 de abril, durante un operativo de erradicación, se produjo la emboscada en la que murió el trabajador del Corah, Edgardo Ricota, y quedaron cinco policías heridos. Durante el largo enfrentamiento, un mando militar senderista entró en la frecuencia radial de la Policía y entabló un extraño diálogo, que luego de los insultos de rigor, entró en una especie de debate político. En determinado momento, el senderista alardeó de haberlos tenido en la mira, y haberlos “perdonado” cuando los policías se bañaban desarmados en el río Huallaga. Por las huellas de sangre que después encontraron en el monte, los policías creen que el senderista entabló el diálogo para distraerlos mientras retiraban a sus heridos, o muertos.

El fortalecimiento de Sendero no se debe solamente al rechazo que provoca la erradicación forzosa en el Alto Huallaga. También viene aparejado con un visible deterioro en la eficacia de la acción antisubversiva de las fuerzas de seguridad, tanto en inteligencia como en el aspecto operativo.

Los grupos de la DIRANDRO encargados de la protección del Corah específicamente, tienen serios problemas de entrenamiento, planeamiento y, además, desánimo.

“No hemos tenido ningún entrenamiento significativo en tiro; ni hablar de entrenamiento de combate en selva, de acciones de pequeñas unidades, de enfrentamiento nocturno. Hay poquísimos visores nocturnos. Encima de eso, hace poco mandaron como refuerzos de Lima a policías de escritorio, a los que enviaron al monte con cero entrenamiento”, dice un policía de la zona. Ese grupo de policías administrativos sufrió por lo menos un accidente con arma de fuego, que le costó el dedo a uno de ellos.

Además, sostienen los policías, el período de servicio sin permiso es exageradamente largo. Como consecuencia de eso, la principal diversión en los días que no están en el campo, es el alcohol. Los funcionarios de la NAS, de la Embajada de Estados Unidos, que buscan alcanzar la meta de diez mil hectáreas erradicadas este año (hasta la fecha solo han erradicado algo más de dos mil), presionan a los mandos policiales para que salgan con mucha más frecuencia de lo aconsejable. Los policías resienten la excesiva influencia de la NAS en las decisiones operativas de su alto mando.

Un equipo de Seguridad Ciudadana y la revista IDL realizó entrevistas con policías en el Alto Huallaga, durante un reciente viaje a la zona y recogió, durante casi una semana de reportaje, detalles de primera mano sobre el curso de la llamada “guerra anti-drogas” y el de las acciones anti-subversivas. Un informe completo aparecerá en el próximo número de la revista Ideéle.

 

Publicado el 04 de julio del 2007
 
 
 
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