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¿La pobreza, es una causa de la violencia?
Nuestras sociedades son más violentas no porque seamos más pobres, sino porque tenemos una escenarios donde la violencia se constituye en una forma de comunicación, como es el caso de los hogares donde se ejerce violencia intra familiar y maltrato infantil, o las escuelas o los ámbitos comunitarios en donde se resuelven los conflictos de manera pacifica. La mayoría de personas que ejercen violencia, han sido a su vez, en algún momento, víctimas de violencia, generalmente al interior de los hogares. Hagan un estudio en las cárceles y verán que la mayoría de las personas que están ahí han sido víctimas de violencia cuando eran niños o niñas. Más que la pobreza. Eso que la pobreza es causa de violencia y la delincuencia no es tan cierto. Nuestros países no se los han robado los pobres sino gente que ha ido a las mejores universidades, que son peores delincuentes que el delincuente callejero. Desafortunadamente hay muchos más pobres por eso se ve lo que hacen. Es más, quizá en términos de violencia, una de las causas mayores tiene que ver con la violencia intra familiar y el maltrato infantil.

La administración tuvo que trabajar con grupos en riesgo; indigentes, jóvenes que consumen alcohol y drogas, desplazados por la violencia, la prostitución. Y, finalmente, en materia de control de riesgos, la venta de artículos pirotécnicos. En Bogotá, en el año 1995 prohibimos la producción y distribución de pólvora al menudeo. Los espectáculos pirotécnicos deben estar a cargo de empresas especializadas. Con esta medida, pasamos de doscientos sesenta y tres personas quemadas, especialmente niños, a cincuenta y dos. Teníamos tres unidades de quemados y, con una inauguración especial, cerramos dos. El día en que comencemos a cerrar cementerios porque no hay tanta muerte por violencia o el día que logremos cerrar cárceles, ese día estamos logrando cosas importantes.

Y, la recuperación de espacios públicos?
Ese es otro aspecto preventivo, la recuperación de espacios públicos. El espacio es público, no privado. Los alcaldes tienen la obligación de garantizar el espacio público para los ciudadanos. Esa idea de que hay que dejar que los ambulantes ocupen el espacio público para que sobrevivan es falsa. La venta informal acaba con el poco empleo formal que existe. Si los dejamos avanzar, no solamente nos traen zapatos chinos a 25 centavos de dólar, vendido en el espacio público que acaba con nuestra propia industria de calzado. Los vendedores ambulantes son unos explotados de las grandes empresas en la medida que a través de ellos distribuyen parte de sus recursos, pero no les garantizan la seguridad social. Y, existen grandes empresas, como Coca Cola o Bimbo que invaden el espacio publico cuando, les dan sus productos a los ambulantes para que los vendan en la calle y no les dan prestaciones sociales. Si Marx hoy viviera encontraría un buen ejemplo de explotación del capital en la venta ambulante.
En este y otros temas, el estado tiene la obligación de crea condiciones que les permiten a los particulares invertir de manera adecuada y generar empleo digno, con prestaciones y con seguridad social. Todo esto no es sólo un asunto de normas. Nos llenamos de normas y no aplicamos la que ya existen. Lo que hay que preguntarle a la autoridad es ¿con lo que hay, podemos hacer algo? ¿Porque siempre estamos esperando que salga una nueva norma, más represiva, más fuerte para actuar? No, actuemos con lo que tenemos en el marco de un Estado de Derecho que respeta los derechos humanos.

Las ciudades tienden a deteriorarse, los centros de nuestras ciudades empiezan a expulsar, primero a la élites locales que vivieron tradicionalmente en el centro. A medida que pasa el tiempo, se convirtieron en lugares de comercio, oficinas y con el tiempo, se convierten en poco rentables por temas de inseguridad, polución. Por ello, por su falta de rentabilidad se abandonan y se deterioran consecuentemente. Esto sucedió en Bogotá, como en otras ciudades de América Latina. Se trata entonces, no sólo de recuperar el espacio público, sino, también, el entorno urbano. Desde 1998 en Bogotá con el Alcalde Enrique Peñalosa se montó una empresa de renovación urbana, aprendiendo de las experiencias exitosas de otras ciudades. Aprendimos de unas ciudades europeas, de Guayaquil, de Puerto Madero en Argentina de Quito, la recuperación del centro de Lima. Aprendimos. Les preguntamos cómo lo hicieron y lo hicimos a nuestra manera. Esto tiene efecto sobre la seguridad. Los ciudadanos requieren caminar, disfrutar la ciudad. Una ciudad segura es aquella en la que se puede transitar, a cualquier hora del día.

¿Cuáles son las condiciones para el éxito de estas medidas?
El liderazgo del Alcalde y de las administraciones locales, esto tiene una enorme importancia. Cada vez más, desde el punto de vista político, el tema de la seguridad otorga o quita votos. Tenemos un Presidente, Álvaro Uribe Vélez, con una popularidad de más del 78% a un año de finalizar su gobierno y lo que lo ha sostenido con ese alto nivel de popularidad es el tema de la seguridad. A los alcaldes de Bogotá se les recuerda más por el tema de seguridad que por otras cosas: a Antanas Mokus, Enrique Peñalosa y la segunda administración de Antanas Mokus, también. Tres administraciones que son reconocidas por su éxito en temas de seguridad. El liderazgo es muy importante. Los alcaldes coordinaron a todas las autoridades responsables de la seguridad y justicia.

En segundo lugar está el manejo adecuado de la información. Si no tenemos información clara, difícilmente sabemos qué vamos a atacar. Es sabido ya que es imprescindible conocer en detalle dónde, cuando, cómo, de qué manera suceden los hechos. Teníamos 4.352 homicidios ¿Qué hacía la Policía para enfrentar esto? salía, en una ciudad de ocho millones de habitantes, a cumplir turnos de vigilancia para reducir el homicidio; en una ciudad que tiene 1,600 barrios y sin información alguna. Con información es diferente. El 62% de los homicidios en Bogotá ocurren en 92 barrios. El 74% ocurre en la noche, de seis de la tarde a seis de la mañana. El 56%, ocurre de ocho de la noche a dos de la madrugada. El 48% ocurre en 26 barrios. Con esa información, la estrategia policial cambió. Para atacar el homicidio, hay que hacerlo en 26 barrios y no en 1,600. a ciegas.

Es lo mismo con el robo de automóviles. Ellos ocurren en determinados barrios, se roban más el carro cuya marca está en el servicio público, con más de cinco años de antigüedad, se roba más carros de color rojo. Por ejemplo, en el caso de hurto de motos, sabemos que es un delito que ocurre de día, se roban las motos de los mensajeros. En la noche, este tipo de delito baja.

El delito se comporta de una manera. Es importante conocer el actuar delictivo. La delincuencia tiene horarios, ellos estudian a la víctima, estudian al estado. Para eso sirve la información, la inteligencia. La investigación ya sea de organizaciones no gubernamentales especializadas como el Instituto de Defensa Legal en Lima, las universidades en mi país. Pero, dentro de la estructura del gobierno local, hay que crear unidades de investigación. Por ejemplo, hicimos un estudio sobre la carrera delincuencial con encuestas en donde analizamos los casos de cerca de 380 personas que estaban detenidas en la cárcel por diferentes delitos.

¿Cómo coordinan con la Policía, el sector salud, educación, justicia?
Es indispensable el trabajo interinstitucional. Una sola institución no puede lograr estos éxitos. Cada quien debe hacer lo que le corresponde y lo debe hacer de la mejor manera y coordinando. Por ejemplo, la Policía se desgasta sin éxito en cerrar un establecimiento cuando Bomberos lo puede cerrar más fácil por seguridad, o salud en relación al cierre de prostíbulos por razones de salubridad.

¿Qué organismo era el encargado de este trabajo interinstitucional, de esta coordinación?
Teníamos un Consejo de Seguridad liderado por el alcalde que se reunía hasta tres o cuatro veces al mes. Cuando uno se reúne, con las cabezas de las instituciones, de manera regular, se vuelven amigos, se establece una relación permanente. Hasta se logró, por la coordinación constante, una vocería de la ciudad para evitar que aparezcan dando declaraciones distintas autoridades, lo que genera desconcierto en la población. Ante hechos de terrorismo que se produjeron en Bogotá tuvimos una respuesta coordinada que aprendimos de Londres. Ustedes se habrán dado cuenta cómo entregan información allá. Trabajo coordinado y protocolos que se respetan. Eso ayuda mucho.

¿Nos puede describir la estructura administrativa dedicada a impulsar la política de seguridad desde la Municipalidad?
Consideramos que es fundamental que el acalde tenga un equipo, que cuente con una estructura de gobierno local ya que son diversas sus responsabilidades: en infraestructura, seguridad, salud, etc. Se requiere gente que conozca, especializada, de personas idóneas capaces de elaborar, por ejemplo, un Plan de Seguridad. En el caso de Bogotá, al inicio, quienes respondían por la seguridad eran el Alcalde Mayor, la Secretaría de Gobierno y el Consejero de Seguridad. A los dos años, creamos una estructura, eliminamos unos cargos que consideramos innecesarios y con esos puestos disponibles, sin aumentar burocracia, creamos una estructura administrativa para el manejo de la seguridad ciudadana y los temas de convivencia: el Alcalde, el Secretario de Gobierno, el Sub Secretario, Sistema de Información y tres direcciones, una de seguridad, una de derechos humanos y de apoyo a la justicia y la tercera, la dirección de la cárcel de Bogotá.

Y, qué apoyo recibió la Policía de ustedes para responder eficazmente a este reto?
Un policía en la calle, sólo y sin radio es solamente eso: un policía sólo y sin radio. Un policía sólo en la calle y con radio, es un policía con muchos apoyos. Es lo mismo con el tema de la movilidad; hay que estudiar qué tipo de movilidad requiere la Policía, dependiendo de la geografía, de las características territoriales. Los policías van a pedir camionetas cuatro por cuatro cuando lo que necesitan, para un trabajo específico, son motos o bicicletas. Hay cuatro elementos claves en tema de policía: comunicaciones, movilidad, infraestructura y capacitación del recurso humanos. En este último aspecto es importante destacar que la capacitación no es solamente para que ataque a la delincuencia sino para que sepa relacionarse con la gente, que trabaje cercanamente a la comunidad. Tiene que se un policía integral, capaz de atender un caso de violencia intra familiar y maltrato infantil con cierto profesionalismo, pero también es capaz de atender un asalto bancario. Para eso se debe formar. Tienen que saber obtener información y analizar bien su territorio.

Se habla cada vez más de la rendición de cuentas de a Policía, de la administración municipal en materia de seguridad ciudadana ¿Qué política impulsó la administración de Bogotá para rendir cuenta y dejarse supervisar por los ciudadanos y ciudadanas?

Si uno administra recursos públicos, debe rendir cuentas sobre estos recursos. Se trata de decirle a la ciudadanía, a nosotros nos entregaron ustedes la ciudad con tantos homicidios y delitos y nosotros hemos logrado reducirlos en esta magnitud. Las cifras deben decirse claramente. Los medios no tienen la culpa de la percepción de violencia. Hay que hablar claramente de los avances y también de los problemas. Si, mes a mes, entregamos cuentas, recuperaremos la credibilidad de la administración. Aquí es necesario que la empresa privada, la academia evalúen también a la administración. El periódico más importante del país, la Cámara de Comercio y una fundación se unieron para lanzar un programa “Bogota ¿cómo vamos?”. El sector privado era el que nos llamaba a rendir cuentas publicas de las metas y resultados en materia de seguridad ciudadana y convivencia. Evidentemente, la gente le cree más al sector privado que a la administración.

Por otro lado, mes a mes le decíamos a cada municipalidad, a cada Comandante ¿cómo les va? Cada trimestre evaluábamos el rendimiento de cada localidad en relación a los diez u once delitos más importantes de esa zona. Felicitábamos a unos y regañábamos a otros. Con todas estas medidas, aumentó la cantidad de denuncias y según las encuestas de victimización, aumentó también la percepción de seguridad.

En todas estas medidas de política, aún no nos ha hablado de la participación de la comunidad
A los ciudadanos no sólo hay que convocarlos a participar para que denuncien. No. La única forma en que la gente denuncie es entregando resultados en materia de seguridad. Sólo con confianza en que existen resultados, habrá denuncia. Uno se vuelve querido por lo que es, por el trabajo que realiza.

Con los ciudadanos trabajábamos organizándolos cuadra por cuadra en Frentes Locales de Seguridad que son organizaciones de vecinos que trabajan para el bienestar de la comunidad, en especial coordinando con las autoridades de policía la seguridad de sus barrios. En Bogotá hoy debe haber más de 7000 Frentes Locales de Seguridad

La cárcel de Bogotá
Nuestras cárceles tienen más frases que obras. Por ejemplo, “las cárceles son universidades de delito”. Eso es cierto, pero no hacemos nada. Son pocos los gobiernos que invierten. Todos los días vemos noticias de motines y muertos en Venezuela, Brasil, Guatemala, entre otros países. Desde las cárceles, los delincuentes siguen delinquiendo y éstas son gobernadas por los delincuentes. Hasta el año 1999 el Gobierno Nacional en Colombia no había hecho casi nada. La inversión, luego de casi treinta años de no haber hecho nada, es mucho más costosa. En Bogotá teníamos una cárcel de 1934, completamente abandonada, de 430 internos con 1,200. Se almacenan, de manera inadecuada, delincuentes y violencia. . Esas personas van a salir con mayor capacidad de violencia y delincuencia. Nuestra administración cambió esta situación y se empezó a invertir. En primer lugar, resolvimos el problema del hacinamiento creando otros lugares provisionales y, segundo empezamos a construir un cárcel nueva. Cambiaron totalmente las reglas de juego para los delincuentes, radicalmente. Ya no administraban negocio, ni luz, ni energía, ya no se levantaban ni dormían a la hora que querían. Con los delincuentes no se dialogan. A ellos se les respeta sus derechos humanos y se les da las condiciones más adecuadas. Ahora hay autoridad y control. Además, empezamos a trabajar con la dimensión afectiva y nos dio resultado. El delincuente, por más malo que sea tiene sentimientos. Cómo ampliar ese núcleo de afectos, la madre, el hijo, la amante. Yo no creía. Pero una religiosa americana y un ex convicto nos enseñaron a cambiar comportamientos al interior de la cárcel que redujeron sustancialmente la violencia al interior de la cárcel.

 

 
 
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