participación ciudadana, la prevención, larepresión y la rehabilitación deben estar presentes, con diversos grados de énfasis en todas esas etapas. La falta de sincronización y la disonancia entre cada uno de estos segmentos significa cuellos de botella asfixiantes y fugas hemorrágicas en los puntos de articulación. Resolverlos representaría un progreso inmediato en la lucha contra el delito.
Desarrollo de una doctrina en materia de seguridad ciudadana. Si bien la ley del Sistema Nacional de Seguridad Ciudadana da un marco de ideas y programas, estas no han tenido ni respaldo político, ni planeamiento, ni organización. Es decir, han tenido un impacto básicamente ceremonial. El desafío actual es llevar las verbosas estructuras burocráticas al examen del funcionamiento en los hechos.
Manejo de herramientas e indicadores confiables. La articulación de acción y de criterios y la estrategia coordinada deben ser medidas a través de herramientas confiables. Estas herramientas deben tener un carácter específico y ser sostenidas en el tiempo. Hay cuatro instrumentos que nos permiten tener una aproximación a la ocurrencia e impacto del delito en nuestro país. La primera de ellas es la información estadística proveniente de las diferentes instituciones del Estado que en muchos casos presenta problemas de confiabilidad. Las encuestas de victimización y percepción indagan oportunamente sobre la ocurrencia o la sensación del delito; y, por último, los observatorios de la criminalidad, espacios para la recopilación y análisis de la información proveniente de diversas fuentes. Hasta ahora, pese a esfuerzos recientes en este ámbito, las herramientas de diagnóstico y medición son claramente insuficientes.
Prevención de la violencia juvenil. Las municipalidades y las comisarías, actuando juntas donde sea posible, deben constituirse en uno de los centros principales para concentrar servicios y oportunidades para adolescentes y jóvenes, que complementen y mejoren lo que la educación pública ofrece. Actividades deportivas, recreativas, culturales, de participación comunitaria, de entrenamiento para el empleo pueden ser una forma realista y eficaz de prevenir la violencia juvenil brindando oportunidades y esperanza.
Diseño y planificación de espacios públicos. El ordenamiento de las ciudades está íntimamente ligada con la seguridad ciudadana. Un desarrollo armónico que tome en cuenta las características ambientales puede reducir de manera considerable las posibilidades de ser víctima de algún delito. La iluminación de las calles, el cercado de terrenos baldíos, la recuperación de calles y plazas para uso público son solo algunas de las acciones que se debería acometer.
Ordenamiento del transporte y el comercio ambulatorio. El caos en el transporte público tiene directa incidencia en la percepción de inseguridad. Los paraderos son escenarios ideales para los robos y arrebatos. Del mismo modo, el comercio ambulatorio desordenado no solo genera malestar y congestión sino propicia el delito menor. No hay duda de que esta es una tarea municipal que debe ir en consonancia con la planificación y ordenamiento de las ciudades.
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